viernes, 17 de mayo de 2019

LA REVOLUCIÓN DE IQUITOS, POLÍTICA Y DEPORTE.



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El 9 de setiembre el presidente Serrón recibió una carta, al parecer particular, pues no tenía sello ni membrete oficial de ninguna clase, de parte del Sr. Andrés Rodríguez Frías, entonces secretario de la Prefectura.
Decía
literalmente:

Iquitos, 9 de setiembre de 1,922.
Señor Don Ladislao Serrón.
Ciudad.-
Por encargo del señor general Prefecto, me es grato dirigirme a usted, manifestándole que en días pasados se ha recibido en esta Prefectura una circular de un club titulado “José Pardo”, firmada por Ud., y en la que comunica el cambio de la junta directiva.
No debe ocultarse a Ud., que en la época actual, en la que gobierna el país un régimen netamente democrático, contrario a la oligarquía pardista no puede aceptarse la existencia de un club o asociación, cualquiera que ella sea, que funcione ostentando como un reto al estado de cosas establecido, el titulo del jefe de una agrupación de hombres dañinos para el país y odiosos al patriótico gobierno que rige los destinos de la nación; mucho menos cuando como en el caso del club que Ud., preside, son perfectamente conocidas sus inclinaciones políticas, claramente demostradas durante el desgraciado movimiento subversivo de Loreto.
Es pues llegado el caso de que se sirva Ud. comunicar a los miembros del club de su presidencia, que el señor general Prefecto, no reconoce ni permitirá el funcionamiento de dicho club mientras no cambie el titulo que ostenta y que motiva la presente.
Atentamente.
Andrés Rodríguez Frías
Secretario de la Prefectura de Loreto.
 
La reacción que originó la antedicha carta fue insospechada. Serrón convocó a sesión de Asamblea General Extraordinaria a la que concurrieron 52 socios activos y los cuatro equipos de fútbol.
Si bien es cierto que muchos socios, entre ellos el mismo presidente Meneleo Meza, fueron simpatizantes de la causa revolucionaria, al igual que muchos de los otros clubes deportivos e instituciones locales, y una gran proporción de la población de Iquitos, esa simpatía fue puramente personal; y en ningún momento la brindaron en nombre del José Pardo.
El estandarte obsequiado por los oficiales de Regimiento Cazadores del Oriente Nº 17, sublevado por Cervantes, que había conquistado el José Pardo, y que se exhibía en el Salón de Actos del Club, era un trofeo que no tenia otro significado que el resultado de una victoriosa pugna deportiva; pero, su posesión fue interpretada en forma caprichosa y malintencionada, ya que no puede suponerse que hubo ignorancia de cómo se puso en lucha el indicado trofeo.
La realidad fue que el citado Rodrigues Frías, estaba influido por gente que intencionalmente tenía intención de hacer daño a determinados dirigentes del José Pardo, que en alguna forma habían intervenido en la revolución y por otra parte arrastrado por su servilismo y el afán de hacerse grato al régimen constituido, creyó que sería fácil someter a su capricho y humillar a la institución, dando así una prueba de su lealtad al gobierno, y de su prepotencia a la sociedad de Iquitos.
Dado el carácter del asunto la sesión pasó a ser secreta.
Intervinieron en el debate plenos de la más justa indignación todos los socios, y sus intervenciones reflejaron, no sólo el repudio a semejante abuso y demostración de prepotencia, sino el firme propósito de mantener el nombre que los unió durante 16 años en un esfuerzo que jamás tuvo ayuda extraña.
Al declararse en sesión secreta el vocal Juan Daniel Arévalo cerró las puertas y se mantuvo en actitud de vigilancia.
Sería largo dar el detalle de un debate que duró tres horas, que por ser importante merecería ser conocido. Nos limitaremos a sintetizar las intervenciones más saltantes.
Eduardo Noriega, uno de los primeros en hablar dijo: “Creo que no tenemos porque dar importancia a esa carta que dirige el secretario de la prefectura, pues este señor no tiene ninguna autoridad para hacerlo. Démosle por no recibida”.
José Antonio Rengifo dijo: “Considero que esa carta manifiesta una actitud hostil contra toda la juventud deportiva y es una amenaza que hiere la dignidad de quienes, como nosotros, sólo nos preocupamos de formar hombres sanos y fuertes para la defensa de la patria. Soy de opinión de no ceder a la imposición que entraña esa carta, de que el club cambie de nombre”.
Eduardo Noriega insistió: “El nombre que se le puso al club es sólo un reconocimiento a la obra del Dr. José Pardo en el departamento de Loreto; ahí está la Instrucción Elemental Obligatoria, las Escuelas Fiscales, la torre inalámbrica, que nos ha hecho mas fácil la comunicación con la capital, los cruceros Grau y Bolognesi, que son el orgullo de nuestra escuadra. Si se ha puesto su nombre a nuestro club no es porque sea político ni porque somos políticos. Seria la más negra ingratitud no reconocer esos beneficios y el más vil gesto de cobardía aceptar la imposición que se nos hace: de que cambiemos de nombre. Insisto en que no se debe tomar en consideración esa carta, pues, su sólo envío ya significa una ofensa a nuestra dignidad institucional”. 
El presidente Serrón admitió las razones de Eduardo Noriega: “Así es señor Noriega, pero, ateniéndonos al tenor de la carta y aunque sólo este firmada por Rodríguez Frías, en ella dice: “por encargo del señor Prefecto”  Esta pues claramente amparada la amenaza que encierra. Creo, por esto, que, aparte de tomar o no en consideración la carta, debemos estar preparados para cualquier emergencia y en salvaguarda de nuestros intereses institucionales y mi propia responsabilidad, hacer un inventario notarial de nuestros útiles, enseres y material deportivo”.
Juan Daniel Arévalo, desde su puesto de guardián de la puerta dijo: “Muy bien, señor presidente, pero, para que todos se den cuenta del abuso que se está cometiendo, pido que se de publicidad a la carta en los periódicos”.
Manuel Burga Soto habló: “Eso sería imposible señor presidente. No habría periódico que se atreviera a publicarla. Yo se bien como tipógrafo que sólo se publica lo que conviene a las autoridades”.
Juan B. Tuesta Quintana protestó: “Pero no vamos a quedarnos en silencio. Aunque no se publique en los periódicos, algo tenemos que hacer para defender nuestros pisoteados derechos”.
Jorge Noriega Rengifo, secretario de la Corte Superior de Loreto, con su voz reposada de relator dijo: “La carta del señor Frías hace cargos a la institución, por lo tanto lo conveniente es que se pase un oficio al señor Prefecto, haciéndole recordar,(porque él debe saberlo, pues ha sido socio honorario nuestro), que esta institución no es de carácter político, haciéndole conocer cual ha sido su labor deportiva en 16 años de vida; haciéndole saber que nunca recibió ni menos pidió ayuda alguna a ninguna autoridad; haciéndole saber que cuando la Patria necesitó defender sus fronteras, han sido los del Athletic los primeros en presentarse a los cuarteles en 1910…”
Fue interrumpido por una salva de aplausos.
Su hermano Eduardo más combativo, volvió a intervenir: “Yo no estoy de acuerdo con el señor Noriega en dirigirnos al Prefecto. Opino que debemos esperar a que los hechos se produzcan.  Que clausuren el club, por la fuerza si se atreven. No debemos dar ninguna explicación ni dirigir ningún oficio”.
José Antonio Rengifo salió en su apoyo: “Yo pienso como el señor Eduardo Noriega. Basta que se trate de una imposición para que sea hiriente y ofensiva. En consecuencia debemos demostrar firmeza y hacernos tenaces en la lucha. Que el público vea que la juventud del José Pardo no se inmuta con amenazas y jamás aceptará una humillación o un vejamen de naturaleza tal como el cambiar su nombre. Un nombre que día a día va ganando en gloria y prestigio”.
Jorge Noriega insistió: “Todo lo que dice el señor Rengifo está bien, pero según se desprende del tenor de la carta, el Prefecto no permitirá  el funcionamiento del club mientras no se le cambie el nombre, y tendremos que llegar, con seguridad, al doloroso caso de ver clausurada nuestra querida institución, porque jamás aceptaremos el cambio de nombre. Por esto es preferible que lo clausuremos por nuestra propia voluntad, tomando las precauciones recomendadas por el señor presidente, para no correr el riesgo de perder lo que hemos ganado en 16 años de lucha”.
El debate fue amplio y sereno. Los asambleístas, opinando en uno u otro sentido, llegaron por votación al acuerdo final:
1. Antes de quitar nada del nombre del club, esperar a que la autoridad consume el delito de clausurarlo por la fuerza.
2. Salvar las existencias, debiendo encargarse del archivo de la institución el presidente, de los premios y biblioteca el tesorero, de los muebles enseres y gimnasio el señor Ernesto Díaz, debiendo efectuarse esto, después de recibida la respuesta del oficio al Prefecto.
3. Se designó a la señora Rosa de Celis, esposa del tesorero, depositaria del terreno de propiedad del club, lo que se hará por Escritura Pública, reconociéndola como única propietaria.
4. La comisión encargada de redactar el oficio al Prefecto estaría compuesta por los señores Jorge Noriega, Ladislao Serrón y José Antonio Rengifo.
5. La comisión encargada de entregarlo personalmente por los señores Manuel A. Machado Neves, José Antonio Rengifo y Ernesto Díaz.
Al aprobarse estos acuerdos Alfonso Bartra hizo constar:
“Yo fui contrario a la declaración del receso institucional porque como hombres libres y honorables, estamos en pleno goce de nuestros derechos cívicos y hubiera preferido que el abuso de la fuerza se ensañara contra el club y contra nosotros, para resistir, no como una muestra de rebeldía sino como una demostración de firmeza; pero, como atleta disciplinado, acato la resolución de la mayoría y pido que al cerrar nuestras puertas sea izada nuestra bandera al tope y así se mantenga hasta que sean reconquistados nuestros derechos ultrajados. Nadie se atreverá a bajarla y ella será el centinela de nuestros invencibles ideales”.
El oficio estaba concebido en los siguientes términos:

Señor General Prefecto del Departamento.
El suscrito, en su carácter de presidente de esta Institución, ha recibido el día de ayer, del señor Andrés Rodríguez Frías, actual secretario de la Prefectura, una nota fechada el 9 de setiembre, cuya copia adjunto.
En vista de la expresada nota, la Junta General en sesión celebrada anoche, acordó que me dirija a Ud. para manifestarle, que si bien es cierto que esta institución lleva el nombre de José Pardo, también es cierto que el grupo de estudiantes que la fundaron en el año 1,906, niños en ese entonces, no tuvieron absolutamente en cuenta los visos políticos que investía ese señor. Ese grupo, ahora convertido en juventud consciente, con sanos propósitos de cooperar al desarrollo moral y material de este departamento y con él al engrandecimiento de la patria, continua sosteniendo esa feliz idea, no con miras políticas, sino como recuerdo a la era de progreso que ha iniciado la organización de la instrucción obligatoria y por mantener latente la gratitud de un pueblo, virtudes que forman la tradición nacional y ejemplo de las generaciones futuras.
En cuanto a las inclinaciones políticas que se nos quiere atribuir en la referida nota, sin entrar en ninguna clase de detalles, manifestaré a Ud., que ello es inexacto, porque de los reglamentos que nos rigen, los que también le adjunto, se informará Ud., de los fines para que se fundó esta institución: el desarrollo físico y moral de la juventud para transformarle en hombres capaces de defender la integridad nacional con la seguridad del éxito.
No creo demás expresar a Ud., señor General Prefecto, que durante los dieciséis años de existencia que tiene este Centro, se han sucedido periodos de gobierno, sin que hayamos merecido de ninguno de ellos la menor atención; prueba evidente de que la institución que presido nunca se ha ocupado de cosas ajenas a los fines para que se fundó.
Me permito también recordar a Ud., que muchas veces, cuando usted Coronel, asistía a las fiestas, que una alegre juventud, pletórica de esperanzas y libre de prejuicios de razón de estado, daba en su local y en los campos deportivos, nos felicitaba en todas ellas por nuestros triunfos, revelando su entusiasmo, por lo que tuvimos el honor de considerarlo como uno de nuestras socios honorarios; y no creemos que hoy, pasados mas de tres lustros, vea en la existencia de una institución netamente deportiva, “un reto al estado de cosas establecido”
Esperando que el presente oficio tenga el honor de merecer respuesta, ofrezco a Ud. las consideraciones de mi particular deferencia.
Dios guarde a usted,
Ladislao Serrón.

La comisión encargada de entregar el oficio evacuó el siguiente informe:

Señor Presidente del Athletic Club José Pardo.
Los que suscriben, socios activos del club etc. etc. manifiestan:
1. Que entrevistados con el señor General Álvarez, se le expresó el objeto de la visita y entregó el oficio y un ejemplar de nuestros estatutos, en que estaban marcados con rojo los artículos 1, 2, 4, 12, 13, 18, 21, 53, y el decreto que pone en vigencia los mencionados Estatutos.
2. Que tan luego vio el General Álvarez el sello del club en los Estatutos y sobre el oficio, con el nombre del Dr. José Pardo, devolvió ambas cosas, ofreciendo quedarse con el oficio para conservarlo en su archivo particular, pero sin dar respuesta y recordándonos que ya en otra ocasión manifestó que no acepta relaciones con el club por el nombre que tiene.
3. Que nos sugirió la conveniencia de cambiar de nombre al club, con lo cual, según él, tendríamos todo el apoyo oficial que necesitáramos.
4. Que reconoce que tenemos el derecho de asociarnos sin alterar el orden público, pero, dadas las actuales circunstancias políticas, lanzábamos un reto al gobierno sosteniendo el nombre de la persona que tanto daño hace al país.
5. Que el club no podrá tomar parte en fiestas públicas u oficiales a las que él asista, ni manifestaciones de ningún género, porque en el acto impedirá que se realicen las primeras y mandará disolver las otras. 
6. Que tampoco vería con agrado que estas gestiones se lleven a la prensa y que si tal sucediera nos desmentiría oficialmente.
Combatidas una por una todas las objeciones del general Álvarez, nos repitió que él no autorizaba ni facultaba nada y terminó suplicándonos que no se vuelva a molestarlo más con este mismo tema.
En conclusión nuestra misión ha sido cumplida, aunque sin el éxito que era de esperar y por tal motivo corresponde al club tomar la determinación que mas convenga a sus interesas.
Es cuanto tenemos que informar en cumplimiento de nuestro deber.
Iquitos, 16 de setiembre de 1,922
José Antonio Rengifo, Ernesto Díaz, Manuel A. Machado.

Teniendo en cuenta la acordado en sesión del 11 de setiembre la junta directiva declaró en receso el club y el mismo 16 de setiembre se envió una nota al Secretario de la Prefectura que decía:
 
Señor Secretario de la Prefectura.
Don Andrés Rodríguez Frías.
Ciudad.
Cumplo con comunicar a Ud., que el club de mi presidencia en sesión de Junta Directiva celebrada ayer acordó declarar en receso esta Institución. 
Esperando que la presente merezca respuesta soy de Ud., atto. y S. S.
L. Serrón.
 
Al día siguiente, 17 de setiembre, un oficial de Policía con dos guardias que en aquel tiempo eran llamados “cachacos”, procedió a pasar cal sobre el nombre del club que ostentaba la fachada.
Pero, en la misma noche un grupo de socios, capitaneados por Documet y Rosell Santolaya, mientras unos permanecían al acecho en ambas esquinas  otros se dispusieron a lavar la cal, que aun estaba fresca; pero, apenas iniciado el trabajo se desató una fuerte lluvia que se encargó de hacerlo, apareciendo en el nuevo día el nombre con más claridad aún que antes.
Juan Larrañaga, relojero, adicto al régimen, que tenía su establecimiento en el frente, al abrir sus puertas por la mañana se dio cuenta de la inutilidad del trabajo de los guardias e informó de inmediato a sus jefes. 

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Dos días después otra cuadrilla encabezada esta vez por el capitulero Froilán Piro Armas, en la noche, como avergonzados de su acción, empleó alquitrán para borrar el nombre.
Pero parecía estar de Dios que no tuvieran éxito. Un grupo de socios entre ellos Gustavo Peláez, Juan Daniel Arévalo, Manuel Burga Soto, Rosell Santolaya, recibieron el aviso, estando en una fiesta que hacía don Antonio Bardalez, pasada ya la medianoche.
Inmediatamente salieron y al llegar frente al local se dieron con la ingrata vista de una mancha negra en lugar del nombre del club. Ya se habían sumado al grupo, Documet, Leoncio Burga, Eduardo Noriega, y algunos más cuyos nombres no hemos podido conseguir.
Introduciéndose por la reja que entonces servía de puerta al gimnasio, extrajeron la escalera de trepar. En la casa de un carpintero vecino consiguieron un par de botellas de aguarrás y despedazando un pantalón que Eduardo Noriega guardaba en el gimnasio para utilizarlo en los ejercicios, procedieron a limpiar el alquitrán, haciendo turnos y vigilando las bocacalles para evitar sorpresas.
En aquel tiempo, Iquitos, pasadas las doce de la noche casi no era transitado, y en cuanto a vigilancia, mejor que hoy, sólo se oía de tiempo en tiempo el triste silbido de los pitos, que inmóviles los “cachacos” en cada cuatro o cinco esquinas para no dormirse, hacían sonar.  
No fueron pues interrumpidos nuestros héroes en la fatigosa tarea.
Al amanecer todos estaban sucios y la fachada limpia como si nada hubiera sucedido, pues, hasta se dieron maña, para que el negro de las letras quedara mas nítido aprovechando el mismo alquitrán que los esbirros de Piro Armas habían utilizado, y cal, que alguien proveyó.
Este nuevo contraste a los planes de borrar el nombre del club, parece que desalentó a los interesados en desaparecerlo, pues nada por el estilo volvió a intentar.
El 21 de setiembre de 1,922 el Dos de Mayo, en sesión presidida por Sebastián Castro López, acordó por unanimidad, ceder su local, para el desarrollo de todas sus actividades institucionales y, declaró a todos los socios del José Pardo Socios Honorarios del Dos de Mayo.
Este gesto de confraternidad deportiva, que ponía de relieve la nobleza de sentimientos de los dirigentes y socios del Dos de Mayo, era la mejor prueba de que por encima de las mezquinas diferencias personales y la rivalidad y pugna que a veces llegaba al campo institucional, afloraba incontenible y en el momento propicio la lealtad y nobleza que son características del deportista.
En el acta de protesta suscrita por todos los socios, al declarar en receso el club, se comprometían a “guardar íntegros los sentimientos de compañerismo y amor institucional, demostrados en el pago en privado de las cuotas mensuales, para que al reabrirlo el día que las libertades constitucionales brillaran se dedicaran con más ahínco al fomento del deporte”, y hacían constar que “jamás solicitaron ni menos recibieron por influencias políticas apoyo alguno, desarrollando sus actividades sólo a expensas de los esfuerzos de los asociados, que siempre tuvieron a mengua pedir algo a los poderes públicos”.
Se designó al capitán Arístides Pachas, delegado especial ante el Supremo Gobierno, para que personalmente gestionara ante el Presidente Augusto B. Leguía la reapertura del club. Pachas aceptó la designación titulándola “honrosa” y manifestando que no omitiría esfuerzo alguno para llevarlo a feliz término.
Una comisión redactó un folleto que se tituló “EXPOSICION QUE EL ATHLETIC CLUB JOSE PARDO DE IQUITOS HACE A LA JUVENTUD DEPORTIVA DEL PERU”, texto en el que se hacía historia documentada de todos los acontecimientos y estaba firmado por todos los miembros de la directiva. 

Fuente: https://pacarmondixit.blogspot.com/2009/10/recordando-la-historia.html



martes, 30 de abril de 2019

ANTONIO WONG RENGIFO


Artículo periodístico de Pacarmón
Publicado en el diario “Impreso” Iquitos-Perú, columna “El clamor de la barra” original s/f

Lejos de esta tierra (el autor se refiere a Iquitos-Perú), una mañana, las ondas de una radioemisora, en su monótono informativo, hizo llegar a mis oídos la infausta noticia del fallecimiento de Antonio Wong Rengifo… luego, estudiadas frases de elogio a su personalidad y en simulado sentimentalismo el realce de su vida  y su obra.
Al sentir la puñalada del dolor, mi pensamiento voló a la última vez que lo vi, sentado en su lecho, inclinada la cabeza sobre sus brazos que descansaban en una silla; buscando comodidad para su fatigado cuerpo, lacerado por el maldito mal que le consumía; buscando en la música suave de un disco de su predilección, el olvido a su dolor, luchando por la reconquista de esa salud, que hizo de él en otro tiempo, uno de los paladines del deporte…
Todo había sido inútil. De nada sirvió su tesonera voluntad, su empeñoso esfuerzo, su luchador carácter…Cual moderno gladiador cayó vencido en plena lucha, por una fuerza que nadie puede dominar. Muy pronto, cuando aun faltaba mucho por recorrer, cuando todavía en su mente bullían nuevos planes y proyectos. El ciego destino le negó el paso y la nada cortó su senda…
Incomprensible que se ensañara con quien siempre dio más que lo que había recibido de la vida, y todo había conquistado por su empeño y su visión.
Porque Antonio Wong fue siempre un luchador victorioso; un artista innato; un soñador en la grandeza de su selva y en el colorido de sus paisajes; un cantor que se inspiró en el rumor de la brisa, en el fulgor de sus aguas, en el rugir de sus tempestades, en el sol canicular de su Loreto…
Niño aun, en la Plaza 28 de julio, pedaleaba en su bicicleta por las noches y arrancaba a su armónica las notas musicales de la época, causando la admiración de los mayores, por hacer ambas cosas a la vez y con tanta maestría.
Después fue el acordeón, luego el piano en autodidáctico proceso, y por último nos dio el regalo más preciado de nuestra música regional: “Bajo el sol de Loreto”, cuya melodía tiene de autóctono, clásico y criollo, como todas sus otras composiciones que no llegaron a igualarla. Pero, en todas ellas ha dejado impresas  su exquisita sensibilidad y su inquieta vocación musical, que hizo de él un artista de la naturaleza.
Por eso, filmó tantos motivos de la selva; paisajes crepusculares, que parecían ofrecérsele como doncellas en holocausto, sólo para él…

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Y su nombre remontó el ande imponente, y cruzó el mar, y sus películas llegaron hasta la meca del cine, llevando el mensaje glorioso de su selva; sus costumbres y misterios que sólo para él se descubrían…
En el deporte, Antonio Wong también fue un predestinado. Desde los equipos infantiles vistió la celeste del José Pardo y la defendió hasta el sacrificio.
Me honra decir que el trío defensivo del segundo equipo, allá por el año 1925, estaba constituido por Antonio Wong en la portería y Carlos Picón y yo en la defensa, y en ese puesto siguió brillantemente hasta 1927, cuando en un memorable partido, jugándose el 29 de julio, por primera vez en el Estadio Augusto B. Leguía, el último por el campeonato de dicho año, el delantero Perea del Dos de Mayo, en una infortunada jugada le rompió la clavícula contra uno de los parantes…
Antonio se había casado el día antes…
Pero, su naturaleza de hierro triunfó y no le amilanó el contraste. Repuesto de la lesión, meses después, empezó a jugar en la delantera, y lo hizo tan bien, que en 1935 formó parte de la selección, que por primera vez disputó en Lima un campeonato nacional…
Ha sido, Antonio Wong, un hombre de toda actividad y en todas ellas ha triunfado, pero su sencillez jamás buscó publicidad ni elogios; jamás mentó su esfuerzo ni sus triunfos y sólo el convencimiento tácito de los demás, le reconoció-antes íntimamente y hoy públicamente-el valor de su obra, de su vida y sus acciones; labor fructífera en beneficio de esta tierra, que hoy le guarda en su seno con amor de madre, y cuyas maravillas llevó al conocimiento de todo el mundo.

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Antonio Wong, el artista, el amigo sencillo, el de la amplia sonrisa y los brazos acogedores, el hombre de empresa, el deportista, tiene un puesto de privilegio entre los hombres del Amazonas. Su nombre ya está grabado, no sólo en el recuerdo de quienes lo apreciamos en vida y lloramos al perderlo; sino de aquellos, que a través de sus obras apreciaron su personalidad y admiraron su arte.
Si sentimos su inevitable pérdida, nos enorgullece el haber sido amigos suyos y en el recuerdo que le guardamos le ofrecemos el homenaje de admiración y afecto que supo conquistar con sus virtudes…
Antonio Wong ha cumplido su tarea, para nosotros, para su tierra, para su patria…


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domingo, 28 de abril de 2019

LA REVOLUCIÓN DE IQUITOS. (Loreto-Perú)


Gobernaba el Perú Augusto B. Leguía, quien pocos años más tarde regalaría arteramente a Colombia una gran extensión de territorio amazónico.

Transcribo para los lectores un Habeas Corpus de época tan aciaga, tomado del libro “La Revolución de Iquitos” (Loreto-Perú) de Samuel Torres Videla. Tipografía España-Pará-Brasil 1922.



(Copia de un recurso de Habeas Corpus)

“Señor Presidente de la Corte Superior de Loreto.
“Los suscritos y suscritas, vecinos de esta ciudad, a Ud. con todo respeto decimos: que, de conformidad con el artículo 7º de la Ley Nº 2223 sobre liquidación de prisiones preventivas y de acuerdo con las disposiciones contenidas en la nueva Constitución Política del Estado sobre garantías individuales, interponemos recurso de Habeas Corpus contra el Prefecto de este Departamento, el Sub-prefecto del Cercado, el Mayor de Guardias, el Alcalde o Presidente de la Junta de Notables de esta provincia, el inspector de policía de la Municipalidad y el jefe de la cuadrilla municipal.
Aprovechando del incidente personal ocurrido en el vapor “Estefita” entre el señor Emilio Wesche y el abogado don Rosendo Badani en la tarde del 27 de este mes, los expresados funcionarios y empleados están consumando desde ese día los atentados más inconcebibles contra los pacíficos y laboriosos habitantes de esta ciudad, especialmente contra el elemento loretano sin distinción de sexo ni de edad. Unidos y de común acuerdo, los inspectores de policía y los peones de la cuadrilla municipal penetran a cualquier hora en los domicilios y después de maltratar a las personas que en ellos habitan los toman y conducen presos a la Sub-prefectura donde sin darles  explicación alguna se les sume en los calabozos, incomunicándolos y privándolos en lo absoluto de todo alimento por veinticuatro o más horas, y anegando previamente de agua tales calabozos. Así se ha procedido con don José Cruz Hidalgo, don Mamerto Ramírez, don Juan Rojas Torres, don Trinidad Amasifuén, el menor Julio Teco, Pedro Macedo, don Julio Ríos, don Jorge Jarama, don Simón Ramírez, don José Navarro, don Andrés Panduro, don Augustín M. Teixeira, don Resurrección Díaz, don Alfonso Navarro Cauper, don Vicente Cornejo, don José Saboya, don José Reyes Flores, don Jorge Navarro, don Zacarías Fernández, don Miguel Puerta, don Manuel Ríos, don Ernesto Bernales, doña Dolores Noriega por dos veces, doña Francisca de Pezo, Rosalía Jiménez, Dolores Sánchez, Margarita Pérez, Matilde Chumbe y su madre; y otras muchas personas de cuyo nombre no nos acordamos por el momento; y, además, se encuentran en la condición de perseguidos don Juan Olórtegui Villacorta, don César Alván, don Manuel Ríos, don Pedro Gardín, don Estanislao Naupari y otros.
Contra las citadas personas no ha existido, ni existe, motivo alguno legal para que se les haya extraído violando sus domicilios y se les haya privado de su libertad en forma tan atentatoria, así como también no hay causa para que se persiga a las otras mencionadas al final, pues el artículo 6º de la expresada  Ley Nº 2223, dice a la letra: “Salvo casos de flagrante delito, nadie podrá ser privado de su libertad, sino por causa de juzgamiento o de aplicación de pena. En razón de la primera de estas causas las autoridades encargadas de cuidar el orden público podrán arrestar, con el objeto de conducirlo ante el Juez respectivo”.
Desde la noche del 27 de este mes están al corriente y son sabedores el señor Prefecto y el señor Alcalde o Presidente de la Junta de Notables de todos los atentados que se han cometido y se cometen contra el pueblo pacífico e indefenso por los inspectores y soldados del cuerpo de policía y por la cuadrilla municipal de la baja policía, a las ordenes de su jefe; y muy lejos de impedir tales atentados, día a día los estimulan en forma más odiosa y grave.-
Por tanto:
A Ud. Suplicamos, se sirva admitir el presente recurso, sustanciarlo y oportunamente declararlo fundado imponiendo a los culpables las penas a las que se han hecho acreedores.
Otrosí decimos: que, por no existir ya en esta ciudad más de cuatro abogados, que son los doctores Velazco, Ramírez del Villar, Morey y Burga Cisneros, no lleva este escrito autorización o firma de letrado, de conformidad con el artículo 140º de la Ley Orgánica del Poder Judicial.
Otrosí decimos: que se ha de servir Ud. señor Presidente, ordenar que el Subprefecto de esta provincia eleve al Superior Tribunal copia certificada de la lista de las personas contra las que ha dictado orden de detención y la cual lista se encuentra pegada en la puerta de la prevención de la Subprefectura.

Iquitos, 30 de enero de 1920

(firmado) F.E. Reategui.-Neptalí López.-Vicente Cornejo.-P.A. Gardín.-Israel Vela Dávila.-David A. Mestanza.-Pedro Villacorta.-César Alván.-Enrique G. Villacorta.-Felipe B. Arbildo.-Manuel A. Pinedo.-E.L. Zumaeta.-M. Puerta.-B. Ríos.-Antonio D. Bardales.-Manuel Octavio Villarán.-S. Vela.”


martes, 9 de abril de 2019

LA MUJER EN EL DEPORTE LORETANO.

El clima de entusiasmo que reinaba por las actividades deportivas se hizo contagioso en la mujer loretana. Sólo faltaba alguien que diera la voz y todas concurrirían prestas y animosas.

Y ocurrió el hecho. …Rosa Palestini hacía poco había llegado de Italia. Pintaba vistosos paisajes, cantaba preciosas canciones italianas y…bailaba los aires de moda. Vivía en la calle Arica 778. Desde luego Rosita hizo amistad con muchas chicas entre las que se encontraba Emilia Beuzeville, las Augustini, las Edery, y hablando-hablando, que eso es lo que mejor hacen las mujeres, hizo conocer en sus tertulias la noticia de cómo la mujer ya practicaba el deporte en Italia. Las amigas se entusiasmaron y un día, que se hizo memorable-el 8 de junio de 1926-un grupo de 16 chicas, lo más granado de la juventud femenina, presentó una moción en el Athletic Club José Pardo, solicitando la creación de una sección femenina para practicar el deporte. Los nombres de las chicas están en el orden en que firmaron la moción: Emilia Beuzeville, Rosa Palestini, Luisa Palestini, Eduarda Augustini, Mercedes Augustini, Mary Edery, Sara Edery, Elvira Edery , Consuelo Edery, Luz Angélica Velásquez, Sara Mutín, Isaura García, Andrea Rocha, y María Luisa Camino.

                                                       Rosa Palestini, salta 1.25 mts.

El Athletic bajo la presidencia de Emilio Berger, aceptó con gran beneplácito la iniciativa, y de inmediato se nombró una comisión para formular los reglamentos y los instructores que habrían de hacerse cargo de la preparación de las noveles deportistas. Se alquiló por S/. 13 mensuales la cancha llamada “El bembón” para las prácticas y ejercicios.
En el curso de los días siguientes se inscribieron:
Dolores Cisneros, Flor de María Mori, Juana López, Juana Terrones, Rosaura Marrache, Blanca Catter, Ernestina Catter, Teresa Catter, Margarita Henderson, Juana Ferreira, Bertha Moses, Mercedes Mariache, Zoila Valdivia, Ofelia Elespuru, Delicia Dellepiani, Josefa Vásquez, Victoria Lozano, María Prieto, Marina Prieto, Herlinda Sánchez, Augusta del Águila, Rosaura Vásquez, Inés Cerrel, y otros nombres que se nos escapan.


Equipo femenino AC José Pardo. 1926

Casi simultáneamente, el Club Loreto creó también su sección femenina. Una chiquilla de 14 años, cuyo corazón sólo latía por el rojo y blanco del Loreto, fue la gestora de la formación de dicha sección: Asteria del Águila, y quienes la acompañaron fueron: María Brígida Nascimento, Julia Montero, Rosa Montero, Feliciana Fachín, Encarnación Dávila, Adolfina Page, Carmen Ruiz, María Rion, Adela Braizat, Luzmila Perea, Etelvina Perea, Ángela Araujo, Sara Emilia Osambela, Manuela Ruiz, Mercedes Araujo, Aurora López, Teresa Montero, Adalguisa Mattos, Consuelo Mattos, e Isabel Rengifo.
Lo mismo ocurrió en el Dos de Mayo, donde Mercedes García y María Luisa del Castillo, dos chicas cuya ilusión era el albiverde del uniforme del club, reunieron lo que más tarde habría de ser uno de los primeros equipos femeninos que jugó fútbol en el Perú. Además de García y del Castillo estaban Hilda Rivera, Delia Vargas, Florentina Vargas, Selfa Vargas, Rosa Vargas, Esther Chacón, Emma Sánchez, Ernestina Tafur, Carmen Rojas, Cecilia Ramírez y muchas más cuyos nombres se nos perdieron.
Pero nunca faltan detractores o personas que creen saber mucho y se sienten o erigen en jueces o críticos a falta de otro medio de darse importancia. Así, sucedió que en un periodiquito, cuyo director responsable o mejor dicho dueño era una escritora o periodista de nombre Nina de Flores, hizo una crítica del deporte que practicaban las chicas y entre otras pocas alentadoras apreciaciones las acusaba de snobismo. Ni las chicas ni el público muy sensatamente le hizo caso y continuaron con sus prácticas y su público.
En atletismo las secciones femeninas lograron marcas que para ser las primeras fueron notables. Las que destacaron: en 80 metros planos Rosa Palestini puso 12 segundos, Adela Braizat marcó 4.17 metros en salto largo, Josefa Vásquez Córdova en salto alto pasó la varilla a 1.25 metros. Mercedes García del Dos de Mayo marcó 15.4 segundos en 100 metros adjudicándose un trofeo, seguida de Delicia Dellepiani del Athletic y Adolfina Page del Loreto. En lanzamiento de bala Adela Braizat puso 7.42 metros, Ernestina Catter del Athletic 7.11 metros y Rosa Fonseca también del Athletic 7.04 metros. En salto triple Adela Braizat saltó 8.44 metros, Delicia Dellepiani 8.22metros.


                                                      Prácticas atléticas femeninas.

Fuente: https://pacarmondixit.blogspot.com


martes, 19 de febrero de 2019

PARA VER EN EL TEATRO UNIVERSITARIO DE SAN MARCOS.

Todos los sábados de febrero y marzo, 7 p.m.
Hermanos enemigos

Apta para mayores de 14 años.
La obra de ficción se divide en dos actos y narra los desencuentros de Alejandro Vilca, general del Ejército peruano,

 y sus hijos: Rogelio, Esteban y Marco. En medio de una crisis nacional producto de un golpe de Estado, el gral. Vilca y sus aliados militares planean un derrocamiento y la toma de la presidencia del país. Entre sus hijos, solo Esteban heredó la vena militar: Rogelio lidera un movimiento estudiantil y popular, mientras que Marco ejerce la vida sacerdotal.

 La actitud contestataria y antimilitarista de Rogelio colisiona con la ambición de su padre, lo que producirá un enfrentamiento de diversos frentes a donde los otros hermanos son también arrastrados, convirtiéndose en enemigos. Un clima de crisis social y levantamientos civiles influye directamente en esta relación familiar, en la que cada miembro será descrito según sus actitudes, lealtades, sufrimientos y decisiones.

Nota: Todos los personajes de la obra son de ficción, ninguno corresponde a la realidad.
Sobre el autor: El Dr. Humberto Napurí Jordán es dramaturgo y psiquiatra por la UNMSM. Ganó el Premio Nacional de Teatro en 1958.



Fue director del Teatro Universitario de San Marcos en 1956, gestión recordada por su ardua dedicación al engrandecimiento de las artes escénicas en la Decana de América. Autor de diversas obras, presenta esta propuesta teatral luego de un primer montaje en 2017 junto al elenco actoral del TUSM, año en el que presentó la obra Nina.


Dirección: Augusto Cáceres Álvarez. Actúa: Elenco del TUSM. Duración: 120 minutos.
fuente: http://centrocultural.unmsm.edu.pe

domingo, 13 de enero de 2019

LA SELVA EN LA GUERRA CON CHILE.


 A punto de cumplir 138 años de la Batalla de Miraflores del 15 de enero de 1881, es bueno recordar la gesta de muchos amazónicos que a marchas forzadas vinieran desde los más recóndito parajes a defender a la patria amenazada por el voraz invasor.



                                                                Foto:  DR


Distancias y aislamiento que entonces separaba a la selva del escenario de la guerra de conquista chilena contra Perú y Bolivia, declarada el 5 de abril de 1879, no melló en absoluto el espíritu patriótico de la población selvática. Al primer toque de clarines de guerra, numerosos jóvenes se vuelcan a las calles pidiendo incorporarse a las filas del ejército; mientras la población en general, en un gran despliegue de profundo sentimiento patriótico, no regatea con sus óbolos voluntarios, para la adquisición de armas y pertrechos.
En Tarapoto, el 20 de junio de 1 880, el gobernador del distrito, en atención a una nota oficial recibida de la subprefectura de Moyobamba, transcribiendo un oficio del Prefecto y Comandante General del Departamento, prepara y remite un contingente de 80 hombres destinados para la guerra con Chile.. El documento oficial decía: "Esta subprefectura ha recibido orden terminante del señor Prefecto y Comandante General del Departamento, para remitirlo inmediatamente 150 hombres que formarán el resto del contingente destinado a la guerra, quienes deben partir con destino a la Capital del Departamento, el día 25 del momento mes y en consecuencia ordeno a Ud. que tan pronto reciba esta comunicación, proceda a reunir el número de 80 hombres que toca suministrar al distrito de su mando con la mayor puntualidad".

El 24 de setiembre de 1 879, en una gran cruzada en pro de la patria agredida, se logra recolectar 623 soles y 20 centavos, entre los pueblos de Tarapoto y Chazuta, para ser destinados al pago del empréstito que el país se había visto forzado a realizar para la defensa nacional. El llamado de la patria violentada y agredida, por un vecino ambicioso y expansionista, no tarda entonces en llegar tramontando elevadas cordilleras envueltas de grandes mantos de hielo. La Amazonía hasta entonces solamente se vinculaba con el resto del país, a través de largas, escabrosas y empinadas trochas que rompían las cordilleras por el lado sur, vía Ucayali - Pichis y por el norte Moyobamba - Chiclayo. La otra vía, era el Amazonas, Atlántico y Pacífico. Todas significaban muchas semanas y hasta meses de penosas travesías.
Chile desde hacían más de diez años venía preparándose para la guerra; mientras en el Perú, ajenos a esa realidad, políticos, caudillos y sectores de los mandos militares, se disputaban agriamente el poder político. El país, vivía en permanentes revueltas y alzamientos militares y civiles, trayendo consigo nuestra inestabilidad política y económica. Durante ese lapso, Chile se arma, adiestra y tecnifica su ejército. Adquiere una poderosísima flota marítima, formada principalmente por dos acorazados fabricados entre 1874 y 1875, con equipos de potente artillería y dos corbetas suficientemente dotadas de armas y tres cañoneras. Su poderío era tan grande, que, solamente un acorazado, tenía mayor capacidad de fuego, mayor a toda la que tenía junta nuestra marina. En la preparación de su ejército, habían puesto mayor interés en su artillería. Dotados de modernos cañones de campaña Krupp y Armstrong y también de piezas Gatling y Nordenfelt.
Mientras los cañones nuestros, habían sido anticuadamente diseñados y fabricados toscamente en las factorías de Lima, La infantería enemiga tenía armamentos uniformes y buenos. Modernos fusiles, principalmente Comblain; a diferencia a los del Perú que carecían de uniformidad y de armas de infantería. Predominaban los fusiles Martini - Peabody. Bolivia, supuestamente nuestro aliado, tenía su infantería mucho peor. Arcaicos fusiles de pedernal y no más de 1 500 carabinas winchester. En caballería, el vecino del sur, poseía armamentos más homogéneos: sables y rifles winchester. En los nuestros había una diversidad, aunque predominaban rifles winchester.
Los chilenos hasta se habían provisto en sus mandos, no solamente de oficiales ingleses y alemanes, sino que a sus principales cuadros los habían enviado a recibir entrenamiento y formación en Europa; mientras en su país, habían organizado academias especializadas con instructores europeos, De ahí que entre sus mandos aparecen los apellidos Condell, Cox, Christie, Edwards, Leighton, Linch, Macpherson, Prat, Rogers, Simpson, Smith, Somper, Stephens, Thomson, Walker, Warner, Williams, Wilson y Wood.
Los nuestros, solamente tenían entrenamientos adquiridos en las guerras y alzamientos internos. Marchaban al frente de batalla pobremente apertrechada y hasta mal vestidos. Ropas y zapatos parecidos a pobres limosneros. Las fuerzas bolivianas mucho peor. En su mayoría no llevaban ni siquiera zapatos viejos. Los gobernantes, caudillos militares y civiles, andaban enfrascados en fratricidas revueltas. Unos, por conservar el poder o perpetuarse. Otros, por derribar al gobernante de turno. Pobre Perú. Pero, no todos fueron así. Hubo grandes personajes civiles y militares, que se sacrificaron con mucho patriotismo en las horas más aciagas de la patria: Grau, Bolognesi, Ugarte, entre ellos muchos loretanos también. 
Los toques de cornetas, clarines y tambores de la patria, resonaron hasta los confines de los bosques amazónicos, convocando a sus hijos a defenderla. La patria estaba siendo ferozmente agredida, y herida. Por punas y por encima de las escarpadas cordilleras, tramontan voces de llamamiento, que ponen en alerta viril a sus juventudes. Hay un gran despertar patriótico en todos los sectores y edades. Aflora el pundonor y coraje guerrero de sus ancestros. De los que en la selva, por siglos resistieron y combatieron la invasión española.
En menos de tres meses de iniciada la guerra, tal vez, antes de otros departamentos más cercanos al escenario, desde Loreto capital Moyobamba, marcha sobre Lima, una primera columna volante de 140 jóvenes, comandados por el Sargento Mayor don Marcelino del Castillo, segundo jefe Sargento Mayor Elías Albán y tercero, el de igual grado don Enrique Pardo. Entonces gobernaba el Perú, desde el 4 de agosto de 1876, el huanuqueño general Mariano Ignacio Prado y debería concluir su mandato en diciembre de 1879. Prado en medio de la guerra decide salir del país justificando que iba a comprar armamentos. Fue duramente cuestionada su inoportuna salida del país.

Mientras nuestros soldados morían en los campos de guerra y los chilenos inconteniblemente avanzaban hacia Lima; los caudillos seguían disputándose el poder. En medio de la tormenta, en diciembre de aquel año, asume el poder el general Luis de La Puerta. Sin embargo, el 27 del mismo mes, es obligado a dimitir y asume la presidencia el camanejo Nicolás de Piérola. Su mandato se prolonga hasta el 15 de enero de 1881 y es reemplazado por el arequipeño doctor Francisco García Calderón, que asume el 11 de marzo y deja el poder el 6 de noviembre del mismo año, cuando es apresado y deportado a Chile. En su reemplazo asciende al poder, el piurano, Contralmirante Lizardo Montero, cuyo mandato concluye el 9 de octubre de 1883.
 
En tanto eso ocurría, la primera columna selvática "Guardia de Honor" llegaba a Lima, después de 1,500 kilómetros de caminata. Habían transcurrido tres meses de iniciada la guerra. Se integran a uno de los batallones que se preparaba para salir al frente de las operaciones bélicas. En esos intermedios, la columna "charapa", Guardia de Honor, el 21 de diciembre de 1879, en la calle Trapitos y Plaza de la Inquisición - Bolívar - tiene el honor de intervenir en el develamiento de un nuevo intento de golpe contra el gobierno legalmente constituido. Peleando allí, entre peruanos, mueren varios de nuestros soldados loretanos. En mayo de 1880, con el nombre de Batallón Cazadores de Piérola, sale otro contingente de 600 hombres. 
El 26 de mayo de 1880, en Moyobamba, el Prefecto y Comandante General de Loreto, don David Arévalo Villacis, hace público un documento dirigido a la población sanmartinense que decía: Atendiendo: 1.- A que la provincia de Moyobamba, ha contribuido con el contingente de hombres que se le ha designado para la formación del Batallón Cazadores de Píerola No.2, por cuyo motivo merece las consideraciones y gratitud de esta Prefectura y Comandancia General. 2.- Que habiendo marchado ya el expresado batallón, ha desaparecido la causa de los infundados temores que alejó a muchos de sus hogares.
DECLARO: Que todo los hijos de esta provincia, que permanecen aún ocultos, pueden regresar al seno de sus familiares y dedicarse libremente a sus ocupaciones ordinarias, con la seguridad de que no serán enrolados en el ejército activo, salvo el caso, de que las emergencias de la guerra, en que se encuentra empeñada la república, exijan un nuevo sacrificio a esta Provincia. El Subprefecto del cercado queda encargado de hacer publicar por bando, esta declaración, en los pueblos de su mando, para que llegue a conocimiento de todos los habitantes de ellos. Moyobamba Mayo 26 de 1880. Firmado David Arévalo Villacis"
Cuando el Batallón Cazadores de Piérola, llega a Chiclayo comandado por el coronel provisional Daniel Bardales Arévalo, segundo jefe, teniente coronel, Doroteo Arévalo Villacis y tercero, sargento mayor Otoniel Melena, no encuentran nave que los trasladara a Lima, por lo que se ven obligados a continuar a pie el recorrido. Por todo el litoral de los departamentos de La Libertad, Ancash y Lima. El Perú, para eso, ya había perdido toda su escuadra. En Lima, integrados al batallón comandado por el coronel Miguel Iglesias participan heroicamente en la batalla de Chorrillos.
Más tarde, un tercer batallón de 500 hombres, que se preparaba para partir a órdenes del coronel Alfredo Coret es disuelto. Había llegado la fatal noticia de los desastres sufridos en las batallas de San Juan, Chorrillos y Miraflores. Equivocadamente las autoridades al parecer creyeron que ya nada había que hacer. El gran problema para la región era la distancia. Las informaciones no solamente llegaban muy retrasadas, sino hasta distorsionadas. Chile había invadido Lima con furia y venganza. 
En la selva se han dado muchos e interesantes casos de patriotismo, durante la guerra con Chile, a pesar de las distancias y faltas de medios de comunicación: pundonor, valor, coraje y renunciamiento a la vida por la patria, que la historia regional debe recordarla siempre, para que sirva de permanente ejemplo a las generaciones del presente y del futuro. Un joven francés de nombre Pedro Dugué que había llegado a Iquitos de secretario del Marquez de Tilly, Conde Tourón, en circunstancias que un batallón de voluntarios, al mando de Miguel Noriega, se embarcaba con destino al frente de guerra, se presenta y pide ser incorporado en las fuerzas loretanas. Quiero enrolarme en las fuerzas loretanas para ir a defender al Perú. Dijo en su castellano aprendiz al jefe del batallón. El joven francés, peleando heroicamente con el grado de sargento, entregó su vida en la batalla de Miraflores,
El riojano don Francisco del Castillo, con los años cargados y la salud quebrantada, embargado de profunda emoción patriótica y expresando su pesar de no poder hacerlo personalmente, se presenta al jefe del batallón Cazadores de Piérola, mientras la tropa disciplinadamente se preparaba en la Plaza de Armas de Rioja, para partir hacia Lima, y dice, "vengo a pedir el enrolamiento de mis dos únicos mellizos: Tomás y Faustino para que vayan a defender la patria, Yo, por mi salud y los años que tengo encima, no lo puedo hacer a pesar mío" recalcó al oficial jefe del batallón.. Los dos hermanos murieron el 15 de enero de 1881, combatiendo en la batalla de Miraflores.

                                                        
                                                       Foto: DR
 
Setecientos cuarenta hombres debidamente registrados habían aportado la Amazonía para la guerra del Pacífico. Son numerosos los que envueltos entre los paños del bicolor nacional dejaron regada su sangre y huesos en los campos de batalla, formando el batallón de los soldados desconocidos. 
El 25 de mayo de 1880, el moyobambino Guardia Marina Emilio J. San Martín, en el combate del Callao, entre los buques chilenos "Guacolda y Janequeo" y la peruana "Independencia", comandada por el teniente de marina don José Gálvez, el marino loretano legó a la posteridad ejemplo de coraje y pundonor. La Independencia por efectos de un torpedo, empezaba a hundirse y José Gálvez gravemente herido, seguía dirigiendo el combate. El loretano en esas circunstancias que se hundía su buque, estudia y ensaya cuidadosamente los hilos eléctricos y en un arrojo de valentía y coraje, frío e imperturbable, prepara su revólver y dispara sobre el torpedo de cien libras de dinamita que llevaba su nave. 
Las dos naves contrincantes, peruana y chilena, mortalmente averiadas, comienzan a ser tragadas por el Pacífico, mientras su olas se batían, en señal de bienvenida a los valientes soldados peruanos que entregaban su vida por el honor de la patria. Allí se hallaba también el practicante de medicina Manuel S. Ugarte. Todos ruedan a los abismos del mar en apuesta y atrevida acción. En minutos, el inmenso océano se convertía en digno sepulcro de tan valerosos hombres, entre ellos el guardia marina loretano.
Francisco Vásquez, joven adolescente de 17 años y huérfano de padre. Era de Moyobamba. Aprovecha las tinieblas de la noche y fuga de su casa. Momentos antes, una columna había partido de Moyobamba con dirección a Rioja, en tránsito hacia Lima. Eran las ocho y sin más provisiones que una alforja vacía sobre los hombros y desnudos los pies, apresuradamente toma el camino y da alcance a la tropa. Pide integrarse y marcha con destino a la guerra. Meses después, también ofrenda su vida en la batalla de Miraflores. Una bomba enemiga lo había destrozado su cráneo, sin embargo tuvo tiempo antes de expirar para decir: !Viva el Perú, Viva Loreto carajo!
 
                                                         Foto  DR


En la batalla de San Juan, ofrendan su vida entre otros loretanos, el teniente de artillería Adolfo Gómez Montalván y el de infantería de ejército Julio Bellido. En la batalla de San Francisco los sargentos primeros, Agustín Matute, Santos Rengifo y Juan B. Jaña. En la batalla de Tarapacá - 27 de noviembre - el subteniente del batallón Puno No. 6, Fructuoso Hernández y los sargentos primeros, José Reyes Beltrán, Francisco y Manuel Díaz, ambos de la Escuela de Clases. En Miraflores, los oficiales Pablo Montalván y Enrique Guerra. De Lamas, en la batalla de San Juan: Juan de la Mata Sandoval y José Nicolás Gómez y Pérez. En Miraflores, los soldados Abel Trigoso y Abrahám Saldaña. En diversas batallas los soldados Jesús Vásquez, Juan José Rengifo, Manuel Lozano, Juan de Dios Tuesta y Juan de Dios Ruiz.
De Morales, provincia San Martín, los soldados Hildefonso Dávila y Liberato Arévalo. En Miraflores Abel Arévalo. Del Ucayali, en la batalla del Campo de la Alianza, el soldado Carlos Herrera. De Iquitos, en Miraflores, los soldados Francisco Eladio Manzanares y Pedro Torres. De Saposoa, en San Francisco, los soldados Santos Rengifo y Santiago Silva. En San Juan, Abelino Rengifo. De Yurimaguas, en Miraflores: Espíritu Salinas y en San Juan, el soldado Pedro Toreros.
De Moyobamba, en el combate naval del Callao, el Guardia Marina Emilio J.S. San Martín. En el Campo de la Alianza, el teniente Julio César Cárdenas. En San Francisco, Agustín Matute, Pedro Rengifo, Cosme Damián Rengifo, Felipe Rengifo, Federico Estrella, Juan de Mata Valera y Manuel Muñoz. En Tarapacá, Francisco Fachín y Francisco Díaz. En San Juan, el teniente Julio Bellido y los soldados Adolfo Gómez Montalván, Fernando Rengifo y Biviano Perea. En Miraflores, el subteniente Francisco Milliari, Pablo Montalván, Juan Bardales, Francisco Charpentier, Enrique Guerra, José Mercedes Rengifo, Martín López, Francisco Vásquez y Salmón Mesía.
En diversos combates: Toribio Ochoa, Tomás Mejía, Francisco Peña, Eugenio Olórtegui, Pasión Sánchez, Francisco Arévalo, Carlos Petroviz, José del Carmen Rodríguez, Antonio Mori, Juan José Vargas, Santiago Vela, Juan Guerra, Esteban del Aguila Rengifo, Juan José Alvarez. De Soritor, Isaac Noriega y de Calzada, Anselmo Navarro.
De Rioja, en la batalla de Tarapacá, el subteniente Fructuoso Hernández, Emiliano Castillo, Tomás Castillo y José Reyes Beltrán. En San Juan, Julián Rodríguez, Fernando Sánchez, Bonifacio Rodríguez y Nicolás Reátegui. En Miraflores: los soldados Froilán Portocarrero y Gregorio Maldonado. En diversos combates, Eleodoro Mozombite, Inocente Hidalgo, Pedro C. Valera, David y Miguel Moncada, José Teronco y Teodoro Guerra. De Tarapoto, en San Francisco, los soldados Juan B. Jaña y Juan Rengifo. En diversos combate, los soldados Nicolás del Aguila, Dionicio Angulo, Domingo Arévalo, José de la Paz Sánchez Alonso, Juan Arévalo y Melchor Rubio.

El 9 de agosto de 1905, la Sociedad Unión Loretana, presidida por Leonardo Velázquez, autorizados por el Alcalde Cáceres, levanta en Iquitos, un monumento destinado a perennizar y honrar la memoria de los héroes amazónicos caídos en la infausta guerra del Pacifico.