viernes, 9 de marzo de 2018

Hidrovía amazónica


¿Malos cálculos u otro cuento como la Interoceánica?
Alberto Chirif



Fuente: proyectosapp.pe

Pocas veces un proyecto público ha recibido un rechazo tan unánime, y proveniente de sectores muy distintos, como el de la Hidrovía amazónica: empresarios de la navegación fluvial, ambientalistas y organizaciones indígenas, cada uno con sus propias razones. Los primeros, por el sobrecosto que supondrá el pago de un peaje exagerado para navegar por ríos que ahora son libres; los segundos, por los impactos sobre el medioambiente que tendrá una iniciativa que juega con el fuego que constituye el comportamiento imprevisible de los ríos amazónicos; y los indígenas, por los impactos sobre su economía y bienestar que tendrán los estragos ambientales, y también sobre el mundo de sus creencias que norman sus relaciones con los ríos y las cochas, donde habitan los seres espirituales que protegen esos lugares y las especies que los habitan. Y que no venga ahora el expresidente Alan García, o alguien que se le parezca –algo difícil pero no imposible-, a decir que “se trata de ideologías absurdas, panteístas [,,,] de fórmulas primitivas de religiosidad [...que dicen] no toques ese cerro porque es un apu y está lleno de espíritus milenarios [...] no toques esos peces porque son criaturas de dios y son expresión del dios Poseidón”.
Dijo esto (de manera más extensa y absurda que la que ahora resumo) antes de ordenar el ataque a los piquetes indígenas que bloqueaban la “Curva del Diablo”, en la carretera a Bagua, en protesta por leyes abusivas que había dado, un acontecimiento que causó la muerte de 33 personas y la desaparición de una. Respecto a otra creencia “primitiva”, la de quienes creen que el medio ambiente es un santuario porque allí viven las almas de sus muertos, dijo que “las almas de los antepasados están en el Paraíso”, así con mayúscula. Resulta entonces que el expresidente cree en las almas, esencias solo aceptables por acto de fe como los espíritus, con la diferencia que para los indígenas estos ocupan el muy concreto hábitat subacuático, mientras que la ubicación del Paraíso nadie lo ha podido precisar. A juzgar por la devoción que en un momento demostró cargando las andas del señor de los Milagros, cree además en el Cristo negro que nunca existió y que es solo sincera expresión de la religiosidad de la población afrodescendientes del Perú. Como católico que aparenta ser (su rostro compungido ha sido fotografiado varias veces durante la misa), cree también en la concepción de María sin intervención de varón (es dogma de la Iglesia), en la resurrección de la carne el día del Juicio Final, en la vida eterna para los justos y la condenación perpetua para quienes no lo son y así, en fin, en una serie de acontecimientos extraordinarios, como los innumerables milagros realizados por Nuestro Señor y algunos de los santos, que han curado enfermos, resucitado muertos, vuelto videntes a los ciegos y caminantes a los cojos. La gran diferencia entre las creencias de los indígenas y las del expresidente es que mientras a ellos les sirven para actuar en consecuencia y respetar los ríos, las cochas y los peces, en el caso del expresidente, a juzgar por los destapes que salen cada día a la luz (antes, durante y después de Odebrecht) no parecen haber influido en su comportamiento.

En estas páginas, me propongo realizar algunas reflexiones respecto al proyecto de la Hidrovía, sobre lo cual me he documentado mediante lecturas; entrevistas, una larga a don Francisco Confesor Lachos, presidente de la Asociación de Armadores Fluviales de Loreto, y varias breves a autoridades que me pidieron guardar reserva sobre sus nombres y el de las instituciones en las que trabajan, y a un tripulante de una nave de pasajeros; y asistencia al “taller informativo” realizado por las empresas Cohidro y ECSA, en la localidad de Caballococha, capital de la provincia de Ramón Castilla (bajo Amazonas), el pasado domingo 25de febrero.
Como información general debo referirme a la profunda desconfianza que manifiesta la gente respecto al proyecto. Por varias razones. El momento actual no es ciertamente para confiar en las autoridades. Para no repetir a don Manuel González Prada, digo que ahora la mugre aflora por todos lados. Adendas, pagos bajo la mesa, obras que no se terminan y que si se terminan no sirven para los fines declarados porque fueron solo una mentira para contratarlas. Pero es además motivo de desconfianza la procedencia de la empresa: China. Y no le falta razón a la gente que tiene fresco el proyecto de alcantarillado y “planta de tratamiento” de Iquitos, que debía permitir separar las aguas servidas de las de lluvia, obra contratada con una empresa china. En esto se fueron 800 millones de soles. No solo la planta no funciona, sino que la tierra de las zanjas cavadas en las calles para colocar los tubos (muchos de los cuales, según luego se ha comprado, ni siquiera están conectados al colector central) fue mal compactada, lo que ha hecho que las pistas se hundan. En fin, una millonada solo para destruir la ciudad. 
Como señalo más adelante, la empresa y el Estado están manejando justificaciones poco sólidas o abiertamente demagógicas para impulsar la obra y pasar por alto el alto riesgo que implica manipular los cauces de ríos amazónicos que tienen un comportamiento y una fuerza en nada parecido a los europeos, donde sí se han construido canales y con mucho éxito.
Comenzaré este texto con la entrevista a don Confesor Lachos que, a mi juicio, es contundente por los cuestionamientos que le hace al proyecto desde el punto de vista económico. Él menciona que la empresa Cohidro ha señalado que cobrará a las naves de más de tres toneladas, un peaje de US$ 1.69 por unidad de “arqueo bruto”. Sobre esto hay muchas confusiones que quiero aclarar ahora. Un breve texto titulado “¿Qué es el arqueo de una nave?” (https://revistamarina.cl/revistas/2012/3/araya.pdf), escrito por el capitán de fragata Gonzalo Araya Gajardo (no se específica de qué país), comienza señalando que “las malas traducciones han contribuido a confusiones”. Así, dice el autor, Gross Tonnage, “se ha traducido como tonelada bruta. Esto es errado. “La “confusión radica en el traspaso de la lengua inglesa a la española de la palabra “tonnage”, la que al igual que las palabras “ton o tonne” han sido traducidas como “tonelada”. Sin embargo, el arqueo no es una medida de peso, sino de volumen y por tanto se expresa en metros cúbicos. En resumen, el arqueo bruto es la capacidad de carga de una nave medida en metros cúbicos y es independiente al hecho que, efectivamente, la embarcación navegue con dicha carga. Para decirlo de manera más directa, cargada o no la nave tiene el mismo arqueo bruto. 

Ahora sí.

La voz de los armadores navieros
En Iquitos, en su oficina de la calle Arica, don Confesor Francisco Lachos, presidente de la Asociación de Armadores Navieros de Loreto, me recibe amablemente para conversar sobre su posición y la de su gremio sobre la Hidrovía. Celendino de nacimiento, shilico como se los llama en Loreto, salió de su tierra natal en Cajamarca siendo muy pequeño, aunque primero estuvo en Tarapoto, donde tiene algunas propiedades. A Iquitos llegó hace 20 años. Ahora es dueño de tres embarcaciones de carga y pasajeros.
El proyecto de Hidrovía incluye obras para mejorar la navegación desde Pucallpa, en el Ucayali, Yurimaguas, en el Huallaga, y Saramiriza, en el Marañón, hasta Iquitos, y desde este puerto hasta la Santa Rosa, en la frontera con Brasil y Colombia. Se trata de casi 2700 kilómetros, en los cuales se ha previsto dragar trece malos pasos del río, tres en el Marañón, seis en el Huallaga y cuatro en el Ucayali. La iniciativa también incluye mantener un sistema de información georeferenciada para las embarcaciones sobre estado del río, sus niveles del agua y otras cuestiones. Por estas mejoras los armadores de las grandes lanchas de pasajeros, de chatas de carga e incluso de pequeños botes de madera de tres toneladas para arriba, tendrán que realizar el pago de un peaje, de manera proporcionar a su “arqueo bruto”. El proyecto no incluye la mejora de puertos ni embarcaderos.
La Asociación de Armadores Navieros es una institución nueva, con poco más de un año de vida. Antes hubo otras organizaciones–me dice don Confesor Lachos-, pero desaparecieron porque había dinero y los empresarios no veían la necesidad de asociarse. Ahora es diferente porque no hay movimiento económico en la región a raíz de la caída de la explotación de petróleo y de madera. Los empresarios tienen que hacer malabares para llenar una embarcación. La principal carga que transportan las naves está constituida por productos alimenticios: papa, cebolla, ajos, leche, aceite y otros, que constituyen un 70% del volumen total. Un 20% son materiales de construcción, principalmente fierro y cemento, y un 10%, cerveza. Eso traemos de Yurimaguas y de Pucallpa, pero de acá para allá las naves van vacías. A veces hay maderita, otras no hay nada. No hay carga industrial porque en Iquitos no hay industrias. De Iquitos hacia la frontera llevamos pasajeros, pequeños bultos de la gente que vive en las riberas y carga para los pequeños mercados.
Ahora las naves viajan menos y demoran más en salir. De acá para salir tienes que mirar si hay una carguita, una cosita. Te vas a Pucallpa o Yurimaguas, y allá tienes que esperar para que la gente mande sus cargas y poder bajar. Antes faltaban embarcaciones. Porque había plata todo el mundo consumía. Ahora se mueven por la comida, que es lo principal, y la cuestión del cemento por los políticos que ofrecen una cosa, otra cosa.
En la Asociación existen unas 900 embarcaciones registradas que dan trabajo a más de 15 000 personas de manera directa o indirecta. Agrupa a los dueños de las naves de carga y de pasajeros. También están en ella los estibadores, los tripulantes y la asociación de transportistas terrestres que sacan la carga de las naves en camiones. La carga se mueve en naves especiales, como son las chatas empujadas por remolcadores, y también en las mismas embarcaciones de pasajeros. Muy pocas, unas ocho,  transportan combustible porque las empresas tienen chatas  propias. En promedio, las naves cargan unas 1000 ton. De 500 a 1000 son la mayoría. Hay unas dos que cargan 2000. Salvo las chatas, las embarcaciones llevan pasajeros, unos 200, y sus cargas: racimos de plátanos, paneros de yuca, pescado seco, frutas y otras cosas.
Hemos unido a los armadores para defender sus derechos y eliminar las trabas burocráticas que ponen la Dirección General de Capitanías y Guardacostas [Dicapi] y la Asociación Portuaria Nacional [APN]. Ahora hemos chocado con la Hidrovía porque es algo no necesario. Es algo entre el ministro de Transporte y Comunicaciones y las compañías para que haya una situación de negocio y luego castigarnos a nosotros con un cobro de 1.69 dólares por “aqueo bruto” [AB]. Una embarcación con capacidad de AB de 1200 debe pagar 2400 dólares para salir de Pucallpa, y al llegar a Iquitos, otro tanto, y asimismo para regresar. Cuatro veces debe pagar, lo que llega a 4800 dólares en total. Cuatro veces. ¡Imagínese cuánto es! Pagarán los de 13 AB que son esos botecitos de madera de unas tres toneladas. De Iquitos a Santa Rosa, aguas abajo, van a pagar su salida, su llegada allá, y otra vez su salida y su llegada a Iquitos. Cuatro veces. Es un abuso de las autoridades. ¿Cómo van a cobrar? Ponen su Dicapi allá, control de la marina. Si pagas sales, si no, no. Ya está. Fácil. Acá casi todas las naves tienen 1000 o 1200 AB. Una embarcación de 800 AB, ¿cuánto va a pagar?, 1600 dólares la salida, otros tantos la llegada e igual el retorno. ¡Cuatro veces!  Una embarcación de 1270 AB que tengo yo, va a pagar 8123 dólares por vuelta completa, lleve carga o no. ¿Quién va a pagar? ¡Nadie! El mercado no va a aguantar. La protesta es por eso, por ese abuso.
 El peaje que ponen es altísimo sin tener qué cargar. Nadie va a navegar. El objetivo principal es que los barcos brasileños tengan salida hasta el puerto de Paita [en el Pacífico] para que vayan a la China llevando su aceite de soya y a nosotros dejarnos abandonados. Nosotros no le vamos a pagar el peaje para que los brasileños pasen felices y los chinos nos quieran agarrar de tontitos. Nuestras aguas deben ser respetadas. Son los únicos medios de comunicación que tenemos en nuestra Amazonía. No queremos que nadie se encargue de malograr la actividad fluvial en nuestra Amazonia.
¿Y el impacto ambiental molestando a los  peces? Una vez que tocas el fondo empieza a desbordarse. No habrá playas, tampoco peces. Las cochas van a empezar a escurrir y poco a poco, se van a secar. El agua es viva. El río tiene su recorrido. ¡Así! [dibuja imaginariamente los meandros]. Cada lugar almacena alimento para los peces. En todo el río hay peces. Pero al dragar eso va a quedar como el Mississippi, ya no hay vida, no hay peces, no hay nada. Su mercado de los ribereños, el mercado de los pucallpinos, de los yurimagüinos, de todos, en peces va a desaparecer. Al no haber playa ya no sembrarán [la agroforestería familiar se desarrolla sobre todo en los barreales, es decir, en los suelos limosos que dejan los ríos luego de la vaciante]. Sus productos, los que viven en la ribera y viven de su productito de su maíz, su frejol, su soya, sus sandías, todo, ya no habrá. Entonces, ¿qué van a hacer? Van a quedar abandonados, sin mercado. Es su vida de ellos. ¡Y cuántos miles de años esa gente vive en las riberas!

Fuente: elcomercio.pe


Los canales varían. Un día están por acá y otro viene una creciente y se va por otro lado, y las dragas van a estar corriendo, yendo a malograr el otro lado. Eso los prácticos lo conocen muy bien, por su experiencia y por haber nacido acá. Ellos saben por dónde van los canales durante el año.
O sea simplemente el gobierno, por hacer una cosa ilegal que el pueblo no necesita, está haciendo este proyecto. Nosotros navegamos todo el año, hay tres meses que hay un  poquito de dificultad, pero nunca se ha dejado de navegar de noche y de día. Tres meses hay vaciante en el río: junio, julio y agosto. Esos tres meses se navega con tres cuartos de carga. La que carga 1500 toneladas carga 1000 y listo. Es el antojo del gobierno y las autoridades que están corruptas. Quieren hacer un negocio para apropiarse del dinero del Estado y del dinero de nosotros.
Hay pocos encallamiento. Poquititos. Con reducir un porcentaje de la carga, normal se navega todo el año y las 24 horas, día y noche. Dicen que van a dragar 13 puntos. ¡Qué son 13 puntos a lo largo de ríos de diferentes longitudes que tenemos! No es nada. ¿Para qué? Para que se lleven los 27 millones de dólares que ya le dieron a los chinos de Cohidro. Esa plata se necesitaba para hacer colegios, hospitales, para darles luz, agua y desagüe a esos pueblos que viven en la oscuridad, viven abandonados, No tienen nada, un desagüe, agua, no tiene educación.
La Hidrovía se ha olvidado de los puertos. Nosotros reclamamos que hagan puertos formales que den la facilidad. Ahora hay “puertos” informales que no reúnen condiciones, que funcionan empíricamente desde hace años y no pasa nada. Que el gobierno dé ayuda a esos puertos dejándose de regalar dinero a otros países, a compañías extranjeras.
Por obligación estamos llegando a Enapu [Empresa Nacional de Puertos], pero es un puerto que opera mal porque sus pontones están rotos y dan mal servicio. Corremos riesgos. Están deteriorados porque tienen muchos años. Hemos presentado una denuncia, pero anda lenta. Tarda mucho solucionar los problemas. El gobierno central, los ministros deben venir. ¡Señores, tienen tanto tiempo para que hagan los arreglos y composturas! ¡Y listo! El muelle es muy pequeño. Allí acoderan unas diez lanchas diarias, y hay veinte que quieren descargar. Las otras tienen que esperar en medio del río. Si descargan en otro sitio no les dan el “reintegro tributario” [régimen especial vigente en Loreto], lo pierden. Entones esperan. Cuando se desocupa espacio, pasan. Esto perjudica a la economía del transportista. Es el único puerto autorizado, Se piensa en el puerto Henry, pero todavía no funciona. No tenemos más que Enapu como puerto autorizado para embarque y desembarque. No hay dinero para mejorar puertos y embarcaderos, pero sí para que regalen a los chinos para que hagan la Hidrovía.

Consideraciones finales
Los ríos son sin duda la principal vía de comunicación por las selvas de Ucayali y Loreto. Sin embargo, la navegación se ve limitada año a año por la colmatación de los cauces fluviales causada por la deforestación de las riberas. Millones de toneladas son lavadas por las lluvias y van a parar en los lechos de los ríos. Si el proceso continúa, como es previsible, dado que el Estado impulsa con irracional entusiasmo las plantaciones agroforestales, los problemas continuarán y serán cada vez más graves.

Pero no es solo este el problema que enfrenta la navegación fluvial, que a fin de cuenta se superan –como bien señala don Confesor Lachos- reduciendo la carga durante los meses de vaciante o adecuando las naves  los ríos, como han sugerido algunas personas, Marc Dourojeanni entre ellas. Ahora la autorización de zarpe es responsabilidad de la Autoridad Portuaria Nacional (APN) y no sé cómo está funcionando. Antes lo daba la Capitanía de Puertos que para este fin tenía asignada a una sola persona para todos los “puertos” de Iquitos. Eran siete en total y solo uno era formal, el de Enapu, con las limitaciones ya antes señaladas. Los demás son “puertos” porque en ellos uno se trepa a las naves (como puede), pasando por estrechos tablones sobre aguas putrefactas, lo que más parece una estrategia de entrenamiento como malabarista en la cuerda floja. La persona que autorizaba el zarpe era requerida por todos. Para “animarla” a atender su lancha, el patrón le alcanzaba un billete a la disimulada, es decir, la coimeaba. Por la borda, los tripulantes de las naves se prestaban los radios y extinguidores exigidos como requisitos para el zarpe cuando el inspector las abordaba. No puedo decir que esto continúe ahora con la APN, pero así era hasta hace una década.
Los naufragios –que los hay- tienen que ver con las malas condiciones de algunas embarcaciones o con el hecho de haber sido sobrecargadas. Este año, en el río Itaya, a las puertas de Iquitos, una chata se partió por la mitad durante las labores de desestibe de bolsas de cemento desde una lancha. Varios accidentes se han producido por causas similares en los años recientes. Ninguno de estos se soluciona con el dragado sino poniendo orden.
Ante el pedido al representante de Cohidro en el taller de Caballococha para que mostrara el registro de encallamientos de las naves en los ríos que se quieren dragar, contestó que “el Ministerio de Transportes y Comunicaciones ha realizado infinidad de estudios” sobre la navegación, pero no mostró ningún registro, ni siquiera un cuadro resumen que diera cuenta de estas ocurrencias. Preguntado don Confesor Lachos sobre el tema, señaló que nunca ha encallado una nave de sus afiliados y que resuelven las dificultades durante la vaciante reduciendo la carga en un 25%. Un tripulante y un ejecutivo de una empresa de navegación, me dieron una respuesta similar: nunca han encallado.
El representando puso otras veces en evidencia su desconocimiento sobre la navegación en Loreto. Señaló que uno de los problemas eran las “quirumas” que existían en el río. En realidad, quiso referirse a los árboles que, al desbarrancarse las riberas por la fuerza de las aguas, van a parar al lecho fluvial, porque quiruma (de kiru, diente en quechua) son los tocones que quedan en el campo después de talar el bosque para establecer una chacra. Dijo que naves especiales cargarían estos árboles (mal llamados quirumas) para picarlas a bordo y convertirlos en chips. No sabían aún qué hacer con esos chips. ¿Qué tal usarlos como abono?, preguntó un asistente al taller. ¡Excelente idea!, contesto el representante, agradecido en su fuero interno porque lo habían sacado de un apuro.
Sobre la infraestructura portuaria, dijo también que había muchos proyectos el MTC para construir nuevos puertos y embarcaderos, sin precisar cuándo ni explicar por qué se optaba primero por el dragado que por la construcción de aquellos. Como ofreciéndole seguridad a la concurrencia del buen sistema que prestará la empresa, dijo que la idea es separar la carga de los pasajeros, a fin de que las naves que se dediquen al transporte de la primera no lleven a los segundos. Si bien la gente no comentó nada al respecto, la propuesta debe haberle parecido absurda. En Loreto y en Ucayali no hay grandes cosechas de plátanos, yucas, frutas u otros productos agrarios. Las chacras de la gente, que abastecen el consumo de estos alimentos de la población regional, urbana y rural, se producen en pequeñas chacras de ribereños e indígenas, y son ellos mismos quienes los llevan a vender a la ciudad, al tiempo que aprovechan el viaje para realizar algún trámite o atención de salud. Que las naves de turismo prohíban llevar esos productos, o chanchos y gallinas, es comprensible, pero el día que las otras embarcaciones lo hagan, se traerán abajo la economía de estos productores. Que ese transporte se puede mejorar, claro, pero no así. 
 ¿Qué beneficios tendrá la Hidrovía para nosotros?, preguntaron varios asistentes al taller que procedían de comunidades ribereñas. Mejorarán los servicios de salud y educación, respondió el representante de la empresa. Esto porque durante el proceso de consulta previa para dar luz verde al estudio de impacto ambiental (EIA), los concurrentes lograron que el Estado acordase hacer inversiones en esos campos. Suena lamentable que lo que son derechos de la población, como son los servicios de calidad de educación y salud, sean ahora negociados como “beneficios” de una obra improvisada.
Fuente: elcomercio.pe


Pero tal vez la perla de la exposición del representante de la empresa haya sido decir, al parecer para tranquilizar a la audiencia sobre posibles impactos ambientales, que solo se dragarán 38 cm del fondo fluvial, que es lo necesario para alcanzar los ocho pies de profundidad que requieren las embarcaciones para navegar durante todo el año. Una especie de rasurado superficial que reduce el tamaño de la barba pero deja esa sombra que, al parecer, les encanta a algunos actores de cine y a sus seguidoras. ¿Y qué pasará con los millones de toneladas de tierra que los ríos transportan año a año durante la creciente? Bueno, habrá que hacer una limpieza anual, pero el dragado se efectuará una sola vez.
Los millones de metros cúbicos que se obtendrán del dragado, a decir del representante, se colocarán en algún lugar del mismo río, no en las orillas para no afectarlas. ¿Y qué pasará cuando ocurra la próxima creciente? ¿Dónde irá a parar esa tierra? ¿O es que se supone que permanecerá ahí, quietecita, para no causar problemas al medioambiente ni tampoco a la empresa? ¿Y qué pasará con el crudo y los aceites derramados durante casi 50 años de actividad petrolera en el Pastaza, Corrientes y Tigre, fondeadas mediante precipitantes químicos como estrategia de “descontaminación”, residuos que el Marañón, como gran colector, guarda en su lecho? ¿Qué pasara cuando esa contaminación se reactive y entre nuevamente en la cadena alimentaria? Nadie lo sabe ni quiere imaginar.
Frente a tanta barbaridad me queda una pregunta final: ¿es este proyecto solo expresión de buenos deseos –mejorar la navegación por los ríos- pero formulados sin ningún conocimiento de la dinámica de los ríos ni de la situación económica y social de la Amazonía o es, en cambio, al igual que la Interoceánica Sur, una iniciativa cuya finalidad es ella misma y los dineros que se gastarán para satisfacer la expectativa de empresas y la voracidad de funcionarios que serán compensados bajo la mesa?

La pregunta queda pendiente.


miércoles, 7 de febrero de 2018

La maloca de Rubén

Como siempre nuestro buen amigo y mejor antropólogo Alberto Chirif nos hace llegar un reportaje con importante información sobre los avatares del paisano indígena amazónico, un peruano más que debería ser escuchado con atención porque constituye parte de la sabiduría de nuestra nación, en formación.

La maloca de Rubén

Alberto Chirif

El 9 de diciembre del año pasado, a unos dos kilómetros del centro poblado El Estrecho ubicado en la margen derecha del río Putumayo, se celebró el día central de la fiesta de  inauguración de la maloca edificada por Rubén Medina, un joven de origen huitoto que trabaja desde hace unos años en la recuperación de la memoria tradicional de su pueblo. Es una hermosa construcción, amplia y con el techo muy alto. Por sus dimensiones y buen acabado considero que es la mejor que he visto en los años que conozco la zona. Los preparativos de la fiesta habían comenzado hacía meses con la convocatoria a los invitados y la asignación de las tareas que cada quien debía cumplir para hacer posible su celebración. Durante los últimos tres días, Rubén Medina, como dueño de maloca, con un pequeño grupo de allegados reflexionaron en reuniones en el cocal sobre el significado de la fiesta que iba a realizarse.
Rubén Medina es una de esas personas que ha redescubierto su identidad en condiciones por demás complicadas. A las dificultades que implica asumirse como indígena en un país racista como el Perú, se ha sumado el hecho de sus orígenes multiétnicos. Su padre es kukama y su madre, murui, una variante de la lengua huitoto. Por el lado materno, su abuelo era murui y su abuela maijuna, pueblo del tronco lingüístico Tucano Occidental. Actualmente, Rubén estudia la lengua y cultura murui para poder desempeñar a cabalidad su condición de jefe de maloca, la gran casa que para los Huitoto y otros pueblos representa el centro ceremonial de reflexión y transmisión de la palabra de los ancestros. Para este fin, Rubén se trasladó hace unos años de Iquitos a El Estrecho, capital del distrito de Putumayo, en la frontera norte del Perú. 
Sin embargo, asumir el rol de dueño de maloca sin haber heredado la “palabra tradicional de su padre” (los conocimientos) le quitaría legitimidad, por ser algo que no se ajusta a las normas de su cultura. Al igual que muchos huitotos y personas de sociedades que siguen patrones culturales similares para la construcción de malocas y celebración de fiestas, se ha visto obligado a apelar a mecanismos que transgreden las normas tradicionales. Es una paradoja que las personas deban infringir las normas para recuperar su propia cultura.                              
Sobre este y otros temas he conversado con mi colega Jorge Gasché quien desde hace 50 años está dedicado al estudio de la lengua y la cultura de los Huitoto y a la devolución de esos conocimientos a jóvenes de ese origen que, como Rubén Medina, los han perdido por los brutales trastornos generados en su sociedad desde la época de explotación del caucho. Él ha publicado un artículo sobre el hábitat huitoto, en el cual describe también la arquitectura, los valores simbólicos y los espacios de la maloca.
Señala Gasché: Es una iniciativa muy importante, sobre todo porque Rubén Medina sabe que no sabe. Para realizarla él ha traído un conocedor de Colombia que le va a enseñar, a fin de que él pueda cumplir cabalmente con todas las tareas, palabras, cantos, etc. que pertenecen a la inauguración de la maloca.

Sobre esto y el significado de la maloca regreso más adelante.

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El Estrecho ha sido siempre el centro urbano más poblado del Putumayo peruano, el rio que marca la frontera noreste del Perú con Colombia desde 1922, cuando ambos países suscribieron el Tratado Salomón-Lozano. Hasta el 5 de mayo de 2014, El Estrecho fue uno de los distritos de la provincia de Maynas. En esa fecha fue declarado capital de la nueva provincia de Putumayo. Desde entonces, la asignación de mayores fondos por parte del gobierno ha generado algunos cambios, a mi juicio no todos positivos. Entre los que sí lo son está la creación de una oficina de migraciones, lo que hace que viajeros procedentes de Colombia o Ecuador puedan legalizar de inmediato su ingreso al país. 
Los cambios que considero negativos son lamentablemente los más visibles. Uno de ellos es la expansión irracional de obras de ingeniería que solo valorizan el cemento y no dejan ni una maceta de área verde. Es el caso de varias calles de El Estrecho que han sido pavimentadas sin dejar espacio para árboles ni plantas; o de la Plaza de Armas, en la cual unas inútiles columnas se levantan hasta cuatro metros del suelo, al parecer con la única intención de aumentar la superficie de cemento más allá de los límites impuestos por el perímetro  de  la explanada. Y esto tiene una explicación: los criterios del Estado para establecer los valores de una obra ignoran las áreas verdes o las construcciones que no se hagan con “materiales nobles”,  por ejemplo, madera. Solo el fierro, el cemento y los ladrillos están valorizados. En realidad hay otra razón más: la dificultad de efectuar sisas bajo la mesa en la valorización de plantas y árboles y la facilidad de hacerlo con los citados materiales.   
Una manera silenciosa que tiene la población de castigar a las autoridades que han prescindido de las áreas verdes al construir las plazas es no asistir a ellas. Sospecho, sin embargo, que la soledad que luce la plaza de El Estrecho durante el día es una forma de repudio demasiado sutil que las necias autoridades municipales no logran entender. En estos tiempos de alteraciones climáticas globales, debería hacerse estudios específicos sobre esos cambios en espacios locales debidos a medidas como la que comento. 
No todos los cambios que ocurren en El Estrecho son debidos a la mayor inversión pública. En la cuenca del Putumayo impera la ilegalidad: extracción de madera, dragas que lavan oro en el cauce del río y tráfico de drogas. En esto, en verdad no se diferencia mucho a lo que ocurre en el resto del país, pero dado que el escenario es pequeño estas cosas se puede ver con mayor facilidad. A fines de 2007 escribí un artículo que fue publicado en boletines virtuales (www.viajerosperu.com y www.servindi.org) En el texto señalaba que la verdadera razón de la caída de Fujimori no habían sido los famosos videos de su compinche Montesinos sino el abastecimiento de armas a las Fuerzas Armadas Revolucionaria de Colombia (FARC), utilizando para ello aviones de la Fuerza Aérea Peruana. Dado que las finanzas de esa agrupación se basaban en el tráfico de drogas, era fácil colegir -seguía mi reflexión- que el pago se hizo en especies o con dinero proveniente de esa actividad ilícita. La afirmación me costó la incursión de actores anónimos –aunque imaginables- que sustrajeron (es decir, robaron) el CPU de mi computadora de mesa y el maletín que contenía una pequeña portátil. Diez años después del escrito y unos 17 desde el hecho central que relato, pienso que los ardores de los visitantes nocturnos deben haberse aplacado y no buscarán repetirse el episodio. Espero no equivocarme.   
Para volver a El Estrecho debo decir que la inversión privada se siente en la presencia de tres discotecas que, según los lugareños, son, una, de un colombiano, otra de un oficial del Ejército y la tercera de un morador local. Poca cosa por el momento, aunque los efectos auditivos son devastadores, en especial los de la primera. De domingo a viernes emite bulla hasta las12 de la noche, y los sábados hasta las 3 am, que son las horas en que funciona la electricidad pública. Los pobladores, afirman que “ya se han acostumbrado al ruido”. El jefe de la Comisaría me cuenta que él está atado de manos porque se trata de una responsabilidad municipal, pero que el alcalde no hace nada por solucionar el problema: “ni siquiera vive acá”, acota. Muchachos y muchachas deambulan por los alrededores buscando alguna oportunidad que, por el momento, no son muchas: una explosión eufórica producida por el alcohol o una venta sexual al paso. Si las cosas avanzan ya vendrán otras, como prostitución a tiempo completo y dedicación exclusiva; engrosar las filas de los ocupados en actividades ilegales conocidas o iniciarse en algunas nuevas, tal vez en el sicariato.
  
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La inauguración de la maloca siguió un protocolo definido por Rubén Medina y sus allegados. El primero en dirigir la palabra a los asistentes fue don Benjamín Rodríguez, presidente de la Federación de Comunidades Nativas Fronterizas del Putumayo (Feconafropu), fundada a finales de la década de 1980. Él destacó el mérito de Medina, “un joven que desconocía sus orígenes pro que emprendió una reflexión que le ha permitido reasumir su tradición. Considero que es un ejemplo para todos los jóvenes. Hoy día es para reflexionar.
Los estudiantes -dijo- tienen que conocer de dónde procedemos y cómo hemos sido calificados. Nosotros, los dirigentes, sabemos que hemos tenido muchos sufrimientos más que los que hemos visto hoy día –se refiere al documental “Memorias del caucho”, dirigido por Wilton Martínez-. Jóvenes, investiguen. Van a ver el gran sufrimiento que han tenido nuestros hermanos, nuestros antepasados. Quiero recalcara a cada uno de los estudiante hoy día que lean, investiguen, porque lo primero que tenemos que hacer nosotros, en vez de estar estudiando historias ajenas, es estudiar nuestra propia historia primero para saber. Es cierto que estamos en un mundo globalizado y por eso tenemos que saber también lo que pasa en otras culturas, pero primero está nuestra cultura.

Terminó su intervención expresando su felicitación “a los hermanos y hermanas que han colaborado con Rubén, por el enorme esfuerzo que han hecho”. 
Le siguió la hermana Ana Filiberta Lavado, “hermana Lupita” como cariñosamente se la conoce en la zona, quien trabaja desde hace muchos años en la Misión de los Franciscanos Canadienses de EL Estrecho y es una incansable luchadora por los derechos de los pueblos indígenas de la cuenca. Ella se refirió a la fiesta y a la importancia de la maloca: Nuestro hermano Rubén Medina, ¡tan lindo tu corazón ha florecido! Se esforzó con alegría para poder tener la maloca. Todos con el cariño unidos hoy. Es una fiesta importante en nuestra historia. Después de tantas luchas que hemos hecho, nuevamente tenemos maloca. La cultura de nuestra historia.

Hemos trabajado en varios temas, en salud, en educación también, pero sin conocer mucho. Por eso, al comienzo no entendíamos tanto. Pero después poco a poco hemos ido organizando. Gracias a los antropólogos que han venido también, a Jorge Gasché, a Alberto Chirif, después Marushka Kokrhaneky, a Aidesep. Yo me he ido a buscarlos. ¡Vamos para que nos ayuden!, les he dicho. 
Fueron luego invitados a hablar los cineastas que filmaban la inauguración, Liliana Galván y Wilton Martínez, y el antropólogo Alberto Chirif. Cerró las intervenciones el gestor de la iniciativa, Rubén Medina. 
Reproduzco pasajes de su intervención: Estoy muy emocionado porque después de tantos años los pueblos indígenas nos volvemos a encontrar en este espacio preparado para andar hacia el desarrollo propio como pueblos indígenas 
Hace un o dos años atrás esta iniciativa estaba en la mente, en el pensamiento, y hoy ya es una realidad. Hemos hecho tanto esfuerzo para poder tener este espacio, para poder recibir a nuestros hermanos murui, boras, ocainas, tanto del lado peruano y colombiano. Hemos aportado a este proyecto porque creemos que es el primer paso por donde tenemos que empezar si queremos hablar de desarrollo propio. Empezar por lo nuestro. Empezar a reconocer nuestra identidad cultural... de los niños y aportar por la juventud. 
Desde aquí, desde la maloca estoy convencido, estoy seguro que con la ayuda de nuestros espíritus, nuestros ancestros, y de nuestros tíos y abuelos que aún están vamos juntos a poder construir una propuesta de desarrollo para nuestros pueblos. 
Quiero agradecerle a las madres, a los padres a los hijos, a los hermanos que han podido  colaborar de una u otra manera dando su tiempo, su esfuerzo. Quiero agradecerle también a Liliana, mi señora, por comprenderme, por ayudarme, por cada dia fortalecerme a pesar de las dificultades.
Quiero dejar bien claro que este es un propósito desde la institución Curuinsi, una asociación que ha venido trabajando de granitos de arena. Muchos al iniciar no han creído en este tema. Pero ahora es una realidad y esta maloca queda para el servicio de los pueblos indígenas murui, bora y ocaina. Creo que esto ya se ha cumplido y de aquí para adelante hay un reto, más que todo: trabajar para recuperar nuestro idioma. En el Putumayo no encontramos jóvenes que estén hablando nuestro idioma. Mayormente encontramos jóvenes que han perdido su identidad pero no es porque así lo han querido, sino porque la sociedad nos oprime, nos discrimina, nos margina. 
Pensando que esto es de lo pasado, de lo antiguo, por lo tanto nos avergonzábamos porque tampoco conocíamos. Para esto es este espacio, para fortalecer nuestra identidad como pueblos indígenas y juntos poder buscar un porvenir para el desarrollo de nuestra comunidad, para nuestro pueblo, para nuestro país, para el mundo. Si perdemos nuestro idioma estamos perdiendo muchísimos conocimientos, conocimientos que pueden contribuir al desarrollo y la solución de nuestros problemas sociales a nivel mundial. Pero estamos dando el primer paso hacia ese camino. 
Finalmente quiero desear a Wilton [Martínez], a Iliana [Galván] que están presentes aquí filmando este acto que va a evidenciar este día histórico para los niños en el futuro. Quiero agradecer a Alberto Chirif por su tiempo de venir desde tan lejos hasta El Estrecho y compartir sus conocimientos con ustedes. También quiero agradecer a Jorge Gasché, un profesional que ha acompañado muy cerca los pueblos indígenas, muy comprometido, y ha trabajado mucho con nosotros. Más de 30, 40 años ha dedicado su vida en investigación, en el trabajo lingüístico con el pueblo murui, de lo cual nosotros estamos muy agradecidos porque nos permite estudiarlo con más facilidad. A la hermana Ana Filiberta Lavado, la hermana “Lupita”, también por su esfuerzo, por su dedicación de tantos años hacia los pueblos indígenas, hacia las organizaciones indígenas a fin de fortalecerlas.
Finalmente agradecer a todos los hermanos y hermanas que han venido de tan lejos, desde Chorrera, Paloma, Cabello, Arica, Nueva Unión, Cartagena, Reforma, y a los hermanos del Caraparaná, de San José, El Encanto, San Rafael, Puerto Belén que ahora se encuentran acá con un solo propósito. A todos ustedes mil gracias y estamos aquí para demostrar que aún los pueblos indígenas seguimos existiendo a pesar del horrendo y cruel y oscuro proceso de la época del caucho, aún seguimos siendo tan fuertes y reivindicamos en este momento nuestra identidad. Queremos seguir siendo pueblos con identidad, con nuestros valores sociales y por eso estamos acá. Creo que era muy importante que los jóvenes reaccionemos y recapacitemos frente a esto. Porque ya no vamos a esperar que otros vengan a hacer por nosotros. Nos toca a nosotros, y esto es lo que estamos haciendo.

La maloca y su significado

La maloca es comúnmente definida como “casa”, pero en verdad es mucho más que un lugar habitado por personas. Entrevisto a Jorge Gasché sobre el tema.

La maloca –me dice Gasché- representa dos universos huitoto. Uno es que es homóloga al cuerpo humano. El triángulo del techo es la cara, los costados son los hombros. La maloca presenta la imagen de una persona acurrucada con la cara hacia arriba. Hay algunos que dicen que es una combinación de hombre y mujer, el hombre encima de la mujer en la cópula. La otra visión es que la maloca representa también el universo. La maloca es iko, término que designa aquello que tiene forma de bóveda, que es igual que el cielo. La lengua huitoto establece la asociación. Maloca es ailloko, casa grande: aillo, casa, ko, bóveda. Cada parte de la maloca simboliza una parte del universo. El techo es la bóveda. Entonces la maloca es la representación en miniatura del Universo, y el dueño de la maloca y del baile, que está sentado en la parte del fondo, ocupa el sitio del creador del Universo que está ubicado en el este, donde se levanta el sol. Ahí está sentado el creador Mo Buinaima, el padre creador. 
La maloca tiene una orientación, generalmente este a oeste, y tiene dos puertas. La principal da al oeste, pero el asiento del creador está en el este. Las puertas se distinguen por su tamaño, la perfección de la cerradura, la puerta que se puede cerrar. Los bailarines entran por la puerta principal que es la del oeste.

Lo que sigue es también producto de la conversación con Gasché.

Las fiestas reviven actos primordiales de la creación, el gesto de la creación por el padre creador Moo Buinaima. El padre con su palabra ha creado el mundo, encarnándose en las cosas de este mundo. Cada fiesta retoma ese proceso. Cada maloca tiene su dueño y el dueño tiene una carrera que corresponde a la jerarquía que instauró el padre creador entre sus hijos. El primogénito es el sucesor del padre y al mismo tiempo representa al padre creador. Él es dueño del baile del lladiko que es la boa y el palo de baile. Es el símbolo del padre creador, de su palabra que es larga como la boa. El segundo es el sɨkɨi baile de marona o guadua, última fiesta del ciclo de inauguración de la casa nueva. Para los Huitoto, esta fiesta está asociada al manguaré, ya que en el transcurso de la carrera el dueño de la fiesta manda a su socio a traer troncos de madera de los que este fabrica el manguaré y, luego de terminarlo, celebra la fiesta de inauguración del manguaré. 
Las carreras ceremoniales huitoto que incumben a los hijos menores cuando quieren hacer su propia fiesta en la maloca del padre o desean separarse para fundar su propia unidad doméstica son menisaɨ y lluakɨ. El atributo ritual de menisaɨ es un instrumento musical que consiste en una caparazón de tortuga ullomeniño (Phrynops rufipes), cuya abertura del cuello, untada con un tipo de brea, al ser frotada con la mano produce un chillido. El atributo de la carrera de lluakɨ es la pelota (uuikɨ), que representa el corazón del creador, con la cual se celebra la fiesta llamada uuikɨ.
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Quiero cerrar este texto citando un párrafo del artículo de Jorge Gasché “La Gente del Centro y los impactos del caucho” (publicado en Chirif, Alberto, Después del Caucho. Lluvia Editores, CAAAP, IWGIA e IBC. Lima, 2017, ver pp. 59-60) que pone en relieve la lógica de funcionamiento de las “sociedades del centro” (huitoto, bora, Ocaina y otras), donde lo más importante no es acumular productos sino distribuirlos en las fiestas, y con ello tejer una red de relaciones entre diferentes malocas.

Al inicio de una carrera ceremonial, la gente de un linaje hace su propia maloca y celebra en ella fiestas modestas. Si se trata de la carrera de lladiko, los habitantes de la maloca consiguen una viga de baile (llamada entonces HT [huitoto]  neediko, BO [bora] tóóllíɨwa, OC [ocaina] ñijívica, RE [resígaro]  dyúíshigú de madera ordinaria y hacen bailar a los invitados sobre ella. Recién cuando el joven dueño de baile tiene más experiencia y más mano de obra, manda a su socio a construir su maloca y, luego, a buscar el tronco de madera dura y duradera para tallar la viga de baile. Como en el caso del manguaré encargado al socio, la maloca hecha por el socio y la viga de baile traída por él dan al dueño de baile, a su maloca y a sus accesorios su pleno prestigio. Solo tiene valor social lo que “otro” ha hecho para uno y lo que se ha pagado públicamente en el intercambio ritual, es decir, lo que manifiesta la capacidad de un jefe de convocar y coordinar -mediante sus parientes, aliados matrimoniales y ceremoniales, sus prestaciones materiales y su conocimiento formalizado en discursos rituales- mayor cantidad de mano de obra y de invitados. Lo que uno mismo puede hacer y hace, en el ámbito de la sola unidad doméstica, no tiene peso social, no es lo propio o verdadero. Con eso comprendemos que “sociedad” para la Gente del Centro no es, en primera instancia y según los valores predominantes, lo que une a las personas dentro de una maloca, sino el conjunto de las relaciones sociales entre malocas que el dueño de una maloca puede movilizar en una fiesta, y que vinculan a todas las malocas del territorio en una red de alianzas linajeras, matrimoniales y ceremoniales.

 
Rubén Medina en el cocal
La Maloca y bailarines prestos a entrar
Escenas del baile

lunes, 4 de diciembre de 2017

Presentación del libro "Después del Caucho", del antropólogo Alberto Chirif



El día jueves 7, en el marco de la Feria del Libro de Miraflores, que se efectúa anualmente en Larcomar (Miraflores), en el auditorio Ricardo Palma, se presentará el libro Después del Caucho, del antropólogo peruano Alberto Chirif. El libro ha sido editado por Lluvia Editores, el Centro Amazónico de Antropología y Aplicación Práctica (CAAAP), el Instituto del Bien Común y el Grupo Internacional de Trabajo sobre Asuntos Indígenas (IWGIA).

Participarán en la presentación el director del IBC, Dr. Richard Chase Smith, la antropóloga Frederica Barclay y el historiador Nelson Manrique. El autor dará una palabras de explicación sobre cómo fue concebida y realizada esta obra, y de agradecimiento a todas las personas e instituciones que hicieron posible su edición.

Transcribimos a continuación algunas consideraciones realizadas por el autor en la introducción de su obra:

Cuando estaba a punto de terminar este libro, algunas preguntas que pensaba haber resuelto, me regresaron con fuerza. ¿Sirve a alguien conocer estos procesos o se trata solo de un ejercicio inútil guiado por la vanidad del autor? Sobre todo, ¿es importante para los indígenas contar con un libro que exponga su propio pasado y sus dificultades presentes para el fortalecimiento actual de sus sociedades?
      Lo que me hizo dar cuenta de que la interrogante no había quedado resuelta fueron las preguntas que dos viejos andoques, un hombre y una mujer, les plantearon a dos colegas: ¿Para qué quieren saber historias viejas, cuentos antiguos? Son historias antiguas. ¿A quiénes les va a interesar?
      Mi respuesta es que sí creo que tiene sentido este libro. Los documentos y testimonios que aquí presento dejan sin base los prejuicios de quienes repiten que las sociedades indígenas se niegan al cambio, que son estáticas y aferradas a un pasado arcaico. Con la misma sinrazón, ellos presentan a los caucheros como portadores de la civilización y del progreso, y a Julio César Arana, como un patriota defensor de las fronteras nacionales. Este libro se justifica si sirve para reafirmar la hipocresía de una sociedad que se reclama occidental, cristiana y civilizada pero que ha llevado, por afán de lucro, a la destrucción de sociedades. Los argumentos civilizadores y de progreso los podemos trasladar al presente en el contexto de las actividades petroleras, mineras y otras que en la práctica expropian a los pueblos indígenas sus territorios y los contaminan, y convierten a las personas en fuerza laboral explotada.
      Pero este libro también será útil para los propios indígenas. Existen actualmente estudiantes universitarios de origen indígena. Muchos de ellos tienen escaso acceso al aprendizaje de sus culturas y de los procesos que han atravesado sus sociedades a lo largo de la historia. Proporcionarles testimonios de sus propios paisanos, así como información oficial leída de manera correcta, puede generar una nueva corriente de opinión y ayudarlos a reconstruir sus sociedades.