de su libro "La verdadera biblia de los Cashinahuas", comparto un extracto de él.
miércoles, 5 de febrero de 2020
LA VERDADERA BIBLIA DE LOS CASHINAHUA
A propósito del próximo I Congreso Internacional Interdisciplinario sobre la Amazonia-Homenaje a Marcel D'Ans, que realizará la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, en el mes de setiembre,
de su libro "La verdadera biblia de los Cashinahuas", comparto un extracto de él.
de su libro "La verdadera biblia de los Cashinahuas", comparto un extracto de él.
miércoles, 29 de enero de 2020
Las historias del río son las memorias de los abuelos: el proyecto de Radio Ucamara en la Amazonía peruana
Escucha
la calle expresa su agradecimiento a Marco Ramírez Colombier, Mg. PUCP, por permitirnos
transcribir su importante artículo.
Las
historias del río son las memorias de los abuelos: el proyecto de Radio Ucamara
en la Amazonía peruana
Marco
Ramírez Colombier
Antes
de comenzar, debo aclarar que el proyecto sobre el que les voy a contar no es
mío. Se trata de una estación de radio indígena que en la actualidad es
dirigida por Leonardo Tello, y cuyas iniciativas son ejecutadas de manera
comunitaria con las comunidades kukama de las zonas inundables de la Amazonía.
He tenido la oportunidad de observar de cerca el trabajo de Radio Ucamara y,
sobre todo, sostener largas conversaciones con sus integrantes. Con este
artículo deseo contribuir a que más personas conozcan acerca de este hermoso
proyecto, cuyo trabajo es urgente y justo. Van mis sinceros agradecimientos y
alientos a todos y todas quienes lo hacen posible.
La ciudad de Nauta se encuentra en la Amazonía
peruana, más precisamente en la región Loreto, a dos horas en auto desde la
ciudad de Iquitos. Se ubica a orillas del río Marañón, muy cerca de su
confluencia con el río Ucayali, que da origen al río Amazonas. Nauta es una
ciudad indígena: fue fundada en 1830 por el cacique Manuel Pacaya, jefe del
pueblo kukama. La mayoría de la población de Nauta y de las comunidades
cercanas pertenece a este grupo étnico amazónico. Sin embargo, siglos de
colonización, exclusión y discriminación por parte de la población mestiza han
causado que muchas personas eviten autoidentificarse como kukamas. Incluso, los
kukama han dejado de hablar su propia lengua, debido a la presión de la
educación monolingüe y al estigma que la ‘modernización’ impuso contra las
maneras indígenas de expresarse. Cortada la cadena de transmisión de la lengua
de padres a hijos, el kukama subsiste en el grupo de personas adultas mayores
que lo hablan fluidamente, pero también en la forma de hablar cotidiana de los
miembros de las comunidades y en la gran cantidad de aportes que esta lengua ha
dado al castellano amazónico (véase Vallejos Yopán 2014).
En Nauta, a solo unas cuadras de la Plaza de Armas,
y a otras tantas de la orilla del río, se encuentran los estudios de Radio
Ucamara, una estación radiofónica de propiedad de la Iglesia Católica, que es
administrada por un equipo enteramente indígena, y cuyo objetivo es la
protección de los derechos culturales del pueblo kukama. Uno de los pilares
para la consecución de este objetivo es el acto de la narración oral, heredado
de la antigua costumbre de las comunidades indígenas de contar historias, para
explicar o simplemente crear un universo simbólico propio. Para explicar mejor
este aspecto, es necesario primero revisar algunos apuntes acerca de las
representaciones de los indígenas amazónicos en el Perú, la larga historia
particular del pueblo kukama, y la función de la narración de cuentos dentro
del pensamiento y acción indígenas.
Contra
lo que se lucha: representaciones etnocéntricas del indígena amazónico
A lo largo de la historia peruana, los kukamas y los
otros grupos étnicos de la Amazonía han sido objeto de un sistema de
dominación, colonización, integración y aculturación, autojustificado a través
de la construcción etnocentrista de imaginarios sobre sus comportamientos y
costumbres. La bula papal de 1531 definió a los indígenas amazónicos como
“salvajes” con una naturaleza pagana y pecadora, que debían ser “civilizados” a
través de la evangelización y el trabajo (Chirif 2009), lo cual marcó las
relaciones entre las autoridades coloniales, la iglesia y las poblaciones de la
Amazonía. Durante la República, especialmente hacia finales del siglo XX, se
construyó un discurso hegemónico de corte positivista, que denunció a lo
indígena como sinónimo de atraso y exacerbó la colonización de sus tierras por
blancos y mestizos como indicador de modernización y desarrollo económico
(Biffi 2011). Bajo estos preceptos, las élites peruanas determinaron que el
camino al progreso implicaba el sometimiento de los indígenas y su integración
forzosa a la economía nacional, eliminando sus identidades culturales, cortando
violentamente sus historias e imposibilitando su supervivencia como grupos. Se
trataba de la llamada “época del caucho”, cuando los “barones”, adinerados
empresarios caucheros, utilizaban mano de obra indígena sumida en la
esclavitud, que empleaban a través de las correrías (el empleo forzoso luego de
verdaderas ‘cacerías humanas’) y la habilitación (la estafa de la entrega de
bienes para endeudar a los moradores y luego cobrar esta deuda con trabajo
forzado). El ‘boom’ del caucho terminó pronto, pero el discurso colonizador de
la Amazonía se mantuvo y reforzó: los sucesivos gobiernos republicanos
afirmaron que la Amazonía era un territorio deshabitado por conquistar, que
estaba siendo desaprovechado y mal utilizado por la población nativa (Espinosa
2012).
El discurso del “progreso” a costa de la autonomía
indígena es invocado permanentemente por las élites políticas y económicas,
dentro del paradigma de “desarrollo económico” y “modernidad” que se ha
instalado en el Perú actual. Chirif (2009) ha identificado que estas visiones
implican despojar a los indígenas de sus derechos colectivos a su territorio,
sus conocimientos, su capacidad de decidir su destino como pueblos, su
identidad y su lengua. Una de las causas de que esto sea posible es el generalizado
desconocimiento, por gran parte de los peruanos, de la historia de la región
amazónica y los pueblos que la habitan, temas ausentes de las currículas
escolares (Espinosa 2012). Las representaciones estereotipantes o esencialistas
de los indígenas amazónicos son utilizadas por los sectores dominantes como
instrumentos para nombrar, es decir, para definir quién es o cómo debería ser
un indígena, y a quien le corresponden ciertos derechos o no, despreciando las
opiniones de los propios indígenas y sus parámetros de autoidentificación.
A pesar de esta historia, los pueblos indígenas
florecen. Se organizan, luchan, sueñan, cuentan y recuperan sus historias y sus
memorias. La Amazonía es poblada por más de 40 pueblos distintos, que hablan
cada uno su lengua, y representan un enorme y exquisito patrimonio cultural.
Proyectos autónomos dentro de estos pueblos se concentran en convertir esta
diversidad cultural en patrimonio vivo, en un medio útil para recordary pensar
el pasado, al mismo tiempo que se mira
con optimismo hacia el futuro. La lengua, aunque no define la identidad
cultural, ocupa un lugar central en esta tarea. Los pueblos se organizan para
afianzar el uso de sus lenguas como vehículos de expresión de sus propios
universos y sus formas de percibirlos. Se trata de una lógica de
autorrepresentación, donde el indígena aparece como enteramente capaz de
explicar su visión, reclamar sus demandas y ejercer sus derechos (contrario a
los discursos detallados anteriormente). Entre los proyectos más importantes de
este rubro se encuentra Radio Ucamara.
Los
kukamas y sus historias
Los kukama-kukamiria (1) son un pueblo indígena
perteneciente a la familia lingüística tupí-guaraní, cuyo territorio ancestral
se extiende por las áreas ribereñas inundables de la Amazonía peruana, a
diferencia de otros grupos étnicos que prefieren habitar los bosques o tierra
firme. En la actualidad, sus comunidades se asientan en las zonas aledañas a
las partes bajas de los ríos Marañón, Ucayali, Huallaga y Amazonas (2). Su
ubicación en las zonas ribereñas, de fácil acceso, posibilitó que sus
territorios fueran algunos de los primeros en ser ocupados en la época colonial
(Petesch 2012), lo cual los hizo vulnerables a procesos de aculturación y de
integración forzosa a la sociedad occidental que pusieron en riesgo su
subsistencia como grupo. Algunos de los primeros etnógrafos de la Amazonía,
como Tessmann (1999 [1930]) o Girard (1958) identificaron la pérdida de sus
rasgos culturales distintivos, su fisonomía y su aspecto externo, confundiéndose
así con los grupos criollos o mestizos ribereños. Hasta fines del siglo XX, el
kukama no apareció como pueblo indígena en los censos nacionales (Petesch
2012).
En 1981 el antropólogo Anthony Stocks publicó Los
nativos invisibles, un estudio etnográfico y etnohistórico conducido en una
comunidad kukamiria del Bajo Huallaga. Stocks señala que demandas económicas
llevan al nativo a establecer relaciones sociales, económicas, políticas y
culturales con la sociedad “blanco-mestiza”, lo cual requiere que se adapten a
categorías foráneas, se debiliten como grupo y se conviertan en “invisibles”,
que se ignoren sus necesidades particulares y se ponga en riesgo su
subsistencia. Por su parte, Gow (2003) describe la situación identitaria kukama
con el fenómeno “ex–cocama”, o el abandono voluntario de la identidad étnica
para poder dejar el sector de subsistencia “indígena” y pasar al sector
comercial “blanco” dentro de la economía regional loretana.
Al contrario, investigaciones más recientes de los
sacerdotes agustinos Manuel Berjón y Miguel Ángel Cadenas (2009:425) sostienen
que los kukamas “están muy vivos y son visibles para quienes no se niegan a
verlos”, y que incorporar al extraño para poder seguir identificándose como
indígenas es una característica típica de este grupo (Berjón y Cadenas 2014:3).
La actividad de un fuerte movimiento identitario, en el que participan Radio
Ucamara y otras organizaciones indígenas, junto a aliados externos, ha llevado
a repercusiones positivas en la autoestima y la identidad cultural de los
moradores kukamas. Esto ha motivado a que varias comunidades antes
identificadas como mestizas vuelvan a reclamar su indigeneidad.
Un rasgo distintivo del pueblo kukama es su afinidad
con el territorio acuático. Esto se refleja en su particular destreza en la
pesca, su principal actividad económica, para la cual han desarrollado una gran
variedad de herramientas y técnicas (Rivas 2004), así como su profundo
conocimiento de la navegación por los ríos amazónicos, cuya geografía conocen a
la perfección. Por esta razón, los kukama se encuentran en una situación
vulnerable ante la contaminación de sus ríos, principalmente por los constantes
derrames de petróleo, bajo la responsabilidad de empresas tanto estatales como
privadas. (3) A estos se suma un megaproyecto de infraestructura vial llamado
Hidrovía Amazónica, que implica el dragado de los ríos para su uso como una vía
rápida de traslado de bienes exportables desde el Brasil hasta el Océano
Pacífico. Los kukamas temen que este proyecto expropie los ríos para sus usos
tradicionales, como la pesca y la navegación en las canoas, además de que
modifique completamente el ecosistema fluvial al que están integrados.
Esta relación especial de los kukama con el agua
también influencia su ontología y su cosmología. Berjón y Cadenas observan en
sus prácticas de navegación y control de sus canoas una manifestación material
de una inestabilidad ontológica, “el arte necesario para mantener el equilibrio
en un mundo mudable, que no caprichoso, donde no todo lo que existe aparece y
hay quien puede ver más allá de las simples apariencias” (2014:4). El espacio
subacuático es uno de los mundos que considera la cosmovisión kukama. En él
habitan seres como los karwara o yacuruna (la gente del agua), los bufeos y las
sirenas, la purahua o yacumama (madre del agua), entre otros (Berjón y Cadenas
2014:4-5). Los kukama consideran que las personas que caen y desaparecen dentro
del río, pero nunca se encuentran sus cuerpos, continúan viviendo en el
universo subacuático, y pueden comunicarse con sus familiares mediante sus
sueños (Berjón y Cadenas 2014:5, Tello 2014:44-45). Todos estos elementos, que
aparecen en repetidas oportunidades en las narraciones que trabaja Radio
Ucamara, se presentan como herramientas poderosas para reactivar las memorias
de los moradores kukamas y, con ello, potenciar y motivar la búsqueda de
respuestas a los problemas que la supuesta “modernidad” les pone delante. El
pasado no es un lastre que abandonar para avanzar, sino una herencia motivo de
orgullo y una fuente infinita de conocimientos propios, útiles y aplicables.
Volveremos a ello en las siguientes secciones.
Un
proyecto cultural indígena
Radio Ucamara fue fundada en el 2006, bajo la
dirección de Miguel Ángel Cadenas, con una orientación hacia la defensa y la
promoción de los derechos culturales de los indígenas kukamas. Desde el 2010 su
director es Leonardo Tello Imaina. Se trata de un proyecto asentado en la
autorepresentación del pueblo kukama, al tener un equipo íntegramente conformado
por indígenas (estudiantes y maestros, pero también pescadores y agricultores),
quienes parten de los problemas cotidianos para plantear asuntos políticos de
trascendencia para los kukamas urbanos y de las comunidades. (4) Por ejemplo,
un conductor pescador hablará acerca de cómo hay escasez de peces, lo cual
revelará los efectos de la contaminación petrolera en los ríos (Galli
2014).
La radiodifusión es un medio de comunicación masivo
del que se apropian los pueblos indígenas, debido a su accesibilidad sencilla y
permanente, a su amplia cobertura, y, sobre todo, a su dependencia en la
comunicación oral, que permite la transmisión precisa de las particularidades
lingüísticas y metalingüísticas del conductor. Radio Ucamara se preocupa por
garantizar la producción de contenidos y la construcción de sentidos desde los
intereses del pueblo kukama a través de un trabajo permanente con las
comunidades y la población kukama, que excede a la propia radio y se manifiesta
en forma de talleres, proyectos conjuntos, investigaciones, producciones
audiovisuales, capacitaciones, etc.
Leonardo Tello Imaina recibe a nombre de Radio Ucamara el Premio de Fomento a la cultura del Ministerio de Cultura
La programación actual de la radio presenta un
espacio hablado íntegramente en lengua kukama, Kukamakana Katupi, conducido
desde hace nueve años por un grupo de personas mayores, integrantes de la
asociación Kukamakana Katupi (“Los kukamas aparecen”), quienes comentan hechos
cotidianos y comparten relatos tradicionales y canciones en kukama. Para ellos
no ha sido fácil involucrarse en la radio, por el racismo y la marginación que
sufren aquellos que se autoidentifican como indígenas kukamas. María Nashnato,
una de las fundadoras de la asociación, cuenta que ella tuvo que recordar su
propia lengua materna ya pasados los 50 años, pues en su hogar se hablaba
exclusivamente castellano. (5) Así como María, los demás integrantes del equipo
de la radio tienen historias personales de reencuentro con su identidad
indígena.
Leonardo Tello Imaina muestra a nombre de Radio Ucamara el Premio de Fomento a la cultura del Ministerio de Cultura
La
narración como expresión de vida, herencia y memoria
Los programas radiales y los proyectos de Radio
Ucamara ponen un fuerte énfasis en las narraciones tradicionales y la
cosmovisión de los kukamas, para articular mito y cultura dentro de un discurso
político plenamente indígena. (6) Por ejemplo, para hablar de la contaminación
de los ríos y la proliferación de naves mercantiles que dificulta la
navegación, un conductor o reportero kukama recurrirá a las historias del río
que solían ser contadas en su comunidad, especialmente aquellas protagonizadas
por el yacuruna o karwara, que en algunas de las versiones aparece como el espíritu
dueño del río. Podrían decir, entonces, que han visto al Yacuruna con la piel
muy negra, debido al derrame de petróleo (Galli 2014). Leonardo Tello (2014)
afirma que esta es una manera de utilizar el conocimiento y la sabiduría de los
indígenas para expresar un discurso político indígena. Este discurso debe ser
tomado en cuenta en los proyectos de intervención de la Amazonía
(ambientalistas, de salud, educación) que no pueden únicamente ser pensados a
través indicadores cuantitativos, sino también con el universo simbólico y
cultural de los pueblos indígenas.
Varios de los relatos tradicionales ponen énfasis en
la relación de los kukamas con los ríos.
Por ejemplo, el relato del origen del pueblo kukama presenta a un joven
pescador que, un día, conoce a una mujer boa que habita en el río. (7) El joven
crea una cocha, donde va a vivir con su pareja, con quien tiene un hijo, quien
era un habitante del mundo terrestre. Cuando el hijo crece, sus padres buscan
una pareja para él dentro de la cocha, entre los karwaras (gente del agua) que
ahí residen. Entonces, el origen del pueblo kukama está en la unión de un
hombre de la tierra con una mujer del agua. (8) Como mencionamos antes, para
los kukamas, cuando uno de sus familiares cae dentro del río, pero no se encuentra
su cuerpo, ha ido a vivir en el mundo subacuático convertido en un karwara
(Berjón y Cadenas 2013). En ambos casos, el pueblo kukama y los habitantes del
universo subacuático son familiares, lo cual refuerza y justifica la defensa
política-cultural contra la contaminación de los ríos.
Los cantos y los relatos tradicionales también son
empleados en las clases de la Escuela Ikuari, un proyecto autogestionario en el
que la última generación de kukamahablantes (los integrantes de Kukamakana
Katupi) enseña la lengua kukama a entre 90 y 120 niños, quienes no tuvieron la
oportunidad de aprenderla en casa. Las clases priorizan un método
conversacional, puesto que el objetivo es lograr que el idioma vuelva a ser
usado en la comunicación cotidiana. La dinámica intergeneracional también
revalora la figura del adulto mayor, el “abuelo” sabio que tiene un lugar
central en la enseñanza de los miembros de las comunidades. Si bien se trata de
un programa de revitalización lingüística, se inserta en el programa integral
de la radio. Quienes lo llevan adelante tienen bastante claro que, si no se
mejoran las condiciones de vida de sus usuarios y se resuelven sus problemas,
el esfuerzo de recuperar el idioma caerá en tierra estéril.
Si bien los cuentos indígenas existen en la
sabiduría de los abuelos, debemos aclarar que su “almacenamiento” sigue una
lógica distinta de la literatura occidental, que tiene como soporte por
excelencia al libro. Los sentidos y sentimientos expresados por estas
narraciones se asientan, en gran parte en su variabilidad. No existe una forma
original ni canónica de estos cuentos, pues sus elementos narrativos y su
significado son creados en el fragor de la socialidad. La tradición no se
encuentra fija, anclada, sino que se transforma según las condiciones sociales
y las necesidades del pensamiento. En realidad, cuando un abuelo cuenta una
historia, es decir, ejecuta la performance de la transmisión del cuento, la
enunciación pública se convierte en un ejercicio de memoria. Sirve para
mantener vivo el pasado, pero también
para compartir la sabiduría acumulada y ponerla en las manos de las nuevas
generaciones. Con la narración de las
historias del río, los kukamas escriben sus historias y reactivan sus memorias.
De esta manera, el pueblo kukama crea y caracteriza al río mismo y a sus
personajes, un entorno indeterminado, cambiante, delimitado según las
relaciones que se establecen y rompen, el río puede leerse como una narrativa,
como una memoria.
El
camino recorrido
Como señala Elisa Galli (2014), Radio Ucamara se ha
convertido en un lugar donde se puede crear una comunidad a través del
encuentro de los kukamas residentes en Nauta y en las comunidades cercanas. La
radio ha permitido a los ancianos y ancianas kukamas reencontrarse en un
espacio donde puedan socializar en su lengua nativa, conversar de temas
comunes, y, sobre todo, ser valorados como portadores de un patrimonio cultural
inmaterial que necesita ser transmitido y difundido. Asimismo, ha llevado a los
niños y niñas de la escuela no solo a afirmar su identidad, sino a moldearla y
construirla de acuerdo a sus propios intereses y sus planes de vida. Ambas
generaciones han recuperado la posibilidad de identificarse como miembros del
mismo grupo, de afirmar su existencia como colectividad.
El mayor aporte de los productos culturales de Radio
Ucamara es haber comenzado a quebrar el círculo vicioso “ser indígena → hablar
una lengua nativa → desprecio → exclusión”, y convertirlo en uno virtuoso en
que se aprecie la diversidad cultural y se celebre el ser indígena o hablar una
lengua nativa como condiciones generadoras de más oportunidades y
reconocimiento de derechos. Si bien el rechazo y la marginación en ámbitos
educativos, sociales y laborales persisten, y la amenaza de los proyectos
extractivos y de infraestructura está latente, la regenerada y reforzada
identidad étnica de los kukamas les provee de un instrumento crucial para ganar
la batalla.
Ramírez Colombier, Marco (2016). Las historias del río son las memorias de los abuelos: el proyecto de Radio Ucamara en la Amazonía peruana. En: Tantágora, revista de literatura oral, 19. http://goo.gl/NYwkox
Notas
(1) En adelante se usará “kukama” o “kukamas” para
referirse al grupo étnico. Los kukamiria son un grupo estrechamente vinculado,
que se escindió del kukama a principios del siglo XVII y se trasladó al bajo
Huallaga, donde residen hasta hoy. El etnónimo kukama es el preferido por la
propia población indígena hoy en día, frente a su españolización “cocama”, que
en el pasado ha sido usado como un insulto racista.
(2) Además, tienen una fuerte presencia en ciudades
como Nauta, Iquitos, Pucallpa, Requena, Lagunas y Yurimaguas (datos de Radio
Ucamara).
(3) El diario español El País publicó en diciembre
del 2015 un detallado reportaje fotográfico sobre los estragos del derrame de
Cuninico, ocurrido en junio del 2014. Se encuentra en el siguiente enlace:
http://elpais.com/elpais/2015/11/20/planeta_futuro/1448039716_035520.html
(4) En lo sucesivo nos referiremos a “lo político”
en el sentido amplio de lo relacionado a los asuntos públicos y las acciones
tomadas por un colectivo para intervenir en ellos.
(5) Entrevista realizada en Nauta el 24-05-2015.
(6) Debemos recordar que, aunque este artículo se
centra en el acto de narrar historias, el proyecto de la radio es más amplio y
abarca una gran cantidad de iniciativas comunicacionales. No podemos dejar de
mencionar los videos musicales y cortos documentales, que pueden encontrarse en
su canal de YouTube:
https://www.youtube.com/channel/UCkSfG0xv4mAHKv-be3_0Qag/feed
(7) Este relato fue recogido por Radio Ucamara a
través de Mariluz Canaquiri Murayari y Ribelino Ricopa Alvis, y forma parte del
repertorio habitual de cuentos del pueblo kukama.
(8) El énfasis en el pensamiento indígena, que puede
ser de carácter “mítico” o “sobrenatural”, no implica dejar de lado el discurso
histórico. Radio Ucamara produce también spots y audiodocumentales acerca del
origen histórico del pueblo kukama, proveniente de migrantes tupís o guaraníes
a la Amazonía peruana.
Referencias
bibliográficas
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hizo carne... y vino a vivir entre los kukama. Dos lecturas a propósito de los
pelacara. Estudio agustiniano, 44(3), 425-437.
Berjon, M. y Cadenas, M. A. (2014). Inestabilidad
ontológica: el caso de los kukama de la Amazonía peruana. Disponible en:
http://sanagustin.org.pe/oala/pdf/2014_15Manuel.pdf
Biffi, V. (2011). Notas para la construcción de un
archivo sobre historia visual amazónica. En: Cánepa, G. (Ed.) Imaginación
visual y cultura en el Perú. Lima: PUCP.
Chirif, A. (2009). Imaginario sobre el indígena en
la época del caucho. En: Chirif, A. y M. Cornejo Chaparro (Eds.) Imaginario e
imágenes de la época del caucho: los sucesos del Putumayo. Lima: CAAAP, IWGIA,
UCP.
Espinosa, O. (2009). ¿Salvajes opuestos al
progreso?: aproximaciones históricas y antropológicas a las movilizaciones
indígenas en la Amazonía peruana. Anthropologica, 27(27).
Galli, E. (2014). Los Kukama aparecen. L’esperienza
radiofonica indigena nell’Amazzonia contemporánea. En: Badini, R. (ed.).
Amazzonia indigena e pratiche di autorappresentazione. Milan: FrancoAngeli.
Girard, R. (1958). Indios selváticos de la Amazonía
peruana: con 207 fotografías, 100 figuras y 2 mapas. Libro Mex.
Gow, P. (2003). Ex-cocama: identidades em
transformação na Amazônia peruana. Disponible en:
http://www.scielo.br/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0104q93132003000100004&lng=en&nrm=iso
Petesch, N. (2012). Los cocama nacen en el Perú:
migración y problemas de identidad entre los cocama del río Amazonas.
Anthropologica, 21. Disponible en:
http://revistas.pucp.edu.pe/index.php/anthropologica/article/view/764
Rivas Ruiz, R. (2004). El gran pescador. Técnicas de
pesca entre los cocama-cocamillas de la Amazonia peruana. Lima: Fondo Editorial
de la Pontificia Universidad Católica del Perú.
Stocks, A. W. (1981). Los nativos invisibles. Notas
sobre la historia y realidad actual de los Cocamilla del río Huallaga. Lima:
Centro Amazónico de Antropología y Aplicación Práctica.
Tessmann, G. (1999 [1930]). Los indígenas del Perú
nororiental: investigaciones fundamentales para un estudio sistemático de la
cultura. Quito: Abya-Yala. Primera edición en castellano.
Vallejos Yopán, R. (2014). Los kukama-kukamiria y su
rol en la cultura e historia de Loreto. En: Iquitos. Lima: Telefónica. pp.
140-147
jueves, 19 de septiembre de 2019
Comentario sobre el libro: El rescate de Leticia
Alberto Chirif
En 1922, el gobierno del presidente Augusto B.
Leguía firmó el Tratado Salomón-Lozano que definió los límites del Perú con
Colombia. Mediante ese Tratado, Colombia se quedó con el espacio interfluvial
comprendido entre los ríos Putumayo y Caquetá y también con el territorio
conocido como Trapecio Amazónico, que se extiende entre el Putumayo y el
Amazonas, dentro de cual se encuentra Leticia. Lo extraño es que este segundo
espacio no había sido materia evidente de los reclamos colombianos. Hubo
entonces una cesión extraña de un territorio que estaba ocupado por el Perú y
de un centro poblado como Leticia que había sido fundado por peruanos. El
tratado de límites, mantenido en secreto por el gobierno de Leguía durante
años, fue repudiado por ciudadanos de Loreto y otros afincados en ese
departamento. Indignados, decidieron rescatar Leticia en una acción cívica que
se ejecutó el 1º de septiembre de 1932. Diez meses más tarde, y luego del
asesinato del presidente Sánchez Cerro, el Perú refrendó el Tratado y retiró sus
tropas que ocupaban Leticia. Sobre este episodio trata el libro El Rescate de Leticia, escrito por Pablo Carmelo
Montalván, uno de los voluntarios que se enroló en el
Ejército Peruano para defender esa parte del territorio nacional. Es un evento
histórico poco y mal conocido en el país.
El texto
que sigue es la presentación del libro hecha por el antropólogo Alberto Chirif,
en
Iquitos, la noche del pasado jueves 27 de agosto de 2015, en el Centro Cultural Irapay de Iquitos-Perú.
*************
Transcurren los últimos días del mes deseptiembre
de 1932. Una nave que transporta bulliciosos pasajeros acoderada frente a
Iquitos, se aparta de la orilla. Es de noche. Unobservador del zarpe describirá
así el acontecimientoaños más tarde: “¡Larga proa…! ¡Larga popa…! Sonó el telégrafo de órdenes en
la sala de máquinas, las hélices empezaron a batir ruidosamente las turbias
aguas del río y la enorme mole del barco que estaba cediendo a la fuerza de la
corriente, se retiró suavemente de la plataforma y volteó lentamente para
navegar aguas abajo. (//) Los gritos y frases de despedida empezaron abrotar
creciendo en intensidad; se agitaron manos en el barco, en la plataforma; ondearonlos
pañuelos; las luces del muelle iluminaban débilmente una masa humana que se movía
desordenadamente en todas direcciones, extendiendo las manos como en actitud de
detenerlo, que parecía querer seguir tras el barco; sollozos, lamentaciones,
expresiones de conformismo y esperanza en labios de madres, esposas, novias;
parejas abrazadas llorando desconsoladamente; palabras de aliento de amigos,
hermanos; recomendaciones, promesas”.
Unas semanas antes, en la madrugada del 1º de septiembre
de 1932, 57 personas procedentes de Iquitos, Caballo Cocha (la mayoría), Yahuma
y Tarma, desembarcan en Leticia, deponen a las autoridades colombianas e izan
nuevamente la bandera peruana, recuperando para el país transitoriamente este
territorio. “No se derramó una sola gota de sangre”, señala el narrador.
Quien relata estas escenases un civil que,
como muchos, se enroló posteriormente para revertir una injusticia cometida por
el gobierno de Leguía que suscribió el Tratado Salomón Lozano, por el cual Perú
cedió a Colombia dos bloques territoriales: el espacio interfluvial comprendido
entre el Putumayo y el Caquetá y el Trapecio Amazónico donde se encuentra
Leticia. Es un protagonista directo de esos hechos y se llamaPablo Carmelo
Montalván, autor del libro El rescate de
Leticia que hoy su hijo Fernando me ha pedido presentar en esta su segunda
edición que llega 37 años después de la primera.
García Márquez, en su libro Vivir para contarla, se refiere a la
toma de Leticia en su particular estilo humorístico. Atribuye la razón de este
sucesoa una disputa de faldas. No recuerdo con exactitud los detalles de su
relato, pero creo que un colombiano (tal vez un sargento) le había quitado la
novia a su par peruano, y este, irritado hasta más no poder, decidió tomar la
población por las armas. Aunque es verdad que muchos actos calificados de
patrióticos tienen a veces explicaciones por demás pedestres y prosaicas, esta
vez, contradiciendo al ilustre escritor, debo decir que no fue esta la
justificación de la historia que narra Montalván. La recaptura de Leticia por
parte de un contingente de civiles peruanos debe ser analizada en el contexto
de lacontroversiafronteriza entre Colombia y Perú. Tal vez, de no haber sido
por la existencia en el áreaen disputa de gomas silvestres, aludidas de manera
generalcomocaucho, nunca se hubiera
desencadenado el conflicto armado entre ambos países. Pero esto es apenas una
hipótesis.
La obra de Montalván no es una novela, tampoco
es un diario. Es un relato de alguien que vivió los hechos y los narra con lucidez
y espíritu crítico. Si bien incluye anécdotas, el texto no es un simple
anecdotario. Aunque el autor aparece en algunos pasajes, no es un relato que lo
tenga como personaje principal. Si tengo que ubicar el protagonista, debo decir
que es el grupo de 57 personas que tomaron Leticia y las que más tarde se
alistaron voluntariamente para defender su recuperación. Dentro de este
conjunto, destaca un grupo, del cual el autor es parte, que él califica con
humor como Estado Mayor. Lo integran
personas que comparten amistad, y también complicidades cuando juegan bromas o
burlan el absurdo y sofocante orden establecido por clases y oficiales que
confunden la disciplina con los gritos yla autoridad con los insultos.
Destaco del libro, de correcta escritura, su
capacidad de transmitir la sinceridad de espíritu de quienes se embarcaron en
el intento de recuperar definitivamente para el Perú un territorio cedido por la
estupidez de un gobierno. El texto comunica altruismo, desinterés, amor al
suelo de los padres, es decir, a la patria. Pero es a su vez un libro
tremendamente crítico contra los patriotas de fanfarria que se pavonean enlas paradas
militares, de quienes, antes como ahora, no encuentran contradictorio llevarse
la mano al pecho y cantar con fervor aparente el himno nacional, mirando la
bandera con ojos enternecidos, al tiempo que desprecian a connacionales por no
considerarlos de primera categoría y se apropian del patrimonio nacional, que
debería servir para mejorar la educación, la salud y el bienestar de todos.
Creo que este es el principal valor del libro
de Montalván porque pone el dedo en la llaga de males recurrentes en el país
que se expresan de manera cotidiana y, lo que es más grave, incluyen momentos
de crisis donde más que nunca se necesita de honestidad y decisión como
requisitos básicos para lograr la unión en pos de una meta compartida. Me
refiero a casos de agresión externa, como fue la Guerra del Pacífico, con la
que el propio Montalván establece comparaciones, que se resumen en
improvisación, corrupción, irresponsabilidad de oficiales, abandono por parte
de las autoridades y cobardía. Si aún viviera, Montalván establecería otras
comparaciones actuales, por ejemplo, con el comportamiento de autoridades
durante el conflicto del Cenepa o de los desastres naturales que han causado
tantas tragedias en el país.
Montalván se refiere a superiores, clases y
oficiales que les pegan a sus subordinados, a balas que no revientan durante un
ejercicio porque estaban pasadas (“¡qué tal si con esa munición hubiéramos
entrado en combate…!; –p. 110), a carencias básicas de uniforme (“…dábamos la
impresión de haber sido sorprendidos y que hubiéramos acudido a las trincheras
a medio vestir…”; p. 120), a armamento en malas condiciones (“cartucheras por
deshacerse, la munición en el morral del servicio del comedor, las bayoneta
sujetas al cinturón con pedazos de cordel…”; p.120), a oficiales que se
emborrachan (p. 215) y a cuatro aviadores que con sus respectivas máquinas
abandonaron el escenario del conflicto para ir a Iquitos porque “uno de los
pilotos iba a contraer matrimonio y todos los compañeros de armas quisieron
estar presentes en la ceremonia”; p. 238). En la escena nacional un hecho vital
terminó por decidir el curso del enfrenamiento: el asesinato del presidente
Sánchez Cerro cuando pasaba revista a 20 000 soldados que debían incrementar
las tropas peruanas en Loreto. En fin, es una larga sucesión de despropósitos
que no podían conducir a otro desenlace diferente del que tuvo: el punto final
de la presencia peruana en Leticia y el abandono de su reclamo.
Quiero ahora hacer un análisis personal para
explicar los hechos y las razones de este conflicto fronterizo, y para esto
debo remontarme a décadas anteriores.
El
caucho
Corre el siglo XIX y mientras en Europa se
afianza la Revolución Industrial que se había iniciado durante la centuria
anterior y el capitalismo como sistema económico, en América del Sur países que
recién nacen comienzan a vivir su vida independiente y tratan de consolidar sus
fronteras sobre la base de jurisdicciones heredadas de su anterior condición
colonial y, en algunos casos, también de la ocupación de hecho de diversos espacios
territoriales, sea porque los consideran suyos o porque, al serles accesibles,
intentan hacerlos parte de su patrimonio.
Charles Marie de la Condamine había llevado, a
mediados del siglo XVII, noticias a Europa sobre la existencia del caucho en la
Amazonía. En suRelación Abreviada, publicada
en Francia en 1745, relata el uso quele daban indígenas amazónicos para hacer
algo parecido a plumillas del bádminton o a zapatos, así como diversos objetos
impermeabilizados. Entre estos últimos estaba una especie de odre con pico de
madera para llevar líquidos, similar a una jeringa, llamado en Brasil pão da xiringa, que es el origen de la
palabra portuguesa seringa y seringueiro que pasan al castellano
regional amazónico del Perú como shiringa y shiringuero.
El proceso de vulcanización del caucho,
descubierto por Charles Goodyear en Estados Unidos en 1839, había solucionadoel
problema de alteración del producto a causa de los cambios de temperatura y de
adhesión de piezas de caucho puestas en contacto. Un año después de haberlo
patentado en 1844, R.W. Thompson registró la llanta neumática en Inglaterra.
Desde entonces el uso del caucho se generalizó aceleradamente como aislante,
amortiguador de ferrocarriles y bandas de billar, al tiempo que se
perfeccionaban sus usos ya conocidos en la fabricación de zapatos, prendas
impermeables y aislante de cables. En 1888, John Dunlop reinventó la llanta
neumática que hasta entonces no había tenido el éxito deseado por Thompson, la
cual logró importancia debido al impulso de la industria de la bicicleta. Pocos
años más tarde, en 1895, se usaría también para automóviles. En los años
siguientes la demanda de caucho creció en Estados Unidos y en toda Europa como
consecuencia de su pujante desarrollo industrial. Su extracción en la Amazonía
se expandió entonces de manera acelerada.
Una de las regiones importantes de extracción
de gomas silvestres fue el espacio interfluvial comprendido entre la margen
izquierda del río Putumayo y,haciael norte, la derecha del Caquetá. Es decir,
uno de los dos bloques territoriales entregados por Perú a Colombia, mediante el
Tratado Salomón Lozano.
El río Putumayo se forma en el Nudo de los
Pastos, ubicado en la provincia ecuatoriana de Carchi y el departamento
colombiano de Nariño donde se reúnen los ramales de la Cordillera de los Andes queluego,
ya en territorio colombiano, se bifurcan en dos Cordilleras: la Occidental y la
Central. En su recorrido hacia el sureste, el Putumayo marca primero la
frontera de Ecuador con Colombia y luego la de este país con Perú, para
finalmente entrar a Brasil donde se lo conoce como Iça. Por su parte, el río
Caquetá nace en el departamento del Cauca, en Colombia, y atraviesa en su
recorrido, también hacia el sureste, los de Putumayo y Caquetá, antes de entrar
a Brasil con el nombre de Japurá.
Me he detenido en esto no por preciosismo
geográfico sino para tratar de enmarcar el problema de fronteras que está
implícito en el libro que hoy me han invitado apresentar. Ambos ríos nacen en
Colombia, y mientras el Putumayo sirve de límite entre ese país con Ecuador y
luego con Perú, el segundo nace en las regiones alto andinas de Colombia y discurre
enteramente en territorio de este país. Puedo completar la hipótesis que antes
esbocé, diciendo que de no haber existido gomas silvestres en la zona
interfluvial comprendida entre el Putumayo y el Caquetá, Perú no hubiese
reclamado ese territorio como propio y Colombia lo hubiese ocupado de una
manera natural, sin conflicto, dada su conexión fluvial con el resto del país.
Para Perú el Putumayo es hoy día una especie de extramuros del país. De Iquitos
a El Estrecho, capital de la recién creada provincia de Putumayo, se llega
actualmente en un viaje por río que demanda entre 15 y 20 días.
Enla disputa con Colombia, Perú tenía a su
favor “títulos de derecho”, como los califica Carlos Larrabure y Correa en su
folleto El Perú y Colombia en el Putumayo, publicado originalmente en 1913 y
republicado en 2005.Dice él: “El 15 de julio de 1802, el Rey de España expidió
una real cédula en la que se especificaba de una manera clara y terminante, que
todos los territorios bañados por los afluentes septentrionales de los ríos
Marañón y Amazonas, hasta donde por sus
saltos y raudales dejen de ser navegables[cursivas propias],y además las misiones de
Sucumbíos, quedaban organizados en una nueva entidad política y administrativa,
denominada Comandancia General de Maynas”. (Perú y Colombia en el Putumayo.
Imprenta Viuda de Luis Tasso. Barcelona, 1913.) Es cierto, como señala
Larrabure y Correa, que se trata de un título de derecho pero este es débil
frente a dinámicas sociales que, como en este caso, se vieron favorecidas por las
condiciones geográficas de la zona.
Esta condición del Putumayode río marginal respecto
alPerú explica por qué los colombianos llegaron antes a esa zona para explotar
las gomas silvestres: por existir vías fluviales que descendían del interior de
su país. De hecho, los dos centros gomeros importantes que llegó a tener la
Peruvian Amazon Company, empresa cuyo fundador y gerente fue Julio Cesar Arana,
son de aparición tardía respecto a la presencia colombiana. Uno de dichos
centros fue La Chorrera, en el Igaraparaná, que estaba en manos del cauchero
colombiano Benjamín Larrañaga. AllíArana recién interviene a partir de 1901,
año en que establece una sociedad con el colombiano. Cuatro años más tardela
empresaqueda enteramente en manos de Arana, yaque, raíz de la muerte de
Larrañaga, él le compra sus acciones a su hijo Rafael. El otro centro es El
Encanto, a orillas del Caraparaná, que hasta 1903, según relatael comerciante
colombiano Joaquín Rochaen su Memorando
de Viaje(Casa editorial El Mercurio. Bogotá, 1905) estaba en manos de sus
connacionales. Recién a partir de 1904 aparece Miguel Loayza como gerente de
este establecimiento perteneciente a la Peruvian Amazon Company.
Las disputas que se presentaron nada tenían
que ver con razones patrióticas, y si caucheros de ambos países defendían su
presencia en ese territorio era por afán de lucro personal de explotar un recurso valioso como
las gomas silvestres, que por entonces llenaba los ojos de ambición y los
bolsillos de dinero. La prueba está en que ni Colombia ni Perú recurrieron al
argumento de la soberanía nacional mientras las sociedades entre ciudadanos de
uno y otro país marcharon bien y solo reventaron cuando Arana quiso tener la
exclusividad sobre la zona. Incluso así, hubo colombianos trabajando para la
empresa de Arana. Es el caso, por ejemplo, de Víctor Macedo, gerente de La
Chorrera. Y en un nivel aun más importante, el de Rafael Reyes que llegó a ser
presidente de Colombia entre 1904 y 1909, quien formó una sociedad con
Arana.
No obstante, si bien todo lo dicho es válido
para la zona interfluvial comprendida entre el Putumayo y el Caquetá no lo es
para la del Trapecio Amazónico y de ese centro poblado creado por una fundación
oficial y por el cariño de la gente: Leticia. Haré ahora el mismo ejercicio de
descripción geográfica que realicé en el caso anterior para ubicar en el espacio al Putumayo y el
Caquetá. Desde un punto de vista estrictamente formal, el Trapecio Amazónico
parece ser producto de un mal dibujante del mapa de Colombia. Es un apéndice
extraño que se descuelga hacia el sur desde una de las esquinas de su
territorio. Es una especie de embudo en la que, a diferencia del dicho popular,
la parte ancha perjudica al contrario, es decir, a Perú. Para ubicarnos en el
espacio, el Trapecio tiene su lado más pequeño en la orilla derecha del
Putumayo, en territorio que hasta la firma del Tratado Salomón Lozano era
indiscutiblemente peruano, desde donde proyecta sus lados divergentes hasta
encontrar la margen izquierda del Amazonas, donde se halla Leticia. Es una
clarísima intromisión en un territorio que no estaba en disputa entre las
partes y que Colombia no sentía como suyo ya que reconocía la margen derecha
del Putumayo como peruana, y con mayor razón, el espacio interfluvial entre
este río y el Amazonas.
Las razones que llevaron al presidente Leguía
a ceder el territorio del Trapecio de más de11000 km2 sigue siendo un misterio. Traición a la patria, señalan algunos. Sí,
¿pero a cambio de qué?, porque sin interés personal de por medio, sin ganancia
individual, no existe traición, sino solo estupidez del ignorante. Y esta es
otra vez una hipótesis. ¿Qué sabían Leguía y sus ministros acerca de esta
porción del territorio nacional y de sus pobladores? La desaprensión con que
los políticos-y no me refiero solo a los del gobierno central sino también a
los que tenemos cerca- miran el patrimonio natural y social de la Nación es
total, como lo vemos a diario. Que algunas empresas destruyan y contaminen el
medioambiente, saqueen los recursos naturales y afecten la salud y las fuentes
de trabajo y riqueza de sus pobladores es algoque nos golpea diariamente, pero
que muchos políticos califican de desarrollo. No obstante en estos casos, la
corrupción con el afán de enriquecimiento indebido ofrece una explicación para
el comportamiento de dichos políticos. Pero, ¿cuál es la explicación en el caso
de la cesión del Trapecio Amazónico?
La acción cívica llevada a cabo por un grupo
de ciudadanos mayormente loretanos fue para rescatar a Leticia y al Trapecio,
no el espacio interfluvial comprendido entre el Putumayo y el Caquetá. Esto
último creo que se debió a dos razones: que nunca fue sentido como propio
porque su comunicación era con Colombia y no con Perú y porque a partir de 1915
el caucho, que era el producto que ambicionaban caucheros como Arana y otros,
dejó de ser importante por la caída de su precio en el mercado internacional.
El Tratado Salomón Lozano se firmó en 1922 cuando el caucho ya no valía nada.
El beneficio para Colombia de apropiarse del
Trapecio Amazónico es claro, porque este le ha permitido tener acceso directo
al Amazonas, convertirse en país ribereño de este río. Sin embargo, Colombia
era consciente de que este territorio no le pertenecía porque, repito, la
soberanía sobre la margen derecha del Putumayo no estaba en discusión. Y esto
debe haberlo recordado Colombia a lo largo del conflicto generado por la
recaptura de Leticia. Durante los 290 días que duró la presencia peruana en
Leticia, Colombia no hizo ningún intento por recapturar este poblado descolgado
de su territorio por las dificultades que enfrentaba la empresa. Para hacerlo solo
tenía dos alternativas: desplazar tropas atravesando el monte desde el Putumayo
hasta llegar en malas condiciones a Leticia o hacerlo por vía fluvial,
descendiendo el Putumayo, cruzando territorio brasileño hasta su desembocada en
el Amazonas y, desde allí, remontando el río hasta llegar a Leticia. Ninguna de
las dos vías le ofrecía a Colombia posibilidades de éxito por las dificultades
de dar apoyo logístico a sus tropas. Por esto planteó el combate en otro
escenario: el río Putumayo, donde Perú tenía muy pocas fortalezas a causa de
las dificultades de conexión de esta cuenca respecto al resto del país (que
puedo resumir diciendo que eran similares a las mismas de Colombia para acceder
al Amazonas), mientras que Colombia tenía fuerte presencia por el avance
colonizador, político y militar desarrollado desde su zona andina.
Los ataques en el Putumayo causaron la
destrucción de propiedades de peruanos establecidos en la cuenca y originaron
el traslado hacia el Napo y el Ampiyacu de población indígena que patrones
caucheros como Miguel Loayza habían llevado allí para utilizarla como mano de
obra en sus fundos. Pero esta es otra historia a la que no me voy a referir
ahora.
Termino destacando las virtudes de este libro
por estar bien escrito y, sobre todo, por abordar con espíritu crítico uno de
los tantos episodios vergonzosos de la historia nacional.
viernes, 13 de septiembre de 2019
TARDES DE INFANTES
Img. DR
I
A lo lejos se atiza
el fuego
mientras jugamos
escondidos
turgencias y
torrentes
la piel reconocida
los labios
temblorosos,
no somos lo que
fuimos.
II
La barrera adulta se
levanta
anulando el manantial
de la memoria
ni Freud ni los tabúes
explican o controlan
las dichas del
encuentro
la sangre que abochorna,
no somos lo que fuimos.
III
Sostengo las miradas
controlo la carne por
la carne
la piel que inunda
humedeciendo
el beso trunco la
caricia
el vientre taciturno,
no somos lo que fuimos.
IV
Jugábamos a ser
parejas
nuestros amigos los
hijos no tenidos
la comidita se
quemaba en la cocina
escondiendo nuestro
juego a los mayores
mientras quemaban las
caricias,
no somos lo que
fuimos.
V
Las yemas de los
dedos recorrían
las pálidas mejillas sorprendidas
y un beso enemigo del
infierno
robado en el candor
del juego
decía que existía el
cielo,
no somos lo que
fuimos.
jueves, 29 de agosto de 2019
A PROPÓSITO DE LOS 90 AÑOS DE LA RECUPERACIÓN DE TACNA AL PERÚ
El 1° de setiembre de 2019 se cumplen 87 años en que
un grupo de 57 patriotas peruanos, loretanos casi todos, rescataran Leticia,
territorio peruano amazónico que fuera entregado por un tratado lesivo a los intereses de la
patria por el presidente Augusto B. Leguía mediante el Tratado Salomón-Lozano
del 24 de marzo de 1922.
Queda para las nuevas generaciones de historiadores
y tratadistas descubrir los móviles que impulsaran tan lesivo arreglo que
afectaba a las poblaciones peruanas de la vasta zona del río Putumayo,
concediendo nadie sabe a qué precio, una enorme extensión territorial rica en
toda su naturaleza que alcanzaba cerca de ciento diez kilómetros de la ribera
izquierda del Amazonas, además de dejar bajo la jurisdicción de Colombia más de
cien mil kilómetros cuadrados, que es la extensión de la zona comprendida entre
la margen izquierda del río Putumayo al río Caquetá y la faja entre el Putumayo y el Amazonas.
Img. DR
Como decimos líneas arriba, pasados más de diez años
del infausto Tratado y desarraigados los loretanos de la tierra que siempre fue
suya, armados de valor y con creaciones previas de la Junta Patriótica de
Loreto en Iquitos, ingresaron a Leticia, arriaron la bandera ajena, izaron la
bandera peruana y expulsaron a las autoridades colombianas, el 1° de setiembre
de 1932.
Img. DR
Es nuestro deber dar a conocer los nombres de cada
uno de estos patriotas y con el reconocimiento que se merecen, solicitar a las
autoridades nacionales se designe el 1° de setiembre de todos los años como
“Día de la dignidad loretana”.
De IQUITOS
Oscar H. Ordóñez de la Haza.
Juan Francisco La Rosa.
Pedro Mathews Soria.
Roberto Zumaeta.
Manuel Tapullima.
Pedro Antonio Peña.
Demetrio Sifuentes.
Víctor Orbe Orbe.
De CABALLO COCHA
Arístides Lozano.
Domingo Gárate.
Leonidas Malafaya.
Carlos Lozano.
Enrique Sáenz.
Teodorico Oyarce.
Hernán Hernández.
Andrés Jarama.
Darío Olortegui.
Felipe Acosta.
Homero Rodríguez.
Humberto Villacorta.
Francisco Sáenz.
Francisco N. Rasma.
José Anahuanari.
Emilio Pinedo.
Antonio Tapayuri.
Juan Ahuanari.
Néstor Santillán.
Elías Dávila.
Francisco Franco.
César García.
Leoncio López.
Manuel Matute.
Francisco Pinedo del Águila.
Eduardo Arimuya.
Gerardo Malafaya.
Anselmo Pereira.
Miguel Vásquez.
Pedro Dávila.
Alejandro Vásquez.
José Gabrielli Lucas.
Juan Villacorta.
Francisco Romero.
Manuel Elespuru.
Oscar Romero.
José María Reyna.
De ISLA YAHUMA
Alejandro Gonzáles.
Juan Panduro.
Inocente Angulo.
Antonio Carihuasi.
Miguel Díaz.
Marcial Vigo.
De ISLA TARMA
Alcibiades Silva.
Doroteo del Castillo.
Julián Hidalgo.
Juan Alván.
Enrique Hidalgo.
Cristóbal Moreno.
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