lunes, 19 de septiembre de 2022

COMBATE DE LA PEDRERA

 

El 10 de julio de 1911 habiendo efectuado a medio día en secreto
una lenta y difícil travesía fluvial, llegó la expedición peruana a proximidades
de La Pedrera. El comandante Benavides envió en un bote,
como parlamentario al sub-tnte. Alberto Bergerie con las banderas peruana
y blanca, un corneta y bogas, ante el comando colombiano,
intimando la desocupación de la margen peruana en el plazo de dos
horas a contarse del momento en que los colombianos tomaran conocimiento del “ultimatum” y advirtiéndoles que si se notaban movimientos
sospechosos o actitudes hostiles, se procedería de inmediato por lafuerza; invocaba también las reglas del derecho internacional del tratamiento a los parlamentarios.

El general Gamboa que había destacado tropas al mando del
general Gabriel Valencia a Puerto Córdova, aguas arriba de La Pedrera
y a un día de camino de este lugar, solicitó que se postergara el plazo a
dos días para dar una respuesta definitiva. El jefe peruano expresó
que la proposición era inaceptable y que por lo consiguiente, al expirar
las dos horas señaladas, se procedería a hacer uso de la fuerza para
la desocupación y hacer respetar la integridad del territorio patrio (1).

La Pedrera está situada en una elevación rocosa del terreno que
domina completamente el río, en la margen derecha del Pure, afluente
del Caquetá. Aguas abajo del campamento colombiano, el terreno es
bajo e inundable, aguas arriba del río es abordable. Frente a la guarnición
existe una “cashuera” formada por una línea de rocas unidas
por un fondo bajo y pedregoso, haciendo que el agua adquiera gran
velocidad al pasar entre ellas, formando fuertes remolinos en los extremos.
Esta “cashuera” no había sido pasada hasta entonces por ninguna
embarcación. Las tropas del general Gamboa se habían atrincherado
a lo largo de la orilla. El campamento se hallaba despejado y
rodeado de vegetación alta. En los alrededores de la guarnición colocaron minas para reforzar la defensa.

Dadas las condiciones del terreno, sólo un movimiento envolvente aguas arriba de la guarnición colombiana, permitiría el desembarco de las tropas peruanas y con ello atacar el flanco de la posición defensiva y luego fijar al enemigo de frente con la “América”. Este fue justamente el plan del jefe peruano; pero para ejecutar la primera fase era necesario que la cañonera peruana venciera el fuerte obstáculo natural que ofrecía la “cashuera”.

Terminado el plazo dado por el comandante Benavides, la cañonera “América” inició el desplazamiento, seguida por la “Loreto” que conducía tropas de desembarco; la “Tarapoto” y la “Estefita” quedaron amarradas con las tropas de reserva en la cabeza de la isla. Eran las 1520 horas. Este movimiento originó fuerte descarga de fusilería de parte de los colombianos, la cual aumentaba conforme el avance de los peruanos.
El tnte. Clavero en la “América” cubría a la “Loreto” en rumbo decididamente para atacar la posición enemiga. Estando limitada su maniobra al canal de navegación del río, esperó el momento oportuno para emplear sus cañones. A las 1620 horas el cañón de proa manejado personalmente por el tnte. Mercado, hizo el primer disparo, los que luego se sucedieron. La “América” se aproximó hasta 150 mts. de tierra hundiendo la lanchita colombiana de enlace, más no consiguiendo desembarcar las tropas peruanas del transporte “Loreto”, debido al intenso fuego de sus defensores.
Las cuatro veces que efectuó esta maniobra fracasó, regresando
a amarrarse a la isla a 1830 horas con la “Loreto”, habiendo sufrido ambas fuertes bajas. Murieron en esta acción el sub-teniente Alberto E. Bergerie en la “América” y el Teniente César Pinglo en la “Loreto” y además algunos soldados y marineros Fueron enterrados en la margen derecha del río aguas abajo de la posición colombiana, frente a la isla.
Los heridos se trasladaron a la “Tarapoto”.
Como justo homenaje a la memoria de estos oficiales las guarniciones peruanas de Pinglo en el Marañón y de Bergerie en el Putumayo llevan sus nombres.

Durante la noche de ese día en medio de una lluvia torrencial, la “América” en completo obscurecimiento efectuó fuego de hostigamiento sobre la guarnición colombiana, a fin de mantener en constante intranquilidad a la tropa enemiga en la creencia de un posible desembarco nocturno y disminuir su moral.
Al día siguiente 11, se reinició el combate entre las 10 y 11 horas habiéndose tenido que suspender entre las 14 y 16 horas por no haber obtenido ningún resultado positivo En ese día murió en la acción el contramaestre señalero José Navarro Solano primer apuntador de la pieza de popa.
Decididamente, no era ese el camino a seguir. Así lo comprendió el comandante Benavides, quien convocó una reunión a la que asistieron todos los oficiales, acordándose en ella forzar la cashuera y desembarcar
aguas arriba de la posición colombiana para atacar su flanco
izquierdo. La “América” debería luego fijar a los defensores atacándolos
por el frente. Se reunió a toda la tripulación y la tropa, arengándolos
ante la tumba de los oficiales, tripulantes y soldados muertos en la acción.
El día 12 a las 1045 horas avanzaron la “América” y la “Loreto”
en el orden indicado, resueltamente para forzar la “cashuera”. Entonces
ya se habían reforzado las tropas del general Gamboa con las del
general Valencia, procedente de Puerto Córdova y con los indios witotos
quienes con fusiles Winchester, disparaban desde los árboles.
La “América” soportando este intenso fuego continuó su avance
hacia la cashuera, quedando a 100 metros de la orilla, prácticamente
estacionaria debido a la fuerte correntada a pesar de dar toda fuerza
avante con sus máquinas. Esta situación la aprovecharon los colombianos,
que concentraron sus fuegos sobre ella barriendo la cubierta y
perforando sus planchas. Acribillada a balazos, Clavero da la orden de
levantar la presión de vapor hasta que “reventara la caldera”, logrando al fin después de 15 minutos, que la potencia de las máquinas vencieran
la corriente, el obstáculo natural insalvable que creían los colombianos.
Sólo el acendrado patriotismo de esos hombres, su valor y la decidida
voluntad de triunfar, pudieron más que esas caudalosas aguas.

La “Loreto” siguiendo la estela de la “América” y a pesar de habérsele
trabado el timón, logró también forzar el paso.
Libres del obstáculo natural, se dirigieron rápidamente a la margen
derecha del río como estaba planeado, donde desembarcaron las
tropas que atacaron al enemigo por su flanco izquierdo buscando la
retaguardia.
Mientras tanto la América’ regresaba para situarse frente a las
trincheras colombianas atacándolas decididamente y protegiendo el
avance de nuestras tropas.
El resultado del combate no se hizo esperar. Quienes habían invadido
nuestro territorio, sorprendidos por la brava maniobra de la
“América” y viéndose atacados por ambos frentes y que sus minas fallaron,
abandonaron sus posiciones internándose en el monte por una trocha
prevista a territorio del Brasil, dejando a sus muertos y pertrechos
Entre los invasores cayó prisionero el general Gamboa. Por nuestra
parte sufrimos muchas bajas. La “América” tuvo 38 impactos en su
casco y superestructura que luce actualmente orgullosa como prueba
fehaciente de su valiente actuación, los cuales intencionalmente no han
sido reparados.
En las últimas horas de la tarde de aquel memorable 12 de julio
de 1911 fue izado el pabellón peruano, ratificando nuestra integridad nacional en ese rincón de nuestra selva amazónica.

(1) Apuntes sobre algunas acciones de armas libradas en el teatro del nor-oriente,      Tnte. Crnl. Dn. Luís Velásquez del Carpio. Revista de Artillería N 30. 

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