martes, 19 de febrero de 2019

PARA VER EN EL TEATRO UNIVERSITARIO DE SAN MARCOS.

Todos los sábados de febrero y marzo, 7 p.m.
Hermanos enemigos

Apta para mayores de 14 años.
La obra de ficción se divide en dos actos y narra los desencuentros de Alejandro Vilca, general del Ejército peruano,

 y sus hijos: Rogelio, Esteban y Marco. En medio de una crisis nacional producto de un golpe de Estado, el gral. Vilca y sus aliados militares planean un derrocamiento y la toma de la presidencia del país. Entre sus hijos, solo Esteban heredó la vena militar: Rogelio lidera un movimiento estudiantil y popular, mientras que Marco ejerce la vida sacerdotal.

 La actitud contestataria y antimilitarista de Rogelio colisiona con la ambición de su padre, lo que producirá un enfrentamiento de diversos frentes a donde los otros hermanos son también arrastrados, convirtiéndose en enemigos. Un clima de crisis social y levantamientos civiles influye directamente en esta relación familiar, en la que cada miembro será descrito según sus actitudes, lealtades, sufrimientos y decisiones.

Nota: Todos los personajes de la obra son de ficción, ninguno corresponde a la realidad.
Sobre el autor: El Dr. Humberto Napurí Jordán es dramaturgo y psiquiatra por la UNMSM. Ganó el Premio Nacional de Teatro en 1958.



Fue director del Teatro Universitario de San Marcos en 1956, gestión recordada por su ardua dedicación al engrandecimiento de las artes escénicas en la Decana de América. Autor de diversas obras, presenta esta propuesta teatral luego de un primer montaje en 2017 junto al elenco actoral del TUSM, año en el que presentó la obra Nina.


Dirección: Augusto Cáceres Álvarez. Actúa: Elenco del TUSM. Duración: 120 minutos.
fuente: http://centrocultural.unmsm.edu.pe

domingo, 13 de enero de 2019

LA SELVA EN LA GUERRA CON CHILE.


 A punto de cumplir 138 años de la Batalla de Miraflores del 15 de enero de 1881, es bueno recordar la gesta de muchos amazónicos que a marchas forzadas vinieran desde los más recóndito parajes a defender a la patria amenazada por el voraz invasor.



                                                                Foto:  DR


Distancias y aislamiento que entonces separaba a la selva del escenario de la guerra de conquista chilena contra Perú y Bolivia, declarada el 5 de abril de 1879, no melló en absoluto el espíritu patriótico de la población selvática. Al primer toque de clarines de guerra, numerosos jóvenes se vuelcan a las calles pidiendo incorporarse a las filas del ejército; mientras la población en general, en un gran despliegue de profundo sentimiento patriótico, no regatea con sus óbolos voluntarios, para la adquisición de armas y pertrechos.
En Tarapoto, el 20 de junio de 1 880, el gobernador del distrito, en atención a una nota oficial recibida de la subprefectura de Moyobamba, transcribiendo un oficio del Prefecto y Comandante General del Departamento, prepara y remite un contingente de 80 hombres destinados para la guerra con Chile.. El documento oficial decía: "Esta subprefectura ha recibido orden terminante del señor Prefecto y Comandante General del Departamento, para remitirlo inmediatamente 150 hombres que formarán el resto del contingente destinado a la guerra, quienes deben partir con destino a la Capital del Departamento, el día 25 del momento mes y en consecuencia ordeno a Ud. que tan pronto reciba esta comunicación, proceda a reunir el número de 80 hombres que toca suministrar al distrito de su mando con la mayor puntualidad".

El 24 de setiembre de 1 879, en una gran cruzada en pro de la patria agredida, se logra recolectar 623 soles y 20 centavos, entre los pueblos de Tarapoto y Chazuta, para ser destinados al pago del empréstito que el país se había visto forzado a realizar para la defensa nacional. El llamado de la patria violentada y agredida, por un vecino ambicioso y expansionista, no tarda entonces en llegar tramontando elevadas cordilleras envueltas de grandes mantos de hielo. La Amazonía hasta entonces solamente se vinculaba con el resto del país, a través de largas, escabrosas y empinadas trochas que rompían las cordilleras por el lado sur, vía Ucayali - Pichis y por el norte Moyobamba - Chiclayo. La otra vía, era el Amazonas, Atlántico y Pacífico. Todas significaban muchas semanas y hasta meses de penosas travesías.
Chile desde hacían más de diez años venía preparándose para la guerra; mientras en el Perú, ajenos a esa realidad, políticos, caudillos y sectores de los mandos militares, se disputaban agriamente el poder político. El país, vivía en permanentes revueltas y alzamientos militares y civiles, trayendo consigo nuestra inestabilidad política y económica. Durante ese lapso, Chile se arma, adiestra y tecnifica su ejército. Adquiere una poderosísima flota marítima, formada principalmente por dos acorazados fabricados entre 1874 y 1875, con equipos de potente artillería y dos corbetas suficientemente dotadas de armas y tres cañoneras. Su poderío era tan grande, que, solamente un acorazado, tenía mayor capacidad de fuego, mayor a toda la que tenía junta nuestra marina. En la preparación de su ejército, habían puesto mayor interés en su artillería. Dotados de modernos cañones de campaña Krupp y Armstrong y también de piezas Gatling y Nordenfelt.
Mientras los cañones nuestros, habían sido anticuadamente diseñados y fabricados toscamente en las factorías de Lima, La infantería enemiga tenía armamentos uniformes y buenos. Modernos fusiles, principalmente Comblain; a diferencia a los del Perú que carecían de uniformidad y de armas de infantería. Predominaban los fusiles Martini - Peabody. Bolivia, supuestamente nuestro aliado, tenía su infantería mucho peor. Arcaicos fusiles de pedernal y no más de 1 500 carabinas winchester. En caballería, el vecino del sur, poseía armamentos más homogéneos: sables y rifles winchester. En los nuestros había una diversidad, aunque predominaban rifles winchester.
Los chilenos hasta se habían provisto en sus mandos, no solamente de oficiales ingleses y alemanes, sino que a sus principales cuadros los habían enviado a recibir entrenamiento y formación en Europa; mientras en su país, habían organizado academias especializadas con instructores europeos, De ahí que entre sus mandos aparecen los apellidos Condell, Cox, Christie, Edwards, Leighton, Linch, Macpherson, Prat, Rogers, Simpson, Smith, Somper, Stephens, Thomson, Walker, Warner, Williams, Wilson y Wood.
Los nuestros, solamente tenían entrenamientos adquiridos en las guerras y alzamientos internos. Marchaban al frente de batalla pobremente apertrechada y hasta mal vestidos. Ropas y zapatos parecidos a pobres limosneros. Las fuerzas bolivianas mucho peor. En su mayoría no llevaban ni siquiera zapatos viejos. Los gobernantes, caudillos militares y civiles, andaban enfrascados en fratricidas revueltas. Unos, por conservar el poder o perpetuarse. Otros, por derribar al gobernante de turno. Pobre Perú. Pero, no todos fueron así. Hubo grandes personajes civiles y militares, que se sacrificaron con mucho patriotismo en las horas más aciagas de la patria: Grau, Bolognesi, Ugarte, entre ellos muchos loretanos también. 
Los toques de cornetas, clarines y tambores de la patria, resonaron hasta los confines de los bosques amazónicos, convocando a sus hijos a defenderla. La patria estaba siendo ferozmente agredida, y herida. Por punas y por encima de las escarpadas cordilleras, tramontan voces de llamamiento, que ponen en alerta viril a sus juventudes. Hay un gran despertar patriótico en todos los sectores y edades. Aflora el pundonor y coraje guerrero de sus ancestros. De los que en la selva, por siglos resistieron y combatieron la invasión española.
En menos de tres meses de iniciada la guerra, tal vez, antes de otros departamentos más cercanos al escenario, desde Loreto capital Moyobamba, marcha sobre Lima, una primera columna volante de 140 jóvenes, comandados por el Sargento Mayor don Marcelino del Castillo, segundo jefe Sargento Mayor Elías Albán y tercero, el de igual grado don Enrique Pardo. Entonces gobernaba el Perú, desde el 4 de agosto de 1876, el huanuqueño general Mariano Ignacio Prado y debería concluir su mandato en diciembre de 1879. Prado en medio de la guerra decide salir del país justificando que iba a comprar armamentos. Fue duramente cuestionada su inoportuna salida del país.

Mientras nuestros soldados morían en los campos de guerra y los chilenos inconteniblemente avanzaban hacia Lima; los caudillos seguían disputándose el poder. En medio de la tormenta, en diciembre de aquel año, asume el poder el general Luis de La Puerta. Sin embargo, el 27 del mismo mes, es obligado a dimitir y asume la presidencia el camanejo Nicolás de Piérola. Su mandato se prolonga hasta el 15 de enero de 1881 y es reemplazado por el arequipeño doctor Francisco García Calderón, que asume el 11 de marzo y deja el poder el 6 de noviembre del mismo año, cuando es apresado y deportado a Chile. En su reemplazo asciende al poder, el piurano, Contralmirante Lizardo Montero, cuyo mandato concluye el 9 de octubre de 1883.
 
En tanto eso ocurría, la primera columna selvática "Guardia de Honor" llegaba a Lima, después de 1,500 kilómetros de caminata. Habían transcurrido tres meses de iniciada la guerra. Se integran a uno de los batallones que se preparaba para salir al frente de las operaciones bélicas. En esos intermedios, la columna "charapa", Guardia de Honor, el 21 de diciembre de 1879, en la calle Trapitos y Plaza de la Inquisición - Bolívar - tiene el honor de intervenir en el develamiento de un nuevo intento de golpe contra el gobierno legalmente constituido. Peleando allí, entre peruanos, mueren varios de nuestros soldados loretanos. En mayo de 1880, con el nombre de Batallón Cazadores de Piérola, sale otro contingente de 600 hombres. 
El 26 de mayo de 1880, en Moyobamba, el Prefecto y Comandante General de Loreto, don David Arévalo Villacis, hace público un documento dirigido a la población sanmartinense que decía: Atendiendo: 1.- A que la provincia de Moyobamba, ha contribuido con el contingente de hombres que se le ha designado para la formación del Batallón Cazadores de Píerola No.2, por cuyo motivo merece las consideraciones y gratitud de esta Prefectura y Comandancia General. 2.- Que habiendo marchado ya el expresado batallón, ha desaparecido la causa de los infundados temores que alejó a muchos de sus hogares.
DECLARO: Que todo los hijos de esta provincia, que permanecen aún ocultos, pueden regresar al seno de sus familiares y dedicarse libremente a sus ocupaciones ordinarias, con la seguridad de que no serán enrolados en el ejército activo, salvo el caso, de que las emergencias de la guerra, en que se encuentra empeñada la república, exijan un nuevo sacrificio a esta Provincia. El Subprefecto del cercado queda encargado de hacer publicar por bando, esta declaración, en los pueblos de su mando, para que llegue a conocimiento de todos los habitantes de ellos. Moyobamba Mayo 26 de 1880. Firmado David Arévalo Villacis"
Cuando el Batallón Cazadores de Piérola, llega a Chiclayo comandado por el coronel provisional Daniel Bardales Arévalo, segundo jefe, teniente coronel, Doroteo Arévalo Villacis y tercero, sargento mayor Otoniel Melena, no encuentran nave que los trasladara a Lima, por lo que se ven obligados a continuar a pie el recorrido. Por todo el litoral de los departamentos de La Libertad, Ancash y Lima. El Perú, para eso, ya había perdido toda su escuadra. En Lima, integrados al batallón comandado por el coronel Miguel Iglesias participan heroicamente en la batalla de Chorrillos.
Más tarde, un tercer batallón de 500 hombres, que se preparaba para partir a órdenes del coronel Alfredo Coret es disuelto. Había llegado la fatal noticia de los desastres sufridos en las batallas de San Juan, Chorrillos y Miraflores. Equivocadamente las autoridades al parecer creyeron que ya nada había que hacer. El gran problema para la región era la distancia. Las informaciones no solamente llegaban muy retrasadas, sino hasta distorsionadas. Chile había invadido Lima con furia y venganza. 
En la selva se han dado muchos e interesantes casos de patriotismo, durante la guerra con Chile, a pesar de las distancias y faltas de medios de comunicación: pundonor, valor, coraje y renunciamiento a la vida por la patria, que la historia regional debe recordarla siempre, para que sirva de permanente ejemplo a las generaciones del presente y del futuro. Un joven francés de nombre Pedro Dugué que había llegado a Iquitos de secretario del Marquez de Tilly, Conde Tourón, en circunstancias que un batallón de voluntarios, al mando de Miguel Noriega, se embarcaba con destino al frente de guerra, se presenta y pide ser incorporado en las fuerzas loretanas. Quiero enrolarme en las fuerzas loretanas para ir a defender al Perú. Dijo en su castellano aprendiz al jefe del batallón. El joven francés, peleando heroicamente con el grado de sargento, entregó su vida en la batalla de Miraflores,
El riojano don Francisco del Castillo, con los años cargados y la salud quebrantada, embargado de profunda emoción patriótica y expresando su pesar de no poder hacerlo personalmente, se presenta al jefe del batallón Cazadores de Piérola, mientras la tropa disciplinadamente se preparaba en la Plaza de Armas de Rioja, para partir hacia Lima, y dice, "vengo a pedir el enrolamiento de mis dos únicos mellizos: Tomás y Faustino para que vayan a defender la patria, Yo, por mi salud y los años que tengo encima, no lo puedo hacer a pesar mío" recalcó al oficial jefe del batallón.. Los dos hermanos murieron el 15 de enero de 1881, combatiendo en la batalla de Miraflores.

                                                        
                                                       Foto: DR
 
Setecientos cuarenta hombres debidamente registrados habían aportado la Amazonía para la guerra del Pacífico. Son numerosos los que envueltos entre los paños del bicolor nacional dejaron regada su sangre y huesos en los campos de batalla, formando el batallón de los soldados desconocidos. 
El 25 de mayo de 1880, el moyobambino Guardia Marina Emilio J. San Martín, en el combate del Callao, entre los buques chilenos "Guacolda y Janequeo" y la peruana "Independencia", comandada por el teniente de marina don José Gálvez, el marino loretano legó a la posteridad ejemplo de coraje y pundonor. La Independencia por efectos de un torpedo, empezaba a hundirse y José Gálvez gravemente herido, seguía dirigiendo el combate. El loretano en esas circunstancias que se hundía su buque, estudia y ensaya cuidadosamente los hilos eléctricos y en un arrojo de valentía y coraje, frío e imperturbable, prepara su revólver y dispara sobre el torpedo de cien libras de dinamita que llevaba su nave. 
Las dos naves contrincantes, peruana y chilena, mortalmente averiadas, comienzan a ser tragadas por el Pacífico, mientras su olas se batían, en señal de bienvenida a los valientes soldados peruanos que entregaban su vida por el honor de la patria. Allí se hallaba también el practicante de medicina Manuel S. Ugarte. Todos ruedan a los abismos del mar en apuesta y atrevida acción. En minutos, el inmenso océano se convertía en digno sepulcro de tan valerosos hombres, entre ellos el guardia marina loretano.
Francisco Vásquez, joven adolescente de 17 años y huérfano de padre. Era de Moyobamba. Aprovecha las tinieblas de la noche y fuga de su casa. Momentos antes, una columna había partido de Moyobamba con dirección a Rioja, en tránsito hacia Lima. Eran las ocho y sin más provisiones que una alforja vacía sobre los hombros y desnudos los pies, apresuradamente toma el camino y da alcance a la tropa. Pide integrarse y marcha con destino a la guerra. Meses después, también ofrenda su vida en la batalla de Miraflores. Una bomba enemiga lo había destrozado su cráneo, sin embargo tuvo tiempo antes de expirar para decir: !Viva el Perú, Viva Loreto carajo!
 
                                                         Foto  DR


En la batalla de San Juan, ofrendan su vida entre otros loretanos, el teniente de artillería Adolfo Gómez Montalván y el de infantería de ejército Julio Bellido. En la batalla de San Francisco los sargentos primeros, Agustín Matute, Santos Rengifo y Juan B. Jaña. En la batalla de Tarapacá - 27 de noviembre - el subteniente del batallón Puno No. 6, Fructuoso Hernández y los sargentos primeros, José Reyes Beltrán, Francisco y Manuel Díaz, ambos de la Escuela de Clases. En Miraflores, los oficiales Pablo Montalván y Enrique Guerra. De Lamas, en la batalla de San Juan: Juan de la Mata Sandoval y José Nicolás Gómez y Pérez. En Miraflores, los soldados Abel Trigoso y Abrahám Saldaña. En diversas batallas los soldados Jesús Vásquez, Juan José Rengifo, Manuel Lozano, Juan de Dios Tuesta y Juan de Dios Ruiz.
De Morales, provincia San Martín, los soldados Hildefonso Dávila y Liberato Arévalo. En Miraflores Abel Arévalo. Del Ucayali, en la batalla del Campo de la Alianza, el soldado Carlos Herrera. De Iquitos, en Miraflores, los soldados Francisco Eladio Manzanares y Pedro Torres. De Saposoa, en San Francisco, los soldados Santos Rengifo y Santiago Silva. En San Juan, Abelino Rengifo. De Yurimaguas, en Miraflores: Espíritu Salinas y en San Juan, el soldado Pedro Toreros.
De Moyobamba, en el combate naval del Callao, el Guardia Marina Emilio J.S. San Martín. En el Campo de la Alianza, el teniente Julio César Cárdenas. En San Francisco, Agustín Matute, Pedro Rengifo, Cosme Damián Rengifo, Felipe Rengifo, Federico Estrella, Juan de Mata Valera y Manuel Muñoz. En Tarapacá, Francisco Fachín y Francisco Díaz. En San Juan, el teniente Julio Bellido y los soldados Adolfo Gómez Montalván, Fernando Rengifo y Biviano Perea. En Miraflores, el subteniente Francisco Milliari, Pablo Montalván, Juan Bardales, Francisco Charpentier, Enrique Guerra, José Mercedes Rengifo, Martín López, Francisco Vásquez y Salmón Mesía.
En diversos combates: Toribio Ochoa, Tomás Mejía, Francisco Peña, Eugenio Olórtegui, Pasión Sánchez, Francisco Arévalo, Carlos Petroviz, José del Carmen Rodríguez, Antonio Mori, Juan José Vargas, Santiago Vela, Juan Guerra, Esteban del Aguila Rengifo, Juan José Alvarez. De Soritor, Isaac Noriega y de Calzada, Anselmo Navarro.
De Rioja, en la batalla de Tarapacá, el subteniente Fructuoso Hernández, Emiliano Castillo, Tomás Castillo y José Reyes Beltrán. En San Juan, Julián Rodríguez, Fernando Sánchez, Bonifacio Rodríguez y Nicolás Reátegui. En Miraflores: los soldados Froilán Portocarrero y Gregorio Maldonado. En diversos combates, Eleodoro Mozombite, Inocente Hidalgo, Pedro C. Valera, David y Miguel Moncada, José Teronco y Teodoro Guerra. De Tarapoto, en San Francisco, los soldados Juan B. Jaña y Juan Rengifo. En diversos combate, los soldados Nicolás del Aguila, Dionicio Angulo, Domingo Arévalo, José de la Paz Sánchez Alonso, Juan Arévalo y Melchor Rubio.

El 9 de agosto de 1905, la Sociedad Unión Loretana, presidida por Leonardo Velázquez, autorizados por el Alcalde Cáceres, levanta en Iquitos, un monumento destinado a perennizar y honrar la memoria de los héroes amazónicos caídos en la infausta guerra del Pacifico.

martes, 13 de noviembre de 2018

…porque no todos somos iguales. Alberto Chirif.




A raíz de un asesinato-cuyos detalles expongo más adelante- y el comportamiento de las instituciones encargada de velar por la paz y la justicia en el país, Marco Ramírez Colombier,   del Programa de Cultura y Comunicación Indígena, de la institución Chirapaq, me ha pedido responder las siguientes preguntas:

- ¿Cuáles, en su opinión, son las razones de fondo para la falta de protección por parte del sistema de justicia hacia las mujeres indígenas?
- ¿Qué debe hacer el sistema de Justicia para evitar que sigan ocurriendo este tipo de casos?

*****
Creo que la falta de protección en el sistema judicial es un problema general que afecta tanto a mujeres como a hombres aunque, como lo digo más adelante, en efecto si la víctima es mujer y además indígena, la desprotección se agrava. Existe una  canción de Rubén Blades llamada “Desaparecidos”,que se refiere a personas secuestradas por las dictaduras que nunca vuelven a aparecer y a las que solo raras veces se les hace justicia. En una parte de la canción el coro pregunta: “¿Y por qué es que se desaparecen?” y el cantante (Blades) responde: “Porque no todos somos iguales”.

No obstante que la canción da cuenta de una realidad específica, como es la prepotencia e injusticia instaladas por regímenes dictatoriales, la pregunta que formula y la respuesta que da son perfectamente aplicables al caso de doña Rosa Andrade Ocagane, de 67 años de edad, del pueblo indígena Ocaina, asesinada el 25 de noviembre de 2016, en su comunidad, Nueva Esperanza, ubicada en el río Yaguasyacu, afluente del Ampiyacu, en el distrito de Pebas, provincia de Ramón Castilla, en Loreto. Es decir en un lugar remoto, “donde el diablo perdió el poncho”, para decirlo con un lugar común, aunque el hecho en sí –la lejanía- fue un criterio determinante en la actuación de las autoridades que debieron investigar el crimen.

Así es. En el Perú no todos somos iguales, y las desigualdades están determinadas por el acceso al poder, el cual depende de cuánto dinero tiene una persona. Doña Rosa Andrade poseía como mayor riqueza su alma hermosa, su simpatía y su sabiduría para vivir con alegría. Es decir, cualidades preciosas, inmejorables, pero ninguna con valor de mercado que es lo que otorga poder a una persona en una sociedad marcada por las desigualdades, como la peruana. En esta, tener dinero convierte a una persona en respetable y digna de ser tomada en cuenta en caso de que sea víctima de algún atropello. Si el dinero le ha permitido acercarse a los círculos de poder político-ministros, funcionarios de alto rango o al mismo presidente-su respetabilidad se acrecentará y la atención que la justicia le preste será mayor. Recuerdo, aunque no con detalles, el caso de un personaje amigo del expresidente Alejandro Toledo que sufrió el secuestro de un familiar. La policía en pleno se movilizó y lo encontró en tiempo récord. En cambio, otros que carecen de estos vínculos nunca llegan a encontrar a sus allegados, unas veces por falta de empeño de las autoridades y otras, porque estas obstruyen cada intento.

Pero las relaciones de poder no siempre están al servicio de una causa que, no obstante las motivaciones, de todas maneras podemos calificar de positiva, como es encontrar a una persona secuestrada o a los responsables de un robo. En el ejemplo que he citado, no cuestiono el resultado sino el método que privilegia un caso y olvida cientos igualmente dramáticos. Los recientes audios difundidos por los medios han dado pruebas irrefutables de algo que ya se sabía en el país: la corrupción en el Poder Judicial y la manera cómo asesinos, ladrones, violadores y, en definitiva, todo tipo de delincuentes, negocian con sus colegas vestidos de jueces, las penas, los plazos, las inocencias y las liberaciones.

Doña Rosa, que en su corazón bueno no debe haber ni siquiera imaginado la existencia de tramas tan perversas, no fue víctima de una conspiración maligna de jueces que negociaron la libertad de su presunto asesino a cambio de dinero, recurso que con seguridad este tampoco debe haber tenido. Fue sí la victima de la sentencia pronunciada por Blades, de que no todos somos iguales, e instalada en la sociedad peruana. Fue víctima del loco que la mató (ninguna persona en su sano juicio hubiera podido cometer acto tan bárbaro contra una mujer buena e indefensa) y, luego, de un sistema establecido para cumplir con la apariencia de que el Estado está presente. Una Policía aburrida en su emplazamiento, un triste recinto en Pebas, la capital distrital, sin dinero para la gasolina que le permite trasladarse-en algo más de una hora- hasta una comunidad a la que probablemente nunca antes ha visitado. Pero al final tuvo que ir para recibir al sospechoso que la comunidad, en la que todos son familiares, había capturado. Recogió el machete manchado de sangre del capturado, supuesta arma asesina, y lo envió, junto con su dueño, a Caballococha, capital provincial, ubicada a muchas horas aguas abajo de viaje en lancha de pasajeros. Allí funciona la Fiscalía que también cumple con el rito de la apariencia, de la fantasía, que satisface al Estado.

En la Fiscalía se interroga al sospechoso que dice que él no fue y que la sangre en el machete es de una animal que ha destazado. Listo. No se compara la sangre de la herramienta con la de la víctima ni, según la Defensoría del Pueblo, la que mancha la ropa del sospechoso con la de doña Rosa, cuyo cadáver tampoco es revisado para ver si tiene algún resto (cabellos, piel u otros) que permita establecer una relación con el sospechoso. Después de esta investigación, el Juzgado de Paz Letrado de la provincia declara infundado el pedido de prisión preventiva que había formulado la Fiscalía, y ante esto, esta última solicita el archivamiento del caso. Y así se hace.

Lo concreto, sin embargo, es que doña Rosa fue asesinada. Si no fue el sospechoso, ¿quién fue? Los casos penales, a diferencia de los civiles, no son susceptibles de ser negociados entre las partes. En estos, el agraviado es el Estado que tiene el mandato, como fin supremo, de defender a la persona humana y respetar su dignidad. Así lo dice la Constitución en su primer artículo. Archivar un caso por flojera y por eludir las incomodidades de tener que investigar, actitudes que se manifiestan en este caso por tratarse de una víctima que reúne todas las características que identifican a los grupos más vulnerables de nuestro entramado social, es una actitud que abiertamente transgrede lo establecido en dicho mandato. Esas características son-sin que el orden en que las enumero implique necesariamente prioridad-: indígena, mujer y sin poder. Son las que determinan que no todos somos iguales.  

Qué debe hacer el sistema de justicia para evitar que sigan ocurriendo casos como este, tal vez no sea una buena pregunta. Un poco más adecuado sería decir qué se debe hacer con dicho sistema para lograr ese fin, aunque la pregunta más precisa sería indagar acerca del tipo de sociedad que tenemos, que es la que permite que el Poder Judicial y el Estado actúen de la manera cómo lo han hecho, y preguntarse qué hay que hacer para cambiarla.

Y acá un paréntesis. Dentro del Estado ha habido algunas voces fraternas interesadas en buscar la justicia, pero que se encontraron con el tapón, elaborado con una argamasa de indiferencia y racismo, de quieren toman las decisiones que bloqueó cualquier avance. Por parte de la sociedad civil, lamentablemente la actitud ha sido similar: informes breves, asépticos para cumplir con las formas, con el rito de la apariencia, pero sin ningún compromiso. Hubo excepciones, claro, y menciono dos: la periodista Rocío Silva Santisteban, que recurrió a cuanta instancia pudo para que se conozcan los hechos y se logre la justicia; y Chirapaq que se involucró sinceramente y puso su experiencia y prestigio en la misma dirección.

¿Qué hay que hacer para cambiar una sociedad que prejuzga a una persona por lo que tiene y no por su condición de ser humano, para enfrentar y derrotar el racismo y el machismo, para permitir un acceso equilibrado de sus ciudadanos al poder, el poder de alimentarse, de vestirse, educarse, vivir en un lugar digno, tener asistencia de salud y ser escuchado por las autoridades que administran justica? ¿Qué hay que hacer para cambiar esta sociedad desde sus raíces y lograr que la gente viva con alegría y esperanza?

No hay respuestas sencillas, solo un reto grande.




martes, 9 de octubre de 2018

LUIS HERNÁNDEZ CAMARERO


Haciendo hora, para recoger a Pilar que terminaba de dar clases de piano especialidad en la Escuela de Música-PUCP, paseando por el malecón, hermosa vista, clima cambiante, verano incipiente.



De regreso caminando por las callejuelas de Chorrillos, tanta historia en las viejas casonas, tal el local que ocupa la Escuela, antiguo solar veraniego del benefactor Riva-Agüero, hete aquí que me encuentro con una esquina y el recuerdo de Luis Hernández que alguien, que como a pie de página firma, Marco Sueño, y pintó en una vieja pared chorrillana.



De eso quiere tratarse este blog, que llamo, escucha la calle, que tiene mucho que decirnos.
Decir más de Lucho Hernández, que lo que nos dice Marco ... basta uno de sus muchos poemas.

El bosque de los huesos.

Mi país no es Grecia,           
Y yo (23) no sé si deba admirar
Un pasado glorioso
Que tampoco es pasado.
Mi país es pequeño y no se extiende
Más allá del andar de un cartero en cuatro días,
Y a buen tren.
Quiza sea que ahora yo aborrezca
Lo que oteo en las tardes: mi país
Que es la plaza de toros, los museos,
Jardineros sumisos y las viejas:
Sibilinas amantes de los pobres,
Muy proclives a hablar de cardenales
(Solteros eternos que hay en Roma),
Y jaurías doradas de marocas.
Mi país es letreros de cine: gladiadores,
Las farmacias de turno y tonsurados,
Un vestirse los Sábados de fiesta
Y familias decentes, con un hijo naval.
Abatido entre Lima y La Herradura
(El rincón Hawai a diez kilómetros
De la eterna ciudad de los burdeles),
Un crepúsculo de rouge cobra banderas,
Baptisterios barrocos y carcochas.
Como al paso senil del bienamado, ahora llueve
Una fronda de estiércol y confeti:
Solitarios son los actos del poeta

Como aquellos del amor y de la muerte.





miércoles, 26 de septiembre de 2018

NOTICIA. CONVERSATORIO CON LOS COMPOSITORES DE LOS 70's

El martes 25 de setiembre asistimos al auditorio de la Sede Histórica del Conservatorio Nacional de Música, hoy Universidad Nacional de Música, para un interesantísimo conversatorio de los compositores de los setenta, convocados por el inquieto Douglas Tarnawiecki venido en rápida visita a Perú, con el deseo de reunir a los amigos de época para intercambiar experiencias sobre sus actividades y recordar tiempos pasados.
Miembros privilegiados todos al haber compartido las enseñanzas de lo mejor de la docencia musical en Perú, recordando a los maestros Enrique Iturriaga, Edgar Valcarcel, Celso Garrido Lecca, José Malsio, a Carlos Sánchez Málaga y el maestro Roberto Carpio.
Como no podía ser de otra forma la dirección de su alma mater le brindó todo el apoyo necesario logrando convocar a los ahora maduros compositores.
Fueron abordados temas tales como: Panorama general de la generación del 70, la diversidad de lenguajes en los componentes de esta generación, los estilos en el proceso composicional, la música popular y la composición, el panorama profesional musical del compositor, la informática en el proceso de composición y ser compositor en el Perú



Luego de una intensa exposición de los temas mencionados por cada uno de ellos y de algunas preguntas de los estudiantes en formación, y con el compromiso de volver a reunirse dentro de un año con concierto de sus obras incluido, la foto en pleno.




No podía faltar el café y el consabido compartir con las anécdotas de la vida académica y de todo lo vivido en los años setenta en un país que estaba en proceso de grandes cambios que todavía se sienten.






                      




sábado, 15 de septiembre de 2018

HILDEBRANDO TEJEDO MONTEZA, PATRIOTA PERUANO OLVIDADO. *


“Yo conocí a Tejedo mucho antes de que fuera militar, cuando quizá ni lo pensaba; era un muchacho como cualquier otro, en la escuelita, entre los muchachos del barrio, en los juegos de ladrones y celadores, en los partidos de fútbol al último gol... nunca pretendía ser el líder, el cabecilla o el guapo, pero, en ciertas oportunidades saltaba un detalle de su personalidad que lo hacía sobresalir entre los demás. Bécquer y Espronceda, cuya lectura era motivo de bromas de algunos de sus infantiles amigos, le daban a veces expresiones de romanticismo y repentinas explosiones de ardor e impetuosidad. Cuando alguna vez recitaba los versos de uno u otro, algunos le escuchábamos con atención, otros ni caso le hacían, pero a él le daba igual, pues parecía que sólo lo hiciera para su propia satisfacción.
Cuando murió su abuelita todo el barrio hizo el cortejo al cementerio, él estaba entre los familiares arrastrando el duelo; en el momento en que los enterradores se disponían a introducir el ataúd, de repente se le vio empinado al lado de el, sobre el banco que lo sostenía, con las manos levantadas pidiendo atención. Era el tiempo en que las plañideras, espontáneas o pagadas, hacían el coro de los lamentos, a ellas iba dirigido el ademán; fueron callando poco a poco y cuando solo se oían leves gimoteos, empezó a hablar improvisando una oración fúnebre, a la mitad de la cual ya no fueron las plañideras las que lloraban, sino la mayoría de los presentes. Así era Tejedo.


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Se marchó en busca de porvenir y casi lo había olvidado, hasta que lo vi en Leticia, luciendo los galones de subteniente al pie de los Schneider.
Seguramente cuando se dio cuenta de la desviación de las gestiones diplomáticas y de la farsa que se estaba gestando, que significaba el fracaso de nuestra campaña; sin un plan preconcebido, posiblemente para madurarlo, solicitó licencia para trasladarse a Iquitos, simulando enfermedad. El médico que lo vio lo encontró sano y se lo negó, insistió con Scavino y lo consiguió.
Ya en Iquitos hizo los contactos, con mucha precipitación, con el propósito de anticiparse a la entrega de Leticia a la Comisión Internacional, pero no lo consiguió.
El 23 de junio fue entregada Leticia y el 28, Tejedo se levantó en armas.


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La noticia del levantamiento nos llegó vaga e incompleta, pero a medida que pasaron los días fuimos enterándonos de los detalles de cómo se desarrolló, cómo no pudo tener éxito debido a la resistencia de la Base Aérea y de la Base Naval, cómo fue dominado y cómo fueron apresados los insurgentes y sometidos a una Corte Marcial.
El fracaso del levantamiento se debió a la falta de enlace con los elementos de la Marina y de la Aviación, cuya adhesión habría sido más que probable, pero que la premura no hizo posible y mas que todo a la falta de conocimiento por parte de la ciudadanía, de los motivos del pronunciamiento, lo que, posiblemente, fue causa de la indecisión para prestarle apoyo. Creyendo su mejor aliada la sorpresa, Tejedo, los clases y soldados que lo secundaron, sorprendieron a la guardia del cuartel Ramón Castila, sublevaron a clases y tropa del Batallón Mixto Nº 25, a la Batería de Artillería Nº 3, apresaron a los jefes y oficiales de ambas unidades y a los que estaban en el Casino Militar, se posesionaron del arsenal, tomaron la Oficina Radiotelegráfica y la Sub-Intendencia de Guerra y se dirigieron a la Base Aérea y Naval con el fin de poner a sus efectivos de su parte, pero se encontraron con una seria resistencia, que los jefes de ambas bases habían organizado.
Si Tejedo hubiera empleado toda la fuerza militar que había sublevado, sin duda habría tomado ambas bases, pero con gran derramamiento de sangre, pues los efectivos que las defendían eran insignificantes; la intención fue arrastrarlos a su causa y aquí es donde se hizo evidente la falta de contactos con los elementos de dichos cuerpos. Es que Tejedo, solo, había gestado la sublevación...
Es notable que pese al volumen de las tropas sublevadas al mando de Tejedo, en el enfrentamiento con las fuerzas de resistencia no hubiera más que un muerto y éste mismo, civil: Rodolfo Pérez Ruiz. Aparte de éste, fueron heridos cinco militares de la Base Aérea: el comandante Jorge Alva Saldaña, el teniente de sanidad Ángel Cuba, el sub-oficial de aviación Carlos García
Barriga, los demás fueron: un marinero de segunda, Miguel Rengifo Murrieta, un soldado de los suyos, Gregorio Tecse, y los civiles Luís Beltrán y Juan de Dios Guzmán.
Dominada la revuelta el juzgamiento no se hizo esperar; 9 días después se reunió la Corte Marcial. Fueron 23 los principales acusados: Tejedo y los subtenientes Julián Chávez Ampuero, Fabio Cuadros Falcón y Roberto Marquina Romero, cuatro sargentos primeros, ocho sargentos segundos, cinco cabos y dos soldados.
Durante el juicio, las declaraciones de los acusados, todas coincidieron en que actuaron inspirados por un ideal patriótico: protestar por la entrega de Leticia a Colombia e impulsados por el sentimiento y el ejemplo de Tejedo, cuya resolución era sacrificarlo todo, incluso la vida si era del caso, antes de ver perdida definitivamente a Leticia.
Tejedo, como cabecilla del levantamiento fue el más exigido en sus declaraciones y sobre el recayó todo el peso de los cargos que se le atribuyeron, con el evidente propósito de desfigurar la causa y el sentido del movimiento. Tendenciosamente se le acusó de haber provocado el alzamiento con intenciones separatistas, para crear un estado independiente, del que, como caudillo, asumiría el mando de gobierno; se le acusó de haber divulgado la falsa afirmación de que el Gobierno vendería nuevamente Leticia a Colombia por 2 millones de soles; respecto a su personalidad, se le atribuyó anormalidad, pésimos antecedentes, mala conducta, arrestos y prisión durante su carrera militar.
En la imposibilidad de exhibir su hoja de servicios por no encontrarse en la Comandancia de la V División, entregó su Libreta Militar de la División Superior de la Escuela Militar de Chorrillos y pidió que se diera lectura a las notas de concepto en ella contenidas, pero no fue escuchado.
En el curso de sus declaraciones sus expresiones fueron duras y mordaces refiriéndose al sistema político del gobierno y del país, muchas de las cuales fueron rechazadas y silenciadas enérgicamente por el Presidente de la Corte Marcial, el Comandante Oscar L. Torres, porque «no podía permitir en ese ambiente afirmaciones de esa naturaleza».
El Ministerio Fiscal, representado por el mayor Tomás Acha, después de describir en su acusación el levantamiento, como fruto de la perversión de sus autores, cuya trascendencia pudo tener «funestas consecuencias e incalculables proporciones en daño a la nación», acusó a Tejedo como principal instigador y responsable del movimiento, que calificó de traición a la patria y pidió le fuera aplicada la pena de muerte y para los coautores y demás participantes en el levantamiento la pena de prisión en distintos grados...
La defensa de Tejedo, asumida por el teniente de la Armada, Federico del Águila, fue débil: trató sólo de restar a la acusación las condiciones estipuladas por la ley para considerar la acción de Tejedo como traición a la Patria y de que fuera tomada solo como una simple rebelión, merecedora, cuando más, de una sanción de uno a dos años de prisión.
La defensa de los clases y soldados, a cargo del capitán Colina fue más emotiva e impresionó al público asistente. Calificó de «seudo delito» el que se les imputaba y afirmó que esa actitud fue una «explosión de patriotismo», el «reflejo del espíritu patriótico del pueblo de Loreto» y concluyó pidiendo se considerara exento de responsabilidad militar a sus defendidos.
Cuando habló el sargento primero Villafuerte, en voz emocionada afirmó que había tomado parte en el movimiento inspirado en el más puro sentimiento patriótico,
porque sintió el deber de impedir la entrega de Leticia; que había venido de la costa del país, abandonando a su madre, lo único que le quedaba de su hogar, para defender el rescate de la tierra de sus hermanos, pero que, por desgracia, no solamente ya no podía defenderla, sino que sentía el temor de que ese suelo nacional se perdiera definitivamente.


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Pero la Corte Marcial fue ciega y sorda, no fue humana ni justa; no quiso mirar ni escuchar el sentimiento patriótico herido, solo vio al soldado que debe sujetarse a las órdenes con sumisión; no pensó en el suelo patrio cercenado, sino en el honor del ejército mancillado; no alcanzó a ver la grandeza de quien lo sacrifica todo en defensa de la tierra que le vio nacer, solo sintió la vergüenza del militar que ve manchado su uniforme... y quiso ser ejemplar en su sanción, llenar de baldón a quienes nacidos en remotas regiones de la Patria, vinieron a unirse en un solo sentimiento de sacrificio en defensa de una parte olvidada de ella, con el patriotismo puro que muchos fueron incapaces de sentir y ni siquiera comprender... y los de esa Corte Marcial, ciegos y sordos, cerrando los ojos y taponándose los oídos los condenaron, para meses más tarde recibir la más afrentosa bofetada de su vida... la entrega de Leticia, por cuya defensa condenaron a verdaderos patriotas por traición a la patria...
Subteniente Hildebrando Tejedo Monteza,
Iquitos. 20 años.
Sargento 1º Luís H. Chanduví,
Chiclayo. 15 años.
Sargento 1º Francisco Torres Alvarado,
Piura. 15 años.
Sargento 1º Fidel García Revollé,
Callao. 13 años.
Sargento 1º Alberto Novoa Parodi,
Puno. 10 años.
Sargento 1º Pedro Villafuerte Girón,
Callao. 8 años.
Sargento 2º Carlos Rondón García,
Arequipa. 7 años.
Sargento 2º César Llerena Rodríguez
Arequipa. 7 años.
Sargento 2º Félix Portal Navarro,
Lima. 6 años.
Cabo Luís Montoya Molleda,
Ica. 1 año.
Soldado Modesto Espinoza Jiménez,
Tumbes. 3 años.
Soldado Julio Tovar,
Lima. 1 año.
El público que concurrió al juicio parecía no salir de su asombro y el resto de la población, muy tarde empezó a comprender el verdadero motivo de la precipitación para juzgar a los supuestos culpables de traición a la patria...
Un mes antes se había publicado el texto de los arreglos del problema internacional de Leticia, que fue firmado por los delegados del Perú y Colombia, cuyo artículo 2º establecía tácitamente que el tratado de límites de 1922, ratificado en 1928, no podía ser modificado ni afectado, salvo mutuo acuerdo de las partes y en los términos que el artículo 7º estipulaba, uno de los cuales rechazaba tajantemente el uso de la guerra o de la fuerza para resolver la controversia. Lo demás nos envolvía en dudas, con una sola conclusión positiva: nuestra causa estaba perdida; porque era infantil, por decir lo menos, pensar que Colombia estuviera de acuerdo en revisar el tratado Salomón - Lozano y en consecuencia, Leticia, vendida, cedida, o como fuera, no volvería a ser peruana.
Pero entonces, si Tejedo y los que lo acompañaron estaban defendiendo la posesión de Leticia y oponiéndose a un arreglo lesivo a los intereses de la patria, si habían convertido en acción armada el sentimiento de todo un pueblo, si habían tratado de impedir una afrenta nacional... tenían toda la razón... ¿Por qué el Fiscal los acusó de traición a la patria?... ¿Acaso Leticia, Loreto, no eran parte de la patria?... ¿Acaso protestar, rebelarse, pelear por un agravio a la patria era hacerle traición?... ¡La traición estaba en otra parte!... la mentira estaba en marcha... la nación estaba manejada por intereses subalternos y por hombres sin autoridad cívica... porque los diplomáticos seguían diciendo: «... en todo momento nuestra preocupación ha sido el mantenimiento de los derechos y la suerte de nuestros compatriotas en esa región tan cercana al corazón del Perú (¿se refería eufemísticamente a Lima... o a Loreto?)  cuya prosperidad encierra el porvenir nacional»... «el arreglo deja abiertas las puertas de la conciliación con Colombia para el acuerdo fundamental y definitivo que se desarrollará más tarde en un ambiente de paz, de buena voluntad y de confianza con nuestro objetivo de satisfacer las justas aspiraciones de Loreto»... «Deja abiertas también de par en par, las puertas de la Justicia Internacional, hacia el Tribunal más respetable que existe, ante cuyas funciones se inclinan las más grandes potencias del mundo»... «Conjuramos a todo el pueblo loretano a unirse con el resto del Perú en el nuevo programa de orden y tranquilidad y poner toda su confianza en el futuro»... «La civilización del mundo y el Derecho Internacional nos imponen seguir esa conducta para honor de nuestra Patria»... «Puede Loreto estar persuadido de que hoy en adelante nuestra visión de la grandeza peruana se vinculará a la integridad y al desarrollo de las regiones trasandinas, principalmente amazónicas, en las que se asentará el Perú rico, poderoso y feliz de las nuevas generaciones»...
Posteriormente el general Sarmiento en declaraciones a órganos periodísticos decía que los arreglos con Colombia habían sido bien recibidos en Loreto y que todo el pueblo tenía fe ciega en que el presidente Benavides llegaría a un arreglo con Colombia, honroso para el país y que la cesación de las hostilidades había sido un rotundo triunfo suyo (de Benavides). Agregaba, como anticipándose a una pregunta sobre la razón de la rebelión de Tejedo, que había sido un movimiento sin importancia ni alcances políticos, que no había tenido como motivo el arreglo con Colombia, ni había sido Leticia su símbolo, «un descabellado motín, obra de un anormal, de un individuo que ha sufrido arrestos por diversas causas y salió de la prisión para ser mandado al oriente; allí lo encontré y lo mandé al frente, pero no pudo llegar porque se enfermó en el camino»... «no encontró eco sino en dos o tres clases tan anormales como el instigador, tuvo franco rechazo y condenación severísima y absoluta, tanto en el ejército en Loreto, como en la totalidad de sus habitantes»...
Pero una carta del coronel Víctor Ramos, publicada en «El Comercio», de Lima, descorrió levemente los entretelones de una controversia intestina en el Comando de las Operaciones del Nor-oriente, algo del pus, de que nos habla Gonzáles Prada, uno de cuyos párrafos no necesita comentario: «... Usted me dice que hay que tratar sin contemplaciones a todos los ladrones, cobardes, traidores y desertores. Así debe ser, pero a TODOS, hay que agregar MUCHOS MAS; a los farsantes, a los arribistas, a los vivos. Estoy, pues, en perfecto acuerdo con Usted...»
¡Ese es nuestro Perú!”
*Pablo Carmelo Montalván. 2015. El rescate de Leticia. Novela de una frustración loretana. Editor: Pablo Fernando Montalván. 2ª Edición.


viernes, 7 de septiembre de 2018

Entrevista a Alberto Chirif. Apariencia y realidad de las políticas públicas para la protección de los PP.II.

Primera parte de la entrevista al reconocido antropólogo Alberto Chirif, investigador experto en pueblos indígenas, autor de los libros "Después del Caucho"(2017) y " Diccionario Amazónico" (2016) conversa con IDLADS sobre la problemática indígena y la crisis del Estado Peruano-








Segunda parte de la entrevista al reconocido antropólogo Alberto Chirif, investigador experto en pueblos indígenas, autor de los libros "Después del Caucho"(2017) y " Diccionario Amazónico" (2016) conversa con IDLADS sobre la problemática indígena y la crisis del Estado Peruano.